Analfabetismo sexual: «La censura del placer»

Fotos de muñecos de maderaEl tema del disfrute del placer ha sido muy debatido. No podemos escapar a nuestra cultura religiosa que en sus orígenes desdobló al ser humano en cuerpo y alma, dando a ésta la cercanía a la perfección espiritual y viendo al cuerpo como un obstáculo para conseguirla.

De esta dualidad nace el conflicto con el placer, con el disfrute y con el goce en general, ya que como contraparte se entendió que el sufrimiento y el padecimiento de la carne sería una buena vía para llegar a la perfección.

Hasta los años veinte del siglo pasado el fin último de la vida sexual era reproducirse. Más cercano a nosotros en la llamada “era Victoriana” el sexo era tan reprimido que se iba a la cama con camisones especiales para no tener que ver o enseñar el cuerpo. Claro, mientras esto ocurría como regla para todos, el placer pasó a ser una exclusividad masculina, en un contexto de represión sexual en Inglaterra, pero en la época en que más floreció la prostitución y el número de prostíbulos, los hombres los visitaban y hacían con esas mujeres lo que no debían hacer nunca con las esposas.

Es una carga ancestral la que produce el llamado “analfabetismo sexual”, ya que al cargarse de mitos rompe la posibilidad de dar informaciones correctas que transformen las actitudes y los comportamientos.

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No es menos cierto que en el contexto actual hay más información, más libertad sexual, menos prejuicios pero menos educación sexual, lo cual no permite un mejor desenvolvimiento sexual.

La información no basta si en nuestro “Yo” tenemos deformaciones en las actitudes sexuales. Desde Freud se planteó la negación del clítoris como fuente de placer y más aún como fuente de neurosis en las mujeres que obtenían placer por esa vía.

Años más tarde se demostraba que el clítoris era la fuente primaria del placer femenino que conecta con las vías nerviosas centrales y que pocas mujeres obtienen el orgasmo por la exclusividad de la penetración.

De nuevo la carga social machista no acepta el placer femenino sino depende del hombre y de la falocracia, o sea de un falo o pene que tiene que ser introducido y “generar” el placer de ambos.

En síntesis, el analfabetismo sexual no lo soluciona la parte conceptual. El comportamiento sexual adecuado depende de la educación sexual que de principio actúa sobre las actitudes.

[box type=»tick» border=»full» icon=»none»]Las actitudes predicen los comportamientos pero se forman desde el mundo del aprendizaje. Si aprendimos el placer como malo lo viviremos con culpa y con actitudes pecaminosas; pueden darnos todas las informaciones correctas pero no cambiaremos las actitudes sino son trabajadas desde la educación sexual.[/box]

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Informaciones erradas generan actitudes y comportamientos sexuales incompletos que pueden llegar a convertirse en alteraciones y hasta en disfunciones sexuales.

No negamos el valor de las informaciones, de la lectura correcta, pero no podemos esconder que este analfabetismo sexual no solo viene de lo que no sabemos sino, sobre todo, de lo que aprendimos mal.

Los derechos sexuales reclamados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y otras instituciones reivindican “el derecho a” pero no lo construyen. Es el trabajo vinculado entre la información correcta (contenidos) y las actitudes lo que conducirá a los comportamientos adecuados.

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