¿Cuál es el límite entre fantasía y perversión?

Foto de unas esposasMuchas personas tienen temor a expresar que constantemente tienen fantasías; esto ocurre más bien porque han habido informaciones erróneas considerando que quien fantasea, y más si es “sexualmente”, es un enfermo cuando es todo lo contrario.

Las fantasías son producto de la imaginación que todos somos capaces de crear. Todo el mundo, en mayor o en menor medida, vivencia imágenes y pensamientos sobre temas sexuales los cuales nos llevan a sensaciones muy placenteras. Con las fantasías no tenemos “límites”, la creatividad se desborda pudiendo caer entonces en terrenos prohibidos y donde todo es posible.

Mirémoslo desde esta perspectiva: “las fantasías son nuestros deseos en una secuencia de imágenes las cuales podemos repetir una y otra vez”. Cuando fantaseamos hacemos todo lo que no nos atrevemos o no queremos hacer.

Si fantaseamos no quiere decir que estamos enfermos sino, más bien, que tenemos una sexualidad sana con la cual podemos conectarnos tan bien con nuestro interior (sensaciones y emociones) que podemos prefabricar cosas y hasta compartirlas con nuestra pareja.

Ahora, desde el momento en el cual queremos llevar a la realidad una fantasía que vaya a trastornar nuestro comportamiento y nuestra vida cotidiana así como la de los demás, esto sí formaría parte de lo denominado perversión, la cual es una desviación del instinto sexual representando esto, interminables dificultades.

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[box type=»note» border=»full» icon=»none»]En la actualidad, cuando nos referimos a este concepto, se utiliza el término de “parafilias” ya que el de “perversión” está desechado según los psiquiatras y sicólogos modernos.[/box]

La perversión o parafilia concierne al objeto sexual: «La pareja sexual elegida puede ser un individuo muy joven o muy viejo y hasta un cadáver». El objeto sexual puede ser un animal, ropa, zapatos y objetos del otro sexo, la persona perversa puede también usar o colocarse estas vestimentas. La práctica sexual puede pervertirse de varias maneras: mostrando los genitales, buscando el sufrimiento de la pareja, erotizando el propio sufrimiento, participando con un tercero o más en el acto sexual, con la mezcla de la orina y las heces, entre otras cosas.

Considero que todo lo que hacemos en su justa medida, es adecuado, como señala Ray Bradbury: “hay que inyectarse todos los días con fantasías para no morir de realidad”.

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