Moral

¿Se acabó la guerra de los sexos?

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guerra de los sexos

La guerra de los sexos, o lucha de género por el poder, es artificial, impuesta por un sistema social que convierte a hombres y mujeres en enemigos.

El sistema social fetichiza el género (el hecho de ser hombre o mujer), y lo convierte en las dos categorías básicas de la existencia… ¿No nos piden en todos los formularios de bancos o de seguros que llenemos la casilla correspondiente al sexo?

La forma en que se define y se ha definido el sexo hace que los hombres y las mujeres se deseen y, al mismo tiempo, se teman mutuamente. Recordemos cuántos hombres tienen miedo a la presión de “cumplir”. ¿Cuántas mujeres tienen miedo a no tener un orgasmo “como es debido”, durante el acto, o de no ser lo bastante bellas, o lo bastante delgadas?

Estas preocupaciones no tendrían que existir, sino fuera por una definición de sexo que enfrenta a hombres y mujeres: el pene sobresale y la vagina es interior, que los hombres estén destinados a “empujar” y a estar arriba, y las mujeres a “aceptar”, a ser más pasivas y receptivas. Una simple aceptación de un dato científico de que todos los seres humanos desean tener orgasmos, como lo prueba el hecho de que casi todos se masturban hasta alcanzarlo (unos más que otros), sin necesidad de presiones sociales que se lo indiquen, o entender la forma en que las mujeres logran el orgasmo, puede liberar a todos esas inquietudes y el miedo mutuo.

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No existe ninguna oposición real entre un ser humano masculino y un ser humano femenino. El sistema social, al negar a estos últimos su derecho a votar, a tener propiedades y a contar con dinero propio, y el sistema religioso, por haber declarado durante siglos que las mujeres no tenían alma y haberlas quemado en la hoguera con la excusa de querer “purificar” la sociedad, ha hecho que los hombres y mujeres se enfrentaran. La mayoría de los hombres se ha adherido al sistema, convencidos de que así obtenían una mejor categoría y mas derechos y privilegios.

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Si la sociedad crea “la naturaleza humana”, la buena noticia es que podemos transformar mediante nuestras acciones. El cuerpo, pese a ser importante y maravilloso, no es más que una parte de los que somos desde el punto de vista sexual; en gran parte, como decidimos usar nuestro cuerpo en la sexualidad procede de la cultura, una cultura que creamos día a día. Este análisis debería contribuir a transformar el viejo enfrentamiento en el centro de la relación entre los sexos, es decir, las relaciones sexuales.

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Fuente: Libro “Teorías sobre la sexualidad humana”, de Shere Hite.

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¿Existen valores sexuales?

Mano con manzana de oro

. El tema de los valores sexuales es uno de los más candentes en la discusión moderna de la educación sexual.

Los valores sexuales no son ajenos al mundo de los valores generales que todas y todos tenemos y en los que cada quien orienta su vida. Vivimos en un mundo plural, con distintas formas de pensar, de creer, de amar, de orientar la sexualidad y la vida sexual.

En 1997, sexólogos de diferentes partes del mundo se reunieron en Valencia, España, en su congreso mundial número trece, y éste fue uno de los temas centrales y de los cuales fue concebida lo que se denominó: la “Declaración Universal de los Derechos Sexuales”. En once puntos enmarcaron los derechos sexuales de las personas, abarcando en ellos la libertad sexual, autonomía, privacidad, igualdad, derecho al placer, la expresión sexual emocional, así como el derecho a la salud reproductiva, a tomar decisiones libres y responsables, y a la información, a la educación sexual y a la atención clínica.

Estos códigos son muy importantes, pero entiendo que son limitantes, porque reducen las conquistas a sólo los temas que aparecen enumerados en la Declaración, pero los nuevos retos y realidades, permanecen inexplorados, justamente por ser situaciones recientes.

[box type=»note» border=»full» icon=»none»]Los derechos sexuales no pueden ser heredados ni asignados por grupos, aunque tengan buenas intenciones, también pueden estar influenciados, de acuerdo con su propio mundo de creencias, opciones y preferencias sexuales.[/box]

Las personas no valen en función de sus derechos, sino que tienen derechos en razón de lo que valen, de que son seres humanos. Ya lo diferenció una vez un filósofo, al decir: “Las cosas valen pero las personas tienen dignidad”. Es en base a esa dignidad que cada quien, dentro de un marco de valores personales, familiares, sociales, construye un sistema de valores, dentro de los cuales están los sexuales, no como algo aparte de su vida, sino como expresión y manifestación de ella.

