Parejas

¿Los hijos de parejas que son familia nacen malformados?

Numerosos estudios han demostrado que en los hijos de parejas que son familia hay un aumento del número de niños que nacen con malformaciones y trastornos como retraso mental y pérdida auditiva; las posibilidades son altas sobre todo cuando en esa familia existe alguna condición heredada.

Esto se explica porque el 50% de los genes que poseemos provienen de la madre y el otro 50% del padre, y se calcula que entre un 8% a 10% de estos genes están dañados o defectuosos, aunque no lo manifestemos, entonces, los individuos que pertenecen a un misma familia presentan mayor probabilidad de compartir el mismo gen defectuoso y transmitido a sus hijos. Para que estos genes defectuosos se manifiesten necesitan estar presente en partida doble, es decir, solo si ambos padres son portadores, de la alteración, y esto es lo que sucede con la unión entre familiares.

El número de casos de malformaciones congénitas en hijos de primos-hermanos es de alrededor el doble al que corresponde a los hijos de personas que no son parientes.

Los trastornos más frecuentes son los llamados “errores congénitos” del metabolismo. Estas enfermedades se caracterizan por ser graves, algunas se manifiestan con retraso mental, y otras con discapacidades.

¿Qué es la consanguinidad?

La consanguinidad se refiere a la relación de sangre que poseen dos personas. Los parientes consanguíneos son aquellos que comparten sangre por tener algún vinculo familiar en común; por otra parte, los parientes NO consanguíneos son aquellos que no presentan ningún vínculo de sangre, pero aun así son parientes por algún vínculo legal (matrimonio).

Existen tres grados de consanguinidad:

  • Primer grado: Consiste en una relación entre dos personas muy cercanas; ya sea entre padre e hijos o entre hermanos. Los parientes de primer grado comparten la mitad de sus genes comunes, por lo que el riesgo de anomalías en los hijos es de un 50%.
  • Segundo grado: Consiste en relaciones entre familiares como: tío-sobrina, tía-sobrino, primos-hermanos, o cuando los novios poseen un abuelo en común. Este grupo comparte 1/4 de los genes, por lo que el riesgo es de 5-10%.
  • Tercer grado: Cuando los novios tienen un bisabuelo en común comparten 1/8 de los genes, por lo que el riesgo es de 3-5%.

A mayor grado de parentesco mayor es el riesgo de que los hijos presenten malformaciones o trastornos.

La consanguinidad y las malformaciones congénitas son dos aspectos que se relacionan de una manera directa. Aunque NO todas las malformaciones son a causa de relaciones consanguíneas, la frecuencia aumenta considerablemente con embarazos entre parientes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define las anomalías congénitas como cualquier defecto morfológico, bioquímico o de conducta, producido en cualquier etapa de la gestación, descubierto al nacer, o después. Por lo tanto, existe una gran variedad de malformaciones.

Es importante aclarar que la consanguinidad NO quiere decir que todos los hijos van a ser deformes o retrasados mentales, sino que existe un mayor riesgo de que esto suceda.

Todos portamos genes mutados, pero nunca pensamos en la posibilidad de que la pareja escogida tenga otra copia defectuosa. Pero la probabilidad existe en cualquier ser humano.

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¿Para qué sirve el noviazgo?

el noviazgoEl noviazgo ayuda a conocernos en cuanto a carácter, sentimientos, gustos, aficiones, ideales de vida, religiosidad. Permite la formación de la voluntad, combate el egoísmo, fomenta la generosidad, confianza, honestidad, el respeto; estimula la reflexión y el sentido de responsabilidad. Con el noviazgo se puede practicar la habilidad de resolver conflictos sin el compromiso del matrimonio, provee la oportunidad de encontrar una pareja apropiada; ofrece el beneficio de llegar a ser una persona más fuerte y lograr madurar en varios aspectos, ayudándonos a ver las cosas de distintas maneras.

En muchas ocasiones pensamos que situaciones que no se han resuelto en el noviazgo, como: agresiones verbales, físicas, falta de comunicación, poca afectividad, cuidado, arreglo personal, tacañería, etcétera, no son importantes, y que se resolverán más adelante cuando estemos casados; a estas situaciones debemos prestarles atención ya que pudiesen no mejorar más adelante.

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Cuando ya estamos pensando en el matrimonio, debemos conversar y poner sobre la mesa los siguientes temas:

  • Manejo de las finanzas.
  • Religión.
  • Intimidad sexual.
  • Fidelidad.
  • Métodos de planificación familiar.
  • Proyectos individuales y comunes.
  • Toma de decisiones.
  • Participación de ambas familias en el matrimonio.
  • Manejo del tiempo libre.

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Todos estos temas deben ser revisados para que podamos conocer el punto de vista de la pareja, e ir negociando en aquellos que pudiera haber diferencias.

El noviazgo tiende a ser visto por algunos por un periodo de mucha felicidad, en donde muchas veces la atracción física y el enamoramiento existente, tiende a no dejar ver las diferencias entre uno y otro.

Debemos revisar los contextos individuales, autoestima, valores, nivel socioeconómico y cultural. Prestarle atención a las áreas que cada quien oculta, y que en el transcurso de la relación tienden a salir, y que en muchos casos no conversamos por temor a ofender a la pareja, o a destapar una caja de pandora; es mejor descubrir estas áreas antes de formalizar aún más la relación y que suceda lo que tenga que ocurrir.

Otro aspecto a observar son las familias del novio y la novia, sus dinámicas, sus formas de interactuar, ya que está comprobado que los hijos repiten, en muchos casos, las conductas de los padres. Debemos prestarle atención a los comentarios y observaciones que hagan amigos y familiares, ya que pudiesen ayudarnos en el momento de la toma de decisión.

Cuando hablamos del tiempo que debe durar el noviazgo, no debe ser tan corto que no permita trabajar los temas a revisar antes del matrimonio, pero tampoco tan largo que ocasione que la pareja entre en un periodo de aburrimiento y cansancio.

Un aspecto muy importante es que, aunque tengamos una relación de noviazgo, debemos seguir centrados en nuestra propia vida, tener nuestra individualidad, familia, amigos, pasatiempos, espacios de diversión, estudios; por mejor que nos sintamos con la pareja, debemos reservar esos espacios que son nuestros y que nos ayudan a ser mejor persona.

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Es importante tener mucho cuidado en convertir la relación en una obsesión, “sino estoy con él o ella, no soy nadie, me siento vacío/a”.

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Debemos tener cuidado con los ataques de celos, arranques de ira, respetar la individualidad de ambos, y no presionar al otro con frases como: “no te pongas tal estilo de ropa”, “la persona que anda conmigo no hace tal o cual cosa”, “no te cortes el pelo”, ya que pueden ser señales de abuso, maltrato psicológico, verbal, y hasta físico.

Otro aspecto a tener en cuenta son las diferencias de edades muy marcadas, las relaciones hombre maduro y mujer joven, proveen un sentimiento de seguridad emocional o financiera al inicio de la relación, pero con el tiempo tropiezan con varios obstáculos de incompatibilidad que en la mayoría de los casos terminan en separación.

De un buen noviazgo va a depender un buen matrimonio.

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