Culpable por ser violada

violadaRecientemente, conversé con una persona preparada profesionalmente, quien al tocar el tema de abuso sexual me habló sobre cómo las mujeres debían prepararse para el momento en el que se vean en esta situación y qué debían hacer para evitar ponerse en riesgo de una violación sexual. Confundida por la dirección que estaba tomando la conversación, le dije: “las mujeres vivimos en riesgo de ser violadas desde que nacemos”, a lo que ella objetó rotundamente, explicando que esto solo le pasaba a quienes no se saben cuidar.

Indignada, no supe qué responderle. Estas palabras venían no solo de alguien que consideraba intelectualmente sobresaliente, sino de otra mujer, quien al igual que yo, debió haber escuchado o leído las trágicas historias de abuso sexual que viven día a día mujeres alrededor del mundo. No sé si ella desconoce de aquellas mujeres que, sin importar ninguno de los factores que ella pudiera llamar justificables, no actuaron con la intención de ser abusadas sexualmente, pero lo fueron.

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[box type=”tick” border=”full” icon=”none”]Vivimos en una sociedad en donde las mujeres somos culpables de las violaciones sexuales simplemente por existir. Los padres y madres enseñan a las niñas a cuidarse de ser violadas, pero no enseñan a los niños a no violar, a respetar cuando otra persona no quiere ser tocada, a que las mujeres NO somos objetos diseñados exclusivamente para el placer de otro. Alrededor del mundo, niñas, adolescentes y mujeres son abusadas sexualmente, y uno de los sentimientos predominantes entre ellas es vergüenza, porque nuestra sociedad nos condiciona a que quien debe avergonzarse es la víctima, NO el violador, y vemos como la ley es cada vez más permisiva en sus sentencias, mientras la culpa de la “animalada” del hombre, cae sobre la ropa que la mujer llevaba puesta.[/box]

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Me preocupa vivir en un mundo donde las propias mujeres tenemos que ser re-educadas, porque hemos asumido tanto la cultura machista, que nos convertimos en las propias enemigas de nuestra evolución. Sin embargo, es una batalla que debe lucharse, en donde el propósito NO sea buscar justificaciones para un abuso sexual, sino educar a respetar el cuerpo del otro o la otra (sin importar el sexo).

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