De mujeres

Desarrollo de temas a modo de preguntas y respuestas que se hacen las mujeres.

¿Las pastillas anticonceptivas disminuyen el deseo sexual?

pastillas anticonceptivasLas pastillas anticonceptivas constituyen un método de planificación casi perfecto, son una de las formas más utilizadas en todo el mundo, tanto por su seguridad, por su nobleza y su comodidad, como por su facilidad de control.

Todas las pacientes cuando se dirigen al ginecólogo a solicitar pastillas anticonceptivas, exigen que dicho medicamento no les haga aumentar de peso, además hacen preguntas sobre los aspectos que suelen mejorar el uso de este método de planificación. De hecho, la mayoría de ellas regresan a consulta felices por los cambios y logros que obtienen de su uso.

El ginecólogo, al entrevistar a la paciente, percibe un detalle; del 30 al 40% de dichas mujeres presentan disminución o inapetencia sexual. Para explicar por qué se da esta disminución debemos aclarar que la respuesta sexual, tanto en hombres como en mujeres, depende de una hormona, «la testosterona». Esta hormona, aunque se considera como un andrógeno u hormona masculina, se encuentra también en las mujeres; la producen los ovarios y las glándulas suprarrenales, y juega un papel categórico en el deseo sexual y en las relaciones sexuales.

Sin embargo, aunque la testosterona necesita estar presente en las mujeres, su aumento produce signos y síntomas que en su mayoría no son agradables, como aumento del vello corporal, calvicie, aumento de la grasa en la piel, aumento de peso, acné, amenorrea (ausencia del período menstrual) entre muchos otros.

La necesidad de mejorar las manifestaciones producidas por los andrógenos ha hecho que los anticonceptivos de mayor venta en la actualidad disminuyan de forma importante la concentración de dicha hormona, lo que causa una alteración en la conducta sexual de las pacientes, no muy drástica y silenciosa. Cuando una mujer toma la píldora, la producción de andrógenos en los ovarios se inhibe y la producción de una proteína llamada globulina aumenta. Esta combinación disminuye los niveles circulantes de testosterona, lo que provoca la disminución del deseo.

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Pero entonces… ¿Cuál sería la respuesta de las pacientes que desean planificarse? ¿Utilizar métodos de barrera? ¿Utilizar un método no hormonal?

NO, actualmente si recibimos una paciente en consulta que presente esta queja, la responsabilidad del especialista es cambiar de combinación anticonceptiva, hasta encontrar la fórmula ideal para la paciente, consiguiendo así beneficios antiandrogénicos y psicosexuales. Cada paciente reaccionará a las tantas combinaciones de forma diferente, por lo tanto, esta no es una cuestión para alarmarse, sino para tomarla en consideración a la hora de ordenar un medicamento anticonceptivo.

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Siempre y cuando el especialista realice una buena depuración de las características de la paciente, encontrará una fórmula ideal, y obtendrá en lo adelante una respuesta positiva.

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¿Cuántos días se considera un retraso del periodo menstrual?

El ciclo o período menstrual se entiende como el tiempo comprendido entre el día que se produce un manchado o sangrado transvaginal y los días en que vuelve a aparecer al siguiente mes. En promedio se ha establecido que es de 28 días. Sin embargo, se considera normal siempre que se presente entre 25 y 32 días.

Al inicio de un periodo menstrual ocurre la llamada menstruación, la que se define como: «proceso fisiológico de aparición periódica y regular» y se caracteriza por un sangrado transvaginal que marca la descamación hemorrágica del endometrio, con su posterior expulsión al exterior a través de la vagina.

Una de las situaciones que más estrés genera a las mujeres tiene que ver con el retraso menstrual, ya que la mayoría de las veces se asocia a la posibilidad de un embarazo.

Otra situación que se debe tomar en cuenta es cuando se ha tenido una relación sexual sin protección y se sospecha que pudiera ocurrir. Ante esta posibilidad se podría esperar una semana de retraso y luego de este tiempo procedería realizar una prueba cuantitativa de embarazo. Este tipo de prueba es bastante sensible y nos haría el diagnóstico de embarazo con apenas una semana de retraso.