Un especialista en el tema de los valores dijo en una ocasión: “un valor es lo que vale”, o sea, a lo que usted le da valor. Se puede tener en mano un lápiz que en el mercado cueste diez pesos, pero puede ser un regalo de alguien muy querido, o pudo haber pertenecido a un familiar muy allegado y para la persona que lo tiene es invaluable, por su alto significado emocional.

[box type=»tick» border=»full» icon=»none»]Llegar a acuerdos sobre precios, montos y significaciones sólo es válido para aquello que debe ser normado socialmente para lograr comportamientos comunes. Imaginemos que se haga una ley imponiendo a todos ser homosexuales o heterosexuales. Estaríamos coartando la libertad y pisoteando la dignidad de las personas.[/box]

Los grupos de pensamiento común, como los de quienes siguen una religión, hacen propuestas de vida buena para los que quieran aceptar su fe y se comprometan a vivirla como tal, pero eso tampoco puede ser impuesto para todos, sino dejar que cada quien, sin violentar las reglas generales de la convivencia, sin dañar a terceros, pueda construir su mundo de valores sexuales enmarcados en la privacidad y el amor como elementos definitorios.

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Donde hubo fuego cenizas quedan

donde hubo fuego cenizas quedanLa sabiduría popular se expresa y refugia en el mundo de los refranes. Es un mundo de símbolos. Con una oración o dos se logra recoger el conocimiento de las experiencias vividas por muchos, generalmente de los que han vivido por más tiempo, los de más edad.

Señalar que donde hubo fuego cenizas quedan es una forma de alertar sobre el mundo de los sentimientos, las pasiones y los recuerdos. Es una forma física de explicar que después de haber un incendio quedan las cenizas como los restos de lo sucedido, y que existe la posibilidad de que este se reavive y arda nuevamente.

En las relaciones amorosas las personas se vinculan, no solo con los cuerpos, sino con sus biografías, sus historias, los lugares, las fechas y las situaciones; las personas son capaces de abrir el baúl de los recuerdos y revivir los momentos buenos vividos, no importa el tiempo que haya pasado ni con quien se esté en el momento actual, ni bajo qué condiciones (edad, gestación, paridad, estado civil) el cerebro hace una mala o buena pasada y abre el archivo de esos momentos especiales.

Aquí puede empezar el problema. Pudiéramos estar hablando de momentos buenos y bien recordados en un contexto nuevo, con una pareja nueva, casados, novios, y no es posible buscar argumentos racionales a lo que se está sintiendo en el momento.

Dice el maestro Diego Gracia que cuando nos enfrentamos a situaciones problemáticas que no tienen salidas morales posibles, nos enfrentamos a una tragedia, y esta es una de ellas. Y lo es porque los sentimientos no siempre pueden controlarse, porque estos son capaces de doblegar a la razón.

Los griegos planteaban una ética de la sexualidad donde las emociones pasen por la razón y esta las controlen, y no es que no es posible, es que es difícil. Depende del impacto que esa pareja cause en la vida del otro o la otra, del momento en que llega, si aunque el tiempo haya pasado la recuerda día por día, si la experiencia anterior tuvo raíces muy sólidas y de mucha permanencia física; cada lugar, cada contexto o evento será una ocasión para mantener las cenizas en estado vegetativo y el re-encuentro casual o provocado será lo que encenderá la llama nuevamente.

En ocasiones se provocan las situaciones de encuentro para poder mostrar al otro sus nuevas adquisiciones como: parejas, cuerpos moldeados, canas, cargos, ostentaciones, etc. Situaciones que aparentemente sirven de escenarios para conversar, para ironizar y las mayoría de las veces, para pelear o agredir discretamente.

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Dicen algunos especialistas en estos temas que mientras se mantenga el interés por saber del otro o la otra, de agredir con o sin discreción, de ostentar aun sea lo mínimo, o insistir en que “ya tu no me interesas”, “olvida el pasado”, “eso fue hace mucho”, “ya yo no estoy en eso”, “el tiempo pasó”, esos son justamente los signos del inicio de incendio, los indicadores de que se está sintiendo todo lo contrario, pero NO puede aceptarse por múltiples razones, estas señales nos indican que el sentimiento está vivo, que el amor está latente pero imposible de reactivarse. Es una negación a la realidad.

