Placer, culpa y etiquetas

culpaDesde muy temprana edad, somos influenciados por fuerzas externas. La familia, los amigos y amigas y hasta los desconocidos se vuelven factores determinantes en los gustos que desarrollamos. Algunos tenemos la dicha de crecer en un ambiente positivo, con padres que nos dejan expresarnos y ser quienes somos, sin juzgarnos ni encasillarnos. Sin embargo, la realidad es que estamos acostumbrados a avergonzarnos de nuestros gustos y preferencias.

Esto puede ser tan simple y sencillo como NO comentar sobre una película o artista que disfrutas, o situaciones de mayor peso como la elección de una profesión, una pareja, un trabajo. Somos esclavos del “¿qué dirán?”. Perseguimos una aprobación de masas que nunca obtendremos, porque siempre existirá quien objetará a nuestros argumentos.

Las mujeres vivimos siendo examinadas por la sociedad, desde la forma que nos vemos hasta cada decisión que tomamos. Si vemos novelas, somos vagas. Si nos gusta una película romántica, somos cursis. Si gastamos mucho dinero en ropa, somos superficiales. Cada preferencia o acción irá acompañada de un estereotipo en el cual seremos encasilladas.

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Aunque vivimos en una sociedad más permisiva con el género masculino, los hombres NO están libres de ser juzgados. Ellos también enfrentan a sus propias situaciones, en las que no se sienten libres de expresarse por miedo a lo que pensarán los demás.

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El punto es que nos hemos acostumbrado a tratar muchos de nuestros gustos como placeres culposos que deben ocultarse. A simple vista, parece que esto no tiene mucha importancia, pero esta supresión es la que nos va condicionando a vivir en la oscuridad.

¿Qué importa que una mujer adulta aún disfrute los libros para adolescentes? ¿Qué importa que prefieras la música pop en lugar del rock? Mientras no estemos hiriendo a nadie con nuestras preferencias, NO hay nada que juzgar. Cada quien debe sentirse en libertad de expresar sus gustos, sin miedo a ser tachado por una u otra razón.

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Suena idealista, ¿cierto? Pues entonces debemos repetirlo y practicarlo hasta que se vuelva normalidad.

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2 comentarios en “Placer, culpa y etiquetas”

  1. Me sentí bastante identificada con este artículo porque me he encontrado en situaciones como esa, donde no soy capaz de expresar mis gusto no solo por el qué dirán, sino por temor a ser encasillada en algo que quizá sí soy, o quizá no, pero que definitivamente no se puede determinar porque me guste tal o cual cosa, como decir que soy vaga porque disfruto una buena novela.

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