NO a la sexualidad: «Una actitud muy frecuente»

Foto de mujer con vendas

En el dominicano aún prevalece el concepto del sexo como un tema tabú (aunque no necesariamente ocurra lo mismo con el comportamiento), y lo más sorprendente es que sucede en los mismos profesionales.

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En determinados sectores de nuestra sociedad es común presenciar actitudes como la autocensura, el secreteo, el rubor cuando hay que decir en público palabras asociadas al sexo; temas como el erotismo son vistos como algo sucio; que una mujer quiera hablar o conocer del sexo es mal visto; en fin, son muchos los temas sobre sexualidad que asustan a los dominicanos.

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En muchos casos la negación a expresar lo que realmente se está pensando es la forma más cómoda y tranquila de evitar situaciones consideradas embarazosas para nuestra sociedad, como hablar abiertamente sobre la sexualidad.

Las actitudes negativas o restrictivas hacia la sexualidad han estado y seguirán estando presentes en la historia del mundo occidental. Los nombres más conocidos de esos movimientos sociales son el Ascetismo (renuncia al sexo y al alcohol), el Tradicionalismo (visión de la sexualidad como degradante, subordinante y obscena), el Victorianismo (aceptación de la dominación masculina y de la desigualdad genérica), y la Sexofobia o Antierotismo (reacciones nerviosas ante acercamientos sexuales como náusea, resequedad en la boca, sudoración en las manos, palpitaciones y temblores).

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El conocimiento de la realización de algún acto o el tener una disposición sexual que puedan desacreditar socialmente, tiene implicaciones duraderas para la identidad de una persona. A esto se le llama “estigma” o mancha, señal de ser portador de tal o cual “falta”.

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En 1990, el sociólogo estadounidense Ira L. Reiss, en su libro An End to Shame, nos dice que todos creemos que debemos proyectar la apariencia de ser discretos en el sexo. Las opiniones y los deseos de las personas cercanas –“el qué dirán”– nos influyen grandemente. Es por esto que observamos comportamientos que buscan evitar que seamos estigmatizados como “maniáticos” o “enfermos sexuales”, por ejemplo. Todos queremos ser respetados y tratados como “gente seria”, aunque no necesariamente lo seamos.

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En nuestra sociedad existen múltiples comportamientos sexuales estigmatizados. Ejemplos de ellos son: para el varón, el voyeurismo o “brecheo”, la homosexualidad receptiva, y el ser víctima de una infidelidad; para la mujer: mostrar interés sexual y haber tenido múltiples parejas. Para ambos sexos: la masturbación obsesivo-compulsiva frecuente, el no “casarse” o unirse, o el casarse y no tener hijos.

Reiss añade que las actitudes negativas presionan a los jóvenes a aferrarse a una sexualidad sin conciencia, como si el sexo fuera una sustancia ilegal que debe ser obtenida rápidamente y consumida furtivamente.

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La filosofía sexual victoriana es parte de nuestro enfoque tradicional de la vida. La mayoría de nosotros parece estar avergonzado o teme decir francamente lo que realmente piensa o cree acerca de la sexualidad.

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En tal sentido, entonces debemos preguntarnos: Aunque nos creamos muy liberados… ¿Cuán puritanos realmente somos? Para que tengamos una idea, contestemos si reconocemos como válidos estos tres derechos sexuales:

  1. Derecho a la igualdad y la equidad sexual: Igualdad de derechos en hombres y mujeres; no discriminación basada en la orientación sexual.
  2. Derecho a la libre asociación: No casarse o unirse; validez de uniones entre personas del mismo sexo; arreglos conyugales alternativos, triángulos amorosos, comunas.
  3. Derecho a la decisión reproductiva: No tener hijos, controlar la natalidad.

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Si has contestado “Sí, reconozco tal derecho” en las tres afirmaciones, puedes considerarte “pluralista”, una persona que cree en la honestidad, la igualdad y la responsabilidad. Si has contestado “No, no reconozco tal derecho” en una o más de las afirmaciones, entonces creemos que podrías enriquecer tu visión de la sexualidad con otros puntos de vista.

Es importante que todos nos sinceremos, que seamos más auténticos, y que empecemos a ver la sexualidad más como una parte natural de nuestro ser.

Esta puede ayudarnos grandemente a profundizar la comunicación con nuestros seres más queridos. Tenemos que reconocer que en los últimos años hemos dado grandes pasos como sociedad para superar mitos y tabúes que hacían de la sexualidad algo virtualmente innombrable. La comunicación de los padres con sus hijos debe ser más transparente y abierta, para aprender unos de otros cómo contribuir a que nuestra sociedad sea cada día más libre y verdadera.

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