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Esto trae conflictos con la otra pareja, trae rabias internas de querer hacer lo que no se puede, y decir lo que no se quiere decir. Generalmente los involucrados creen que están haciendo muy bien su papel de negadores, pero el entorno que conoce la situación observa los sonrojos, las miradas, las intenciones, todo esto lo percibe la pareja actual y es fuente de celos, de conflictos o de expedientes guardados para mejores ocasiones.

No hay dudas que la expresión revela situaciones reales, “donde hubo fuego, amor, pasión, interés, quedan cenizas”. La parte instintiva del ser humano se revela, sale a flote, y aunque la razón indica lo que corresponde hacer dadas las circunstancias actuales, el sentimiento se impone, y al no poder expresarse como quiere lo hace de manera paradójica, es decir, opuesta, vestida de agresividad o indiferencia, pero la realidad oculta es que siempre quiere saber de la vida del otro o la otra, pensar en esa persona y decirle: “no hubo un solo día en que no pensara en ti”.

[box type=»note» border=»full» icon=»none»]Esta realidad es parte de la vida afectiva de muchas personas y cada vez es más frecuente por las libertades sexuales que va imponiendo la modernidad donde se cambia de pareja con cierta facilidad, y como consecuencia se presentan estos escenarios.[/box]

La modernidad nos va imponiendo modelos de pareja distintos y consecuencias nuevas, y esto que hemos presentado se irá imponiendo como una realidad frecuente, como nuevas fuentes de conflictos y como nuevos retos a los sentimientos de las personas.

“Fornicar” y “hacer el amor” ¿Es lo mismo? ¿Fornicar es pecado?

FornicarLa palabra fornicar proviene del latín fornice o fornix, cuyo significado se atribuía a una zona en forma de bóveda ubicada regularmente debajo de túneles o puentes; en esta zona se situaban las prostitutas, y quienes tenían sexo con ellas en esos lugares se les llamaba fornicarios, que deriva de fornicari. Cuando se habla de fornicar se quiere dar a entender una relación sexual fuera del matrimonio.

Es bueno aclarar que la persona casada que tenía relaciones sexuales fuera del matrimonio además de fornicador, se le consideraba adúltero, mientras que el soltero sólo se le consideraba fornicador.

Hacer el amor, por otro lado, supone la entrega entre dos seres humanos que comparten, además del deseo y la atracción física, una serie de sentimientos que los acerca emocionalmente. Tener relaciones sexuales define la acción de sostener el encuentro sexual, por amor o por puro deseo o atracción. Se espera que en el acto de hacer el amor exista entrega total, tanto física como emocional, es el espacio donde dos seres que se aman fluyen mágicamente al encuentro de dos cuerpos y dos sexos que se acoplan más allá de lo carnal. Es suma de nervios, latidos, ternuras, afectos que danzan en procura del éxtasis y el placer que desnuda nuestras emociones; es cuando la palabra amar tiene sentido.

Hoy día el término fornicar está en desuso o no se utiliza en el lenguaje coloquial de la mayoría de las personas, solo se utiliza en los principios y dogmas de las diferentes religiones, donde tiene un significado de pecado y es atribuido a todo acto sexual fuera del matrimonio. Si es pecado o no, depende de la religión a la que se pertenezca, de la persona y los mandatos que esa religión imponga con respecto al acto.

Celos: ¿Amor o posesión?

Autores que han escrito sobre el tema no se ponen de acuerdo sobre la normalidad de los celos. Para unos no es normal que existan en ninguna proporción, mientras que otros entienden que es necesario una pequeña dosis de ellos, y que hay que poner atención especial sobre el ser amado.

La psicología evolutiva explica que desde que los niños entran en contacto con el mundo que los rodea, donde los padres, y de manera especial la madre, se convierten en las fuentes que satisfacen las necesidades primarias como el alimento, el aseo, el cuidado, los afectos, genera que cualquier persona o evento que ellos entiendan los pueda alejar de esa fuente de protección y afecto, les produce celos.

Es una percepción de propiedad-exclusividad individualizada con cada uno de esos actores.

Con frecuencia vemos a niños impidiendo que los padres bailen, o se abracen, o se den caricias, porque estos interpretan que le están robando algo que les pertenece solo a ellos, este proceso no es enfermizo, por el contrario, participa de manera importante en la construcción de su identidad.

