¿Por qué no es malo que los niños se aburran?

Sí, así es… ¡No es malo que los niños se aburran! Y es que contrario a lo que muchos piensan, el aburrimiento trae consigo numerosos beneficios para el desarrollo físico y cerebral de los niños.

Actualmente, son comunes los escenarios de niños que son sobreestimulados, a quienes los padres (con buenas intenciones) les llenan su “agenda diaria” con mil y una actividades, porque les aterra la idea de que sus hijos no tengan nada que hacer o que puedan aburrirse. Sienten que son los responsables de que sus hijos se ocupen, porque si estos se aburren significa que están fallando o que algo no anda bien.

Pero la pregunta es ¿Qué tanto necesitan ellos?

Expertos en psicología, educación y psicodepagogía concuerdan en el hecho de que la sobreestimulacion podría ser frustrante para el niño y para su proceso de aprendizaje, ya que recargar tanto sus días no les deja tiempo para ser ellos mismos, para descubrir y explorar por sí solos.

“Los niños de hoy reciben tantas, tantas instrucciones todo el tiempo, que cuando se les pide elegir o tomar una decisión, no lo logran” (Carolina García, educadora y psicóloga educativa).

La sobreestimulación no se refiere al hecho de estimular al niño adecuadamente al conocimiento, sino al error de cargarlo y sobresaturarlo hasta tal punto que se vuelve un simple receptor y repetidor, y no un niño activo que conoce por sí mismo y que investiga.

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Un niño sobreestimulado es aquel que se expone a una estimulación excesiva e intensa, por lo que de alguna forma no logra centrar su atención. El peligro está en que si no recibe esta “sobrecarga o impulso”, sencillamente no actúa, no se mueve.

¿Cómo saber si sobreestimulo a mi hijo?

Existen algunas señales que pueden ayudar a identificar si su hijo está siendo sobreestimulado:

  • Se le obliga a permanecer largo tiempo en una misma actividad.
  • No se le permite dormir o descansar cuando él lo desea o necesita.
  • Se le obliga a hacer actividades para las que no está preparado (como gatear o caminar).
  • Si no hace lo que se espera, se le grita o se le maltrata.
  • Se le obliga a permanecer largos períodos frente al televisor, con el propósito de que aprenda.
  • Se le expone a actividades que “estimulan su desarrollo” de una manera excesiva.

Es sencillo, cuando el niño no tiene tiempo de ser niño, está siendo sobreestimulado. Cuando él no puede vivir a plenitud sus etapas y es forzado a vivir otras, se le está sobreestimulando.

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Entonces… ¿Por qué es bueno que los niños se aburran?

Porque cuando se les sobreestimula, se maltrata su ser explorador, su esencia, su personalidad. Se pretende llevarlos a un ritmo tan acelerado y agotador, que se termina por descargar sus cerebros, haciéndolos actuar monótonos y no con el espíritu activo y curioso que deberían tener.

Sin embargo, cuando se les permite ser niños, ellos se preocupan por hacer algo, por inventar, por crear, por curiosear… Y eso es lo que caracteriza la niñez. Se preocupan por conocer por sí mismos, por definir el porqué de las cosas, por entender el mundo.

De acuerdo a la psicóloga infantojuvenil y docente del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) Carme Crespo, “si los niños están aburridos, deberán utilizar sus propios recursos para que eso no ocurra, y ahí entra en juego la creatividad, porque el aburrimiento es la antesala de la creatividad.

Todo esto hará que sean más flexibles cognitivamente, más tolerantes, más creativos, y por tanto más resolutivos”.

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Dicen por ahí que “cuando hay silencio en la casa es porque algo están tramando/inventando los niños”. Y aunque muchas veces estos episodios se traducen en paredes rayadas, artes en la cama u otros, la realidad es que tras cada uno de estos se esconde un niño que intenta ser feliz, que hace algo que cree cambiará el mundo, que quiere hacer las cosas por sí mismo. Por lo tanto, lo recomendable aquí sería supervisar sus actividades, prevenir los peligros pero no estancar sus ideas.

Los niños tienen derecho a aburrirse; deben tener la capacidad de superar su aburrimiento.

Claro está, esto no indica que no se les incite a aprender, que no se les ponga en clases de música, que no se les estimule a ser productivos e inteligentes, sino que debe hacerse de la manera adecuada, sin presiones ni maltratos.

No se trata de ser extremistas. Lo fundamental es lograr un equilibrio en sus vidas.

Hay que darles tiempo para elegir lo que quieren hacer, para crear, para actuar e investigar… simplemente para que sean niños.

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