¿Darle pelas a los niños puede afectar su sexualidad?

. El castigo físico como forma de maltrato infantil deja huellas en el desarrollo cerebral de los niños y niñas que lo padecen y puede tener consecuencias psicológicas y neurológicas permanentes.

Existen patrones y prácticas de crianza en nuestra sociedad que expresan altos niveles de violencia en la manera en que los adultos ejercen la autoridad hacia los niños y niñas; y entre estas prácticas culturales está el castigo físico. Millones de niños y niñas son físicamente castigados por sus progenitores o cuidadores como una práctica de corrección disciplinar, y lo que muchos adultos no saben es que ni el castigo físico, ni el maltrato, ayudan a los niños a portarse bien, ni les enseña autodisciplina, al contrario, aprenden que la conducta violenta es aceptable, y que el más fuerte tiene derecho a usar la fuerza para resolver conflictos. Las conductas violentas se aprenden y la primera oportunidad para aprender el comportamiento ocurre en el hogar, observando e imitando la conducta violenta de los padres. Este patrón mantiene la violencia en la familia y en la sociedad.

Las investigaciones indican que los padres efectivos no usan la fuerza física para disciplinar a sus hijos y crían hijos bien ajustados que son más auto-dependientes, auto-controlados y positivamente curiosos, que aquellos niños criados por personas que castigan o que son demasiados estrictos, autoritarios o el otro extremo, que son muy permisivos.

La encuesta Enhogar 2006 informa que el 90% de los niños, niñas y adolescentes entre 2 y 17 años en nuestro país, recibieron algún tipo de castigo físico. En efecto, distintos estudios a nivel mundial han demostrado que los niños pequeños son los más frecuentemente abusados física y emocionalmente, y son las madres las que con mayor frecuencia maltratan a sus hijos. Se argumenta que las mujeres que están de manera más cercana con los hijos y que son sometidas a mayor estrés en el hogar, tienden a maltratar a sus hijos como manera de desahogar la tensión.

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A menudo, las personas que maltratan a sus hijos no se dan cuenta que el maltrato no es una forma apropiada de disciplina, porque esto lo aprendieron en sus hogares, en su propia experiencia, además de que tienen bajo control del impulso, lo que impide que piensen en lo que sucede como resultado de sus acciones.

Por muchos años se ha hablado de la teoría de la herencia transgeneracional del abuso; que los padres que fueron maltratados, maltratarán a sus hijos, sin embargo, los estudios han demostrado que sólo el 30% de los padres que fueron maltratados en su infancia, maltratan a sus hijos. Los padres que fueron maltratados y que no maltratan a sus hijos, por lo general tuvieron una figura de apego, un adulto de referencia, que les mostró afecto y que les hizo tener confianza.

Los niños víctimas de maltrato infantil suelen mostrar estrés psicosocial, dificultades conductuales y problemas sociales. Las expresiones de estas alteraciones se manifiestan en múltiples áreas. Los niños maltratados presentan desconfianza de sus propias capacidades, consideran que no merecen ser queridos, se sienten incapaces de tomar decisiones y esperan que los otros les hagan daño. Tienen dificultad para reconocer y expresar sus propios sentimientos, son retraídos y poco espontáneos, y se deprimen con facilidad. Además, se muestran ansiosos, temerosos y desconfiados. Lloran de manera exagerada y pueden presentar miedos o terrores nocturnos e insomnio.

En el orden social, pueden presentar dificultades para aprender y para concentrarse. Se comportan de forma agresiva con otros niños y les cuesta trabajo aceptar y seguir normas e instrucciones. Cuando llegan a la edad adulta, son más propensos a involucrarse en actividades delictivas, a presentar falta de control de sus impulsos, agresividad excesiva, intentos de suicidio y consumo de alcohol y de otras sustancias.

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En la sexualidad, es frecuente que los niños y niñas que sufrieron abuso o maltrato infantil presenten una gran dificultad con la cercanía física, las caricias, la intimidad y la confianza en los otros, además de que pueden presentar conductas sexuales precoces y erotizadas. Generalmente, tienen una imagen pobre de sí mismos, en la vida adulta pueden tener miedo a comenzar nuevas relaciones, embarazos no deseados, depresión, relaciones sexuales desordenadas y promiscuas, y en ocasiones llegan hasta la prostitución.

El abuso físico y psicológico produce rabia, miedo y ansiedad en los niños y niñas. Cuando los niños y niñas, cuyas personalidades se han formado en hogares violentos crezcan y tengan sus propios hijos, les será muy difícil deshacerse de los comportamientos que han visto y aprendido, lo que mantiene el ciclo de violencia.

Por fortuna, NO todos los niños y niñas maltratados desarrollan dificultades en su vida adulta. Existen factores familiares que protegen contra el abuso infantil y esto a la vez se relaciona con la capacidad que tienen algunas personas de recuperarse de situaciones difíciles y seguir proyectando el futuro, lo que les permite un desarrollo óptimo, a pesar de haber sufrido experiencias traumáticas.

Recomendaciones:

  • Si conoce que un niño está siendo abusado, debe denunciarlo a las autoridades correspondientes o llamar a la línea de ayuda: 1-809-200-1202, línea *700 ó al 809-688-0009.
  • Si reconoce que maltrata a su hijo/a, que le ha provocado lesiones físicas, o se da cuenta que está repitiendo el patrón que utilizaron sus padres en su infancia, busque ayuda profesional, es preciso que inicie un proceso terapéutico para mejorar sus habilidades parentales.
  • Si siente que pierde la paciencia con facilidad, no le llame la atención a sus hijos cuando se sienta alterado, espere serenarse, tome un baño, escuche un poco de música, o aíslese hasta que sienta que ha tomado el control de sus emociones, y luego hable con su hijo.
  • Si tiene hijos pequeños, es importante conocer que el tiempo en los niños pequeños no existe y que tienen memoria de corto plazo, que las reglas con frecuencia las olvidan, por lo que debe ser consistente y recordárselas constantemente. Al hablarles, colóquese en su mismo nivel, y siempre tóquelos en el hombro para que le pongan atención. Ofrézcales instrucciones precisas de lo que espera que hagan. Asegúrese que lo que les pide es razonable de acuerdo a su edad.
  • Sea claro, específico y firme, cuando quiera pedir algo a su hijo/a.
  • Hable a sus hijos de las consecuencias de sus conductas. Éstas deben ser justas y apropiadas al hecho y la edad del niño. En los niños pequeños, use el tiempo fuera, que debe ser un minuto por año de edad y manténgalos en un lugar apartado (que no sea su habitación) fuera de la actividad de la familia.
  • Permita la negociación, sobre todo con los niños más grandes.
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Es preciso que cambiemos nuestra forma de criar a nuestros hijos e hijas; en la medida que favorezcamos, como padres, el desarrollo pleno de todas sus capacidades, tendremos adultos más conscientes, tolerantes, respetuosos de las diferencias y con mejores relaciones con los demás.

El mundo cambia vertiginosamente, se hace cada día más competitivo y requiere que el ser humano tenga más herramientas para lograr el éxito. No sólo se necesita capacidad académica e inteligencia, también es preciso tener un buen desarrollo psicológico, tener buena autoestima y la inteligencia emocional adecuada.

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