¿Cómo educar nuestros hijos para eliminar el machismo?

machismo

En primer lugar, es necesario definir el machismo; el cual no es más que la ostentación, por parte de los hombres, de predominio y virilidad, que se manifiesta con actitudes de posesión respecto a la pareja y en actos de agresión y orgullo frente a otros hombres, con quienes establecen relaciones de competitividad. Es una forma de desvalorización de las mujeres y lo femenino.

Los hombres no nacen siendo machistas. El machismo no es un rasgo heredado, genético o natural. Es una ideología aprendida a través del proceso de socialización, que comienza desde antes de nacer, y termina al momento de morir. Este proceso de socialización comienza desde que estamos en el vientre de nuestras madres, cuando, una vez conocido el sexo del futuro bebé, los padres y madres comienzan a hacerse expectativas alrededor de lo que será su hijo o hija, y a delinear su trayectoria de vida.

El machismo tampoco es un comportamiento individual o de algunas personas determinadas, sino que es un comportamiento que se encuentra legalizado por la cultura de la que somos parte, penetrando cada una de las instituciones socializadoras, como la familia, la escuela, las iglesias, el Estado.

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[box type=”note” border=”full” icon=”none”]La educación no sexista, basada en la igualdad de hombres y mujeres, es la base de la eliminación del machismo. Esta es una tarea que es responsabilidad de la escuela, de las iglesias, del Estado y de los padres y madres, no sólo de las madres, como muchas personas pudieran pensar.[/box]

La familia, como principal y primer agente socializador, desempeña un rol sobresaliente en  hacer efectiva la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Los padres y madres deben estar de acuerdo en la forma en cómo van a educar y a formar a sus hijos e hijas, y ambos deben servirles de modelos con quienes puedan identificarse, para la construcción de hombres y mujeres para la igualdad.

Educamos a nuestros hijos e hijas no solo con las palabras que les decimos, sino a través de lo que hacemos. Por eso, debemos ser coherentes entre nuestro discurso y nuestras prácticas de vida cotidiana, pues, de lo contrario, podemos crear confusión en nuestros hijos e hijas.

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A continuación detallo algunas recomendaciones para contribuir a educar a nuestros hijos e hijas sin machismo ni sexismo:

  • No reforzar los juegos masculinos en los niños y los femeninos en las niñas, pues las diferencias en la selección de juguetes y juegos son el inicio de comportamientos estereotipados en los primeros años de vida.
  • Repartir de manera equitativa las tareas domésticas, para no reproducir roles sexistas. Esto quiere decir no hay tareas para hombres, ni tareas para mujeres, sino tareas que todos y todas debemos realizar, de acuerdo a nuestras capacidades.
  • Cuestionar y reprobar las actitudes agresivas y violentas entre los miembros de la familia, ya sea entre hermanas y hermanos, padres y madres, y de padres y madres a hijos e hijas.
  • Apoyar a nuestros hijos e hijas en la elección de sus profesiones y otras preferencias, sin diferencias por sexo.
  • Fomentar el respeto a la diferencia y el diálogo como vía para resolver conflictos.
  • Trabajar en la deconstrucción de modelos sexistas en el plano afectivo, en el que las niñas son afectivas y los niños son agresivos. Los hombres y mujeres podemos ser por igual afectivos. Los hombres también tienen derecho a mostrar sensibilidad, a expresar sentimientos.
  • Estimular en los varones la responsabilidad en el cuidado de los hijos e hijas y del hogar.
  • Inculcar en nuestros hijos e hijas que los hombres y las mujeres tienen el mismo valor social, los mismos derechos humanos, y que estos deben ser respetados en todo momento y lugar.[/box]
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Este es un proyecto de padres y madres, en el que deben creer, y que deben poner en práctica cada día de sus vidas. Solo así podremos tener la plena seguridad de que estamos aportando a la transformación de nuestra sociedad, en una más igualitaria y justa, y menos violenta con las mujeres.

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