Fabricando ¿Licenciados?

Aquellos que crecimos dentro de familias tradicionales, sabemos muy bien del afán de nuestros padres para que hiciéramos una carrera universitaria.

En mi época, se tenía muy claro que para lograr ese sueño había que “quemarse las pestañas” en una universidad y sólo así uno se convertía en médico, abogado, ingeniero, periodista, entre otras pocas opciones de entonces.

Hoy en día, afortunadamente, las universidades ofrecen todo un abanico de posibilidades para formarnos en tantas y diversas disciplinas, lo cual, independientemente de dar respuestas a las nuevas exigencias del mercado laboral, viene a facilitar enormemente una mejor y provechosa canalización de las vocaciones, lo que sin duda representa un avance en el desarrollo del sistema de enseñanza de nivel superior.

Por desgracia, este aparente progreso en la oferta universitaria ha venido acompañado de una oleada de instituciones de estudios superiores, cuya excelencia académica resulta más que cuestionable.

Otra vez, como de costumbre, el Estado Dominicano ha fallado en su labor de trazar políticas eficaces para la buena marcha de asuntos de capital importancia para la sociedad.

Ante la mirada indiferente e irresponsable de las autoridades del sector de la educación, se han ido degradando los niveles de calidad de la enseñanza superior.

Hoy, esa degeneración es palpable a “simple vista”, de suerte que no hace falta rebuscar mucho para encontrarse con doctores, licenciados e ingenieros haciendo gala de una paupérrima formación universitaria y para quienes los “Reyes Católicos” y los “Rayos Catódicos” son exactamente lo mismo.

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Esta tendencia, mantenida durante los últimos años, ha transformado los títulos universitarios en verdaderas caricaturas.

Una vez leí en un prestigioso diario español, una crónica acerca de las grandes deficiencias de la educación superior en la República Dominicana, todavía recuerdo con amargura que en una parte del artículo el autor señalaba: “En República Dominicana existen universidades donde es más difícil conseguir un aparcamiento que un título universitario”; aunque la afirmación nos parezca exagerada y hasta insultante, si nos atenemos a los resultados, tendremos que admitir forzosamente que tal aseveración no parece estar muy divorciada de la realidad que venimos percibiendo.

Podría resultar incongruente y absurdo, pero la verdad es que algunos profesionales hemos llegado al extremo de sentir un cierto prurito a la hora de presentarnos como titulados  universitarios, pues esa etiqueta implica adjudicarse automáticamente a una serie de “colegas” que hacen añicos cualquier satisfacción que tengamos por haber pasado por las aulas de nuestra alma máter.

Lo curioso es que mientras mayor es la deficiencia en la formación académica del sujeto, mayor es su determinación para promocionar su grado de licenciado, doctor o ingeniero; en muchos casos, ataviados con un notorio anillo de graduación, cuyos destellos desentonan dramáticamente con la escasa brillantez intelectual de su portador.

Esta estampa, lamentablemente muy cotidiana, me trae a la memoria las sabias palabras de uno de mis profesores en la universidad, quien a menudo nos aleccionaba: “ustedes no necesitan decir que son licenciados, eso tiene que notarlo la persona que hable con ustedes”.

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Lo que más indigna de esta patética pobreza en el aprendizaje universitario, es que muchos de esos seudoprofesionales han tenido que realizar esfuerzos titánicos para alcanzar sus diplomaturas, dedicando tiempo y recursos económicos para frecuentar una universidad, bajo la premisa de que al alcanzar el grado serían depositarios de una preciada formación académica y de un bagaje cultural de peso, que vienen a ser las características mínimas que se le presuponen a quien ha egresado de una alta casa de estudios.

Es ahora y no mañana cuando el Estado, a través de las autoridades responsables del área, ha de “ponerse las pilas” para trabajar dura e incansablemente en la elevación de los estándares de calidad de la formación de nivel superior, sólo así, algún día, el concepto de graduado universitario recobrará su verdadero significado.

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