Mis hijos, los tuyos y los nuestros

mis hijosHablamos de la posibilidad, en la actualidad, de volver a formar nuestra familia, aunque en un principio hayamos pensado que era un concepto o un valor que estaba destruido. Es una nueva oportunidad para valorar las oportunidades que nos da la vida y poder compartir nuestros afectos con los seres más importantes a nuestro alrededor: los hijos de nuestra pareja, los que tuvimos en relaciones anteriores y los nacidos de nuestra unión actual.

La forma que tenga la familia de comunicarse, su organización, sus recursos y limitaciones, la manera habitual de resolver sus problemas, las creencias que profese, van a influir en el modo en que ésta enfrente la crisis. Es fundamental que los miembros colaboren entre sí y que se tengan confianza para poder superar con éxito cada situación que se les presenta.

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¿Cómo hacer que funcione esta mezcla de personas, en esencia tan diferentes, y que tal vez comparten sólo una vez en la semana?

Como padres, nuestro objetivo es guiar la vida familiar por un camino que nos permita integrar a todos los miembros de un modo funcional. Una visión positiva del mundo, y una actitud proactiva, aún ante situaciones que resulten difíciles, es un rasgo personal fundamental que debe poseer cualquier padre o madre para afrontar las crisis familiares exitosamente.

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Mientras más miembros tiene una familia, más situaciones se nos podrían presentar, por lo que debemos estar preparados para no ahogarnos en un vaso de agua. No debería ser tan difícil, siempre y cuando tengamos el deseo de que todo funcione y la garantía de que sólo el amor nos puede regalar la fuerza que necesitamos.

Lo primero y antes que todo, podría ser la falta de una comunicación abierta y fluida que se da en ocasiones por la falta de tiempo de los padres para poder lidiar con cada uno de los miembros de la familia individualmente. Para esto, debemos estar conscientes de las necesidades de acuerdo a las edades de cada quien, y ser justos en no exigirles cosas para las cuales no están preparados, sólo porque sean convenientes para nosotros.

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La manera en que expresemos nuestro afecto a los diferentes integrantes de la familia, influye de una forma directa en las relaciones y expectativas, hasta con nuestra pareja.

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Es muy frecuente que los padres expresen más cariño a sus hijos biológicos que a los de su pareja actual, situación que puede afectar la relación familiar, por lo que debemos plantearnos la posibilidad de hacer un esfuerzo, NO para cambiar el sentimiento, sino para modificar las acciones que realicemos como padres, para poder ser equitativos y justos con todos y todas, y poder enfrentar efectivamente la responsabilidad que decidimos asumir por amor a nuestra pareja.

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Una pauta interesante es la planificación de actividades que puedan integrar todas las edades que tengan nuestros hijos, como paseos que ofrezcan alternativas interesantes para todos, que cada quien tenga su espacio, pero que a la vez puedan compartir varios momentos juntos.

La comunicación con nuestra pareja es un punto vital, es lo que permitirá sostenernos y apoyarnos en todo momento. Una estrategia en este sentido sería repartirnos el trabajo y las rutinas, dependiendo del rango de edades de nuestros hijos, y ambos comenzar a dedicarles un tiempo a cada hijo en la tarea escolar, para tener la oportunidad de compartir con cada uno individualmente y crear un espacio de integración.

[box type=»note» border=»full» icon=»none»]Definir cuál es el rol de cada quien en el hogar y reforzarlo positivamente cuando se cumple de la manera esperada, ayuda a que cada uno se sienta más integrado y motivado. Además, nos ayudará con aquellos miembros que por ser más pequeños o por alguna situación específica, podrían crear conflictos, ya que podemos asignarle a otro miembro que les dé apoyo y les brinde supervisión.[/box]

Debemos definir las reglas del hogar de una manera clara y permanente para que sean aplicadas y respetadas, sin importar la edad ni la situación de cada uno de los miembros de la familia.

La intimidad de la pareja debe ser un punto de fortaleza, no de debilidad. Generalmente, esto se puede convertir en un punto débil en una nueva relación por el miedo a que los hijos puedan resultar afectados, pero valdrá la pena dedicar un tiempo de calidad para compartir solos y poder confirmar y reforzar que su decisión de estar juntos es lo mejor que les ha pasado en la vida.

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Elegir personas a nuestro alrededor que puedan ser objetivas para aconsejarnos en nuestras decisiones, siempre será una buena idea, personas que nos ayuden y nos den herramientas efectivas para resolver los conflictos que se puedan presentar. Debemos estar abiertos mentalmente a crecer y aprender de las situaciones que vivamos en nuestra nueva familia y a ser flexibles con nosotros mismos.

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