Es importante resaltar que cada organismo es distinto y que los retrasos pueden suceder por varias razones, generalmente por estrés, nervios, o ansiedad; en estos casos el sangrado llega en el momento en que los nervios, la ansiedad o el estrés se quita, pero también hay que tener en cuenta otros factores como la alimentación; si la mujer no se alimenta adecuadamente su periodo se ve afectado a falta de nutrientes (esto pasa mucho con las personas que tienen trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia.

Muchas veces la ansiedad y el estrés que le produce a la mujer y a su pareja el sólo pensar que pueda estar embarazada le puede afectar en la llegada del sangrado, cada persona asume el estrés de una forma distinta y en distintas magnitudes, si se detecta que es esto, entonces depende de ella que su organismo funcione bien otra vez. En el caso de trastornos alimenticios la solución simplemente sería comer bien para adquirir los nutrientes que el cuerpo necesita.

Otra cosa que debemos tomar en cuenta es saber si los ciclos son regulares o irregulares; si son ciclos regulares el sangrado siempre vendrá cada 28 días (a la mayoría le llega su período en este plazo, pero también se dan casos que los tienen cada 24 o cada 30 días, aunque siempre en esos días precisos), claro, se tiene un margen de uno o dos días antes o después.

Si los ciclos son irregulares quiere decir que el sangrado se presenta en días distintos; por ejemplo, en un ciclo fue a los 30 días, en el otro a los 20 días y en otro a los 27 días, de esta manera no se puede hablar de un retraso, ya que los ciclos menstruales por sí mismos no están regulados; en este caso lo mejor es acudir al ginecólogo para que él los trate de regularizar.

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¿Cuándo se tiene mayor posibilidad de quedar embarazada antes o después de la menstruación?

Himen: ¿El gran premio?

El himen es una ligera membrana que cubre el orificio de entrada a la vagina. Al principio, durante el desarrollo fetal, no hay una apertura vaginal. La delgada capa que cubre la vagina se abre parcialmente antes del nacimiento.

Se le atribuye ser una barrera para proteger en la niñez de las infecciones. Socialmente, se le ha dado al himen una preponderancia vinculada a una relación de entrega a un compañero, llegando a convertirse en un símbolo de propiedad arropado de una carga machista de dimensiones insospechadas.

En la antigüedad las tribus nómadas tenían como requisito que las mujeres conservaran su virginidad hasta el matrimonio, como prueba de ello, debían mostrar las sábanas manchadas de sangre al día siguiente de la primera noche de luna de miel. De no demostrar esto eran arrojadas y apedreadas y como “el que hizo la ley hizo la trampa”, muchas que no eran vírgenes manchaban la sábana con sangre de cordero.

La visión religiosa católica también, al imponer el matrimonio como sacramento, resaltó la virginidad como virtud de entrega plena al marido.

Socialmente se fue institucionalizando la virginidad, “ser señorita” y guardar “su reputación” en dos centímetros de un tejido que a veces no está presente en el momento del nacimiento o que se puede perder en determinados accidentes que se produzcan en la vida de la mujer.

Ambas visiones llevan a premiar al hombre con la “inauguración” de la vía vaginal que está sellada por una membrana con un pequeño orificio en el centro, el cual bajo presión del pene o los dedos se desgarra como quien da un puñetazo en una hoja de papel gigante. Esto no se rompe y desaparece o se esfuma, más bien se desgarra y deja colgajos que pueden luego repararse por vía quirúrgica y reconstruirlo en una cirugía llamada himenoplastia.

Es “una garantía” para los hombres de que es la primera relación de su pareja y que él es el primero en tenerla como propiedad. Se entiende como un premio de exclusividad, pero nadie cuestiona si es la primera relación del hombre ya que la sociedad promueve al hombre como poseedor de la mujer como propiedad y ésta como objeto de sumisión.

Este tema tratado antes como mito con matices jocosos tiene una gran importancia por las implicaciones sociales que subyacen en lo que antes creíamos era solo un dato “cultural” que se expresa en ese acto pero que trasciende a toda la relación de pareja.