En la llamada etapa “fálica”, entre los tres y cinco años de edad, Freud y el psicoanálisis describen el llamado “complejo de Edipo”, que se define cuando el niño se apega a la madre con un interés sexual inconsciente y aborrece al padre, y que luego el famoso psiquiatra, Carl Jung, aplica a las niñas con el llamado “complejo de Electra”, describiéndolo como la etapa en que éstas se apegan al padre y aborrecen a la madre.

El poder interpretar estos dos procesos normales de construcción de la identidad de los niños, nos ayuda a entender el papel positivo que juegan los celos, siempre y cuando sean pasajeros.

¿Cuándo podemos decir que los celos son excesivos?

El amor que se sustenta en el concepto de propiedad privada, de posesión, que impide al otro respirar emocionalmente como persona individual, debe ser revisado. Ahí se manifiesta como enfermedad, o como lo ha llamado el famoso psicólogo francés Jacques Cardonne: “El vicio de la posesión”.

Un vicio es una deformidad de la realidad, y si alguien considera al otro como suyo, de manera viciosa, deforma el amor sobre el que debe sustentarse toda relación.

El profesor en Psicología, Joaquín Rocha, cita esta frase: “El celoso ama más, pero el que no lo es, ama mejor”; y es lógico de entender. El celoso vive el amor de manera angustiada, quiere tanto para sí mismo que termina buscándose a sí mismo, como un clon emocional de su persona, por eso no se permite no estar pendiente de los pasos, del actuar, del sentir de su pareja.

La ciencia reconoce una enfermedad que se denomina: “celotipia”, una obsesiva forma de poseer y de no desprenderse de lo poseído. Se ciega la razón, se llega a matar y a exponerse a que le maten; hierve la pasión.

La etimología de la palabra celos proviene del griego celos, y se traduce como “yo hiervo”, y ciertamente la experiencia y las consecuencias descritas muestran como “hierve” la pasión por no dejar lo que esta persona considera es de su exclusiva propiedad, y para evitarlo, empiezan las prohibiciones. “Yo no le permito que haga tal cosa”. Ello ya implica enfermedad, vicio, y si el otro u otra lo permite, pueden llegar a establecer un juego peligroso.

La traducción que relaciona la palabra celos con “yo hiervo” habla de violencia y obsesividad, es decir, de conductas repetitivas en torno a una idea fija que no se detiene, que se recrea, se aumenta en su mente y solo logra saciarse con acciones finales, como el ataque, la persecución, el espionaje de la privacidad del otro, y de quien se imagina puede ser un aliado o la causa de la infidelidad.

La persona enferma puede llegar a dejar de hacer cosas, a extorsionar, o en el peor de los casos, a utilizar a los hijos como escudos humanos para lograr la posesión perdida.

Todos estos comportamientos son indicadores de gravedad en la enfermedad, por eso es importante conocer los signos a tiempo, para no permitir que se agraven, porque una vez se manifiestan hacen un tornado, un círculo vicioso y hasta la pareja del celoso no encuentra formas de salir, o no quiere salir porque ya está infectado de la enfermedad.

Hay relaciones que se nutren de la enfermedad. Se desarrollan y sobreviven en ese lodazal emocional de celarse o de incumplirse, y puede que sientan placer al hacerlo, pero es enfermizo. Caminan sobre la pendiente resbaladiza y están propensos a aparecer en las primeras páginas de los diarios por pelearse y agredirse mutuamente.

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La historia es la misma, uno falla y pide perdón, una segunda oportunidad; la pareja ya involucrada en la obsesión perdona, da una oportunidad y la próxima vez es peor.

Existe un mito de que esto es cosa de gente pobre, sin escolaridad, pero las noticias lo desmienten al mostrarnos a profesionales, e inclusive, a especialistas de áreas afines al tema.

Es una debilidad de múltiples causas; si llegamos a una relación con problemas de autoestima o lo que nos interesa es obtener beneficios particulares ajenos al cariño o al amor, el tiempo se encarga de que todo se venga abajo, como en los terremotos, y se llevará las víctimas, que en estos casos pueden ser, además de la pareja, sus hijos, familiares y allegados.

La celotipia es una enfermedad que puede matar el amor, porque al ser uno de los dos miembros tan posesivo y desconfiado, ahoga el crecimiento de su pareja, y por ende, ésta reacciona queriéndose alejar, pero el otro, al entenderse propietario, deja actuar el instinto por encima de la razón, lo que termina desgastando la relación hasta llegar al desprecio.

El celo opera igual en ambos sexos, solo que el que tiene más poder o más validación social lo manifiesta con mayor fuerza.

