Un mundo lleno de poses

Estamos viviendo en los tiempos del apogeo de la pose, de expresar y alinearse de acuerdo con lo que está de moda, aunque la idea o su absurda aplicación choque estrepitosamente con nuestras convicciones y reflexiones más profundas.

Ahora la moda es lo “políticamente correcto” y la consonancia con ciertas corrientes que, de manera casi tiránica, nos han impuesto los medios de comunicación amplificados muchas veces por las redes sociales y alentados por la acostumbrada demagogia de los dirigentes políticos.

Hay que estar “equipado” de una especial valentía para exponer cualquier opinión que contradiga, cuestione o critique, aun sutilmente, cualquiera de los “infalibles postulados” en moda hoy día, como si se tratase de un dogma de fe que no admite argumento en contrario, postura típica de las religiones.

Lo penoso es que la mayoría de las veces se trata de ideas revolucionarias que comparten en sus génesis una causa noble, cuya esencia, lamentablemente, se ve malograda por las exageraciones propias de los fanáticos y mentecatos que se autoproclaman, excluyentemente, como abanderados del progreso y de la evolución hacia una sociedad más justa.

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Por solo citar algunos ejemplos:

  • Feminismo: abandonando la tarea fundamental y trascendental de procurar la igualdad entre mujeres y hombres, de aplicar un rasero que nos categorice a todos como simples seres humanos, se concentran en colocar al humano varón como un enemigo a batir (feminazismo) y a inventar la mayor cantidad de giros lingüísticos estúpidos, como el famoso “todos y todas”, que hasta la misma Real Academia de la Lengua ha tenido que intervenir para atajar semejante disparate.
  • Animalistas: quien suscribe lo práctica en su versión sensata y siempre bajo la condición innegociable de que no se pretenda en ningún caso posicionar al animal por encima del ser humano, pues por ahí no trago; en la prensa hemos llegado a ver verdaderos enajenados mentales como aquella joven española que le deseo la muerte acelerada a un niño enfermo terminal, porque le hacía ilusión asistir a una corrida de toros.
  • Xenofobia: aquí arriesgo mi pellejo expresándome al respecto, si usted, como yo, piensa que un país tiene el derecho de imponer su soberanía, regular quien puede entrar a su territorio y quien no, sepa que se expone a una crucifixión social sin apelación, claro está que la mayoría de los que defienden con desenfrenada vehemencia la idea de “un mundo sin fronteras” tienen su carta personal de “preferencias fronterizas”, siempre dependiendo de si su rol es de invasor o de invadido.
  • Vegetarianismo: si bien es cierto que todo apunta a que la evolución del ser humano conllevará al abandono del sacrificio de animales para comer su carne, se trata de una cuestión que devendrá a muy largo plazo, pues el propio organismo humano necesita de un proceso evolutivo para adaptar sus requerimientos nutricionales, quizás estemos hablando de miles de años, mientras tanto para estos desvitaminados Jack El Destripador es un “niño de tetas” comparado con usted y conmigo que de vez en cuando tenemos el “instinto asesino” de comernos un chuletón.
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Como simple mortal, no pienso dejar de hacer uso de mi libertad intelectual para exponer mis puntos de vistas, aunque eso implique perder el “prestigio” que otorgan las poses en el mundo de hoy.

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