Las tradiciones religiosas desde el imperio Inca tomaban en cuenta este tema asumiendo los hombres del sector social más bajo que el hecho de haber perdido el himen en una relación sexual hacía que las mujeres fueran consideradas como deseadas, mientras que en los sectores altos por el contrario la virginidad residente en el himen era algo considerado primordial.

En la cultura africana se realiza la infibulación que es una técnica mediante la cual se corta (ablación) el clítoris, es decir lo eliminan y cierran la entrada de la vagina con una costura que solo deja un orificio para la salida de la orina y la menstruación. Esto se hace entre los 2 y 8 años y cuando llegan al matrimonio lo reabren con un cuchillo. Es un rito socio-religioso, con implicaciones culturales, machistas y cruentas.

La idea es preservar su virginidad e himen para que en el matrimonio su marido lo disfrute.

Sobre estas bases se desarrollan distintas experiencias en la historia, con distintas expresiones pero con una misma subyacencia: El himen, su desgarro es un premio al hombre de que está inaugurando una vía y a su vez reafirmando el concepto de propiedad y la exclusividad de su pareja en esta primera relación aunque nunca más vuelvan a tener un contacto sexual.

En sociedades como la nuestra no tenemos el dramatismo ritual de los nómadas o de los africanos, sin embargo tenemos el mismo sustrato cultural machista que convierte en objeto a la compañera sexual, que puede sustituir el vínculo de amor en la relación de placer y que cosifica a la mujer.

Tanto ha calado esta tradición y esta percepción que las propias mujeres han puesto en boga el tema de la himenoplastia o reconstrucción del himen, para revalorizar su sexualidad ante la sociedad y los compañeros como si su honor y valor descansara en este tejido.

Si esta visión está presente en las relaciones sexuales podrá obtenerse mayor o mejor calidad en el placer, pero si lo está en una vida de pareja, seguramente traerá asociada estas ataduras conceptuales que podrían, a la larga o la corta, atentar contra un desarrollo armónico tanto de la vida sexual como el cotidiano de la relación.

Considerar el himen como premio es atentar contra la dignidad misma de la mujer.

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Cuando a una mujer le extraen el útero o los ovarios… ¿Le disminuye el deseo sexual?

Medidor de combustibleLa respuesta a esto lo dará cuál o cuáles órganos se extraigan.

Antes hay que explicar que el útero es un órgano muscular cuyas funciones son evacuar el sangrado menstrual cada mes y anidar y parir los embarazos. No se ha demostrado ninguna función hormonal en este órgano; por esta razón no hay una explicación que afirme que al extraerle el útero a una mujer le disminuye su deseo sexual.

En caso de que se remueva solo el útero, la cirugía o el proceso quirúrgico recibe el nombre de “vaciado” o “histerectomía”. En el pasado, era rutina realizar esta operación, y a la vez, extraer también los ovarios como medida de prevención de posibles enfermedades como el cáncer de ovario.

Se cambió de postura en el mismo momento en que se aprendió la importancia de los ovarios, ya que al liberar sus hormonas (estrógeno y progesterona) tienen diversas e incontables funciones en el organismo femenino que inciden directamente sobre la sexualidad, la piel, el sistema cardiovascular y los huesos.

[box type=»tick» border=»full» icon=»none»]Por su importancia en el organismo femenino, hoy los ovarios se preservan hasta que bioquímicamente se demuestre que ya cesaron sus funciones liberadoras de hormonas, lo que equivale a una menopausia endocrina u hormonal.[/box]

Lo que sí debe hacerse antes de realizar la histerectomía, es abordar previamente la vida sexual de la pareja, conocerla, y evaluar su calidad y así poder corregir o mediar ante algunas dificultades preexistentes, que posteriormente pudieran adjudicársele a la operación.

Si el procedimiento involucra la remoción de los ovarios durante el período fértil de la mujer (antes de los 45 ó 50 años) la sexualidad muy probablemente va a ser afectada.

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