¿Todos los celos son malos?

NO todos. Algunos autores dicen que hace falta tenerlos un poco para alimentar el amor. No de dudas, no de desconfianza, no de la celotipia que hemos definido, sino de la que aumenta el deseo de estar con la pareja, de agradarle, de satisfacerle, de complacerle.

Este celo se basa en el amor, en el respeto, en la confianza y el reconocimiento de la autonomía del otro, estas son las bases de crecimiento de ambos.

En alguna medida son necesarios en las parejas, entendiéndolos dentro de límites razonables, ya que operan como medidas de control que nos demuestran que estamos siendo correspondidos por el otro.

En tanto uno de los integrantes de la pareja siente que el otro ha perdido interés, no solo en el aspecto sexual, sino en el afectivo, de permitir y querer que el otro participe, recurre a mecanismos para recuperar ese espacio perdido. Ello alimenta el amor, la pasión y el diálogo; pero cuando la persona recurre a la dinámica de “hervir”, y su manera de recuperar ese espacio se torna obsesiva, aparecen los celos enfermizos.

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La prensa con frecuencia denuncia como personas, en su mayoría hombres, atacan a su pareja porque esta terminó la relación que sostenían. Es un ataque de celos irracional, de negación a la pérdida o al despido, porque se entiende al otro como propiedad y el amor se vive de manera obsesiva, de atención y seguimiento, de irrespeto a la individualidad del otro.

¿Existe un perfil de la persona celosa?

No podemos decir que hayan personas celosas por genética o desde el nacimiento, lo que sí sabemos es que hay personas con historias personales que le han hecho desconfiar de otros, que han sido engañados, que no han tenido una construcción emocional equilibrada en su niñez o en su experiencia amorosa, y van generando poco a poco, una enfermedad que busca conservar lo conseguido al precio que sea.

Lo importante es identificar en una pareja los síntomas y signos de estos eventos, para poder diferenciar cuándo son normales, o cuando van avanzando hacia la enfermedad, para obtener ayuda o cortar en el momento oportuno.

Hay situaciones en que personas que provienen de historias parecidas o complementarias, se buscan por atracción natural. Son personas que han vivido situaciones de engaños y desconfianzas, y buscan cobrar en el otro, que nada tiene que ver con esa historia personal, lo sufrido en otras relaciones y crean otras de odio-amor, basado en un control excesivo del otro.

Aquí la libertad se pierde, se viola, se corrompe y en muchos casos esto resulta en la violencia que hemos señalado, verbal, física, sexual, incluyendo a los hijos en el proceso y rompiendo la dinámica familiar. En estos casos la relación no se rompe y se adecua a vivir en la anormalidad y los celos pasan a ser un arma de confrontación.

Ante el mundo externo se desconoce esa dinámica porque, generalmente, la persona se presenta equilibrada y amorosa, y no demuestra la versión agresiva.

Estas parejas aprendieron a vivir en la enfermedad, y así pueden convivir por muchos años, llegando a extremos peligrosos de querer hacer al otro consciente de infidelidades y engaños de distintos tipos. La regla de oro será saber cuándo aparece una señal de alerta en una relación que se va enfermando y buscar ayuda profesional.

Debemos aprender a reconocer cuándo a la relación le hace falta un poco del “celo bueno”, del que condimenta una dinámica amorosa y ayuda a que el otro vuelva la mirada hacia nosotros con ánimos de continuar identificándonos como personas, y como individuos libres.

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Eso es ser pareja; dos que se hacen uno sin dejar de ser cada cual. La confianza y la autonomía son las bases del amor. Desde la mitología griega hay una frase irrebatible, “el amor no vive donde vive la desconfianza”.

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¿El término “virgen” también se utiliza para los varones?

Manzana azulNO es lo común. El término virgen se utiliza para referirse a aquella persona que no ha tenido relaciones sexuales, que conserva su castidad. Es poco utilizado para referirse al joven u hombre que no ha tenido coito. A menudo se utiliza la frase “aún no se ha estrenado” como señal de que todavía no ha tenido relaciones sexuales. La primera experiencia sexual en varones ocurre en la adolescencia o en la temprana juventud. No hay estudios estadísticos que lo avalen, sin embargo, el imaginario social afirma que pocos hombres llegan al matrimonio sin experimentar relaciones sexuales.

