¿Se acabó la guerra de los sexos?

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guerra de los sexos

La guerra de los sexos, o lucha de género por el poder, es artificial, impuesta por un sistema social que convierte a hombres y mujeres en enemigos.

El sistema social fetichiza el género (el hecho de ser hombre o mujer), y lo convierte en las dos categorías básicas de la existencia… ¿No nos piden en todos los formularios de bancos o de seguros que llenemos la casilla correspondiente al sexo?

La forma en que se define y se ha definido el sexo hace que los hombres y las mujeres se deseen y, al mismo tiempo, se teman mutuamente. Recordemos cuántos hombres tienen miedo a la presión de “cumplir”. ¿Cuántas mujeres tienen miedo a no tener un orgasmo “como es debido”, durante el acto, o de no ser lo bastante bellas, o lo bastante delgadas?

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Estas preocupaciones no tendrían que existir, sino fuera por una definición de sexo que enfrenta a hombres y mujeres: el pene sobresale y la vagina es interior, que los hombres estén destinados a “empujar” y a estar arriba, y las mujeres a “aceptar”, a ser más pasivas y receptivas. Una simple aceptación de un dato científico de que todos los seres humanos desean tener orgasmos, como lo prueba el hecho de que casi todos se masturban hasta alcanzarlo (unos más que otros), sin necesidad de presiones sociales que se lo indiquen, o entender la forma en que las mujeres logran el orgasmo, puede liberar a todos esas inquietudes y el miedo mutuo.

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No existe ninguna oposición real entre un ser humano masculino y un ser humano femenino. El sistema social, al negar a estos últimos su derecho a votar, a tener propiedades y a contar con dinero propio, y el sistema religioso, por haber declarado durante siglos que las mujeres no tenían alma y haberlas quemado en la hoguera con la excusa de querer “purificar” la sociedad, ha hecho que los hombres y mujeres se enfrentaran. La mayoría de los hombres se ha adherido al sistema, convencidos de que así obtenían una mejor categoría y mas derechos y privilegios.

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Si la sociedad crea “la naturaleza humana”, la buena noticia es que podemos transformar mediante nuestras acciones. El cuerpo, pese a ser importante y maravilloso, no es más que una parte de los que somos desde el punto de vista sexual; en gran parte, como decidimos usar nuestro cuerpo en la sexualidad procede de la cultura, una cultura que creamos día a día. Este análisis debería contribuir a transformar el viejo enfrentamiento en el centro de la relación entre los sexos, es decir, las relaciones sexuales.

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Fuente: Libro “Teorías sobre la sexualidad humana”, de Shere Hite.

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