El inicio de la vida sexual en República Dominicana tanto en hombres como en mujeres es cada vez más temprana, los datos son alarmantes a mayor nivel de pobreza. Como evidencia nos referimos al estudio: «Encuesta sobre conocimiento, actitudes y prácticas sobre salud sexual y VIH/SIDA en niños, niñas y adolescentes en Dajabón y Ouanaminthe (comunidad haitiana)», el 27,8% de los entrevistados admitió que tuvo relaciones antes de los 10 años y un 10,7% inició su vida sexual a partir de los 17 años. Encuesta publicada por el Servicio Jesuita a refugiados y migrantes.

Como referencia hallamos que el 20% de las adolescentes dominicanas inician su actividad sexual a los 12 ó 13 años. Los diferentes estudios estadísticos revelan las alarmantes cifras de embarazo en adolescentes, desde un 20% a un 30% en todo el territorio nacional. Un estudio auspiciado por Omnicom Media Group Dominicana en noviembre del 2009, muestra que el 51% de los hombres tuvo relaciones antes de los 18 años, cifras que nos podrían dar una idea del inicio de la vida sexual en los hombres.

Los más influenciados por las religiones o por el miedo a infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden posponer el inicio de su vida sexual hasta el matrimonio o hasta tener una pareja segura.

La falta de información, por ejemplo, cómo funciona el cuerpo y genitales del hombre y la mujer, es una fuente de inseguridad que influye en el inicio de las relaciones sexuales.

Como factor negativo que pone en tela de juicio la falta de inversión en educación y salud sexual y reproductiva, los medios de comunicación y la música incitan a una sexualidad basada en la penetración. El 70% de los programas de televisión que ven los jóvenes muestran alguna forma de contenido sexual, “realmente predominante en campañas publicitarias”, afirmó el presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), José Rafael Vargas.

La poca educación sexual que ofrecen nuestras escuelas está basada en el miedo y la culpa, temor a un embarazo no deseado o una infección de transmisión sexual. La educación es vista como una represión y fomenta los mitos y tabúes, lo que ocasiona un sinnúmero de trastornos como: la eyaculación precoz, anorgasmia, vaginismo, infecciones vaginales y cistitis, entre otras.

¿Cómo podemos diferenciar la “morbosidad” del “interés sexual”?

Látigo negroEstar interesados por el sexo es algo común en todo ser humano; desde el nacimiento hasta la muerte somos seres sexuales. Como bien señaló el magistral sociólogo y profesor Edward O. Laumann: “La salud sexual constituye una parte muy importante de la calidad de vida”.

Tener interés sexual representa tener un sinnúmero de comportamientos internos que corresponden a la satisfacción de la necesidad y del deseo sexual. Desde niños, cuando empezamos a percibir el mundo, iniciamos nuestro aprendizaje conociendo nuestro cuerpo; comenzamos a curiosear estableciendo cuáles son las diferencias en el cuerpo de mamá y papá. Luego, al llegar a la adolescencia, afloran más cuestionamientos y despierta el interés sexual con mayor sensibilidad hacia el otro sexo, así como el deseo de vivir nuevas sensaciones físicas y afectivas. El interés es mucho mayor por la sexualidad, llegando finalmente a la adultez, donde podemos experimentar una vida sexual plena de deleite y disfrute.

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Todo lo señalado anteriormente es lo normal y adecuado. Lo anormal ocurre cuando las personas se “enfocan” en lo morboso para poder tener una reacción o desenvolvimiento sexual de cualquier tipo, sintiéndose atraídos constantemente por lo desagradable, lo cruel o lo prohibido.

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Este comportamiento se va desarrollando partiendo de una sexualidad inadecuada, que viene desde la adolescencia, cuando ese joven o esa joven no encuentran una persona de autoridad y dirección que le pueda aclarar las dudas, preguntas e incertidumbres que le surgen en esa etapa de su desarrollo psicosexual, pasando entonces, gran parte de las veces, a situarse en posiciones un tanto disfuncionales mentalmente. Estas personas distorsionan lo que es el interés sexual sano y lo traspasan al plano morboso, enfocándose solamente en lo prohibido, lo difícil y lo sexy.

Es importante entender que se debe vivir una sexualidad sana, sin llegar a extralimitarse en aspectos, situaciones o circunstancias desagradables que no sean aptas ni convenientes para uno mismo y para los demás. Debemos determinar cuándo estamos traspasando los límites culturales, morales y sociales, y darnos cuenta que lo hemos cruzado al margen de la salud emocional y sexual.

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