Sexo en tiempos de estrés

El término estrés fue introducido por el médico fisiólogo Hans Seyle, de Montreal, quien lo describió como la respuesta general del organismo a estímulos «estresantes» a partir del «síndrome general de adaptación».

Las situaciones estresantes se pueden manifestar de diferentes formas. La persona puede sentir desde un enojo pasajero hasta la frustración, la angustia o el temor que nunca cede.

Un divorcio es normalmente muy estresante pero una boda también puede serlo. El fallecimiento de un familiar produce estrés pero también un nacimiento. Nuestra fisiología responde ante situaciones como éstas con un mecanismo de adaptación que hemos llamado «estrés», se trata de un mecanismo de supervivencia que puede aparecer de forma aguda o de forma continua y llamarse estrés cotidiano.

¿Cuáles efectos produce el estrés en nuestro organismo?

El organismo activa toda una serie de sistemas para afrontar dicha situación mediante acciones musculares intensas y potentes.

Entre los efectos que ocasiona en nuestro organismo podemos encontrar:

  • Contracción y rigidez en cuello y espalda para favorecer los movimientos rápidos necesarios en la situación de estrés.
  • Músculos de la garganta (cuerdas vocales) listos para producir gritos.
  • Aumento de presión en corazón y arterias para hacer llegar más sangre a sus destinos.
  • Aumento de la frecuencia respiratoria.
  • Inhibición en el funcionamiento de los sistemas digestivos y sexual para que no estorben en el afrontamiento del estrés, por lo que el sistema endocrino reduce la liberación de testosterona (hormona sexual masculina) y aumenta la de prolactina, sustancias vitales en la sexualidad, pues la primera la estimula y la segunda la inhibe, haciendo que el deseo casi desaparezca y la excitación se vuelva mucho más lenta.

“La activación del organismo es una reacción que busca generar una respuesta rápida, intensa y limitada en el tiempo, si el organismo no responde ante la situación con éxito en un período determinado, la activación finaliza en un estado de agotamiento”. Comenta el doctor Daniel Sidelski en su artículo Manifestaciones del estrés.

¿Las mujeres y los hombres reaccionan igual frente al estrés?

El uso de alta tecnología de neuroimagen del cerebro ha permitido descubrir que existe una gran diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres responden al estrés psicológico, ya que activan diferentes partes de su cerebro. En los hombres se caracteriza por el patrón “pelea-huida” y en las mujeres por el patrón “resistencia-conciliación”.

Esto se explica porque evolutivamente, los hombres tuvieron que hacer frente a los factores estresantes, enfrentarlos o huir de estos. En cambio, en situaciones difíciles, la mujer se ha inclinado a la aceptación y a la unión social para garantizar la supervivencia de la especie.

El patrón de respuesta frente al estrés de «lucha o huida» en los hombres está asociado a una mayor producción de cortisol, la principal hormona que produce el cerebro frente al estrés, mientras que en las mujeres no se evidencia la producción de esta hormona.

En los hombres el estrés está relacionado con un aumento en la capacidad de planificación y una disminución de atribución emocional a los actos planificados, mientras que en las mujeres, la respuesta frente al estrés está caracterizada por un aumento en la activación de una parte del cerebro vinculada principalmente a las respuestas emocionales. En ellas esta activación cerebral dura mucho más tiempo y es más intensa que en los hombres.

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¿Hacer el amor ayuda a afrontar mejor el estrés?

Hacer el amor no sólo ayuda a afrontar las situaciones que provocan tensión nerviosa, sino que además fomenta que el organismo libere unas hormonas relajantes y revitalizadoras. El secreto para aprovechar al máximo los beneficios de esta placentera “psicoterapia natural” consiste en disfrutarla completamente involucrando todos los sentidos.

Mantener una vida sexual activa es una valiosa ayuda para manejar y aliviar el estrés. El sexo aumenta el flujo sanguíneo y la oxigenación pulmonar, así como la producción de endorfinas, hormonas que mejoran el estado de ánimo.

El orgasmo aumenta los niveles de la hormona oxitocina, la cual reanima a la persona temporalmente. Hacer el amor también es un buen relajante e inductor del sueño.

El doctor Stuart Brody, psicólogo de la universidad escocesa de Paisley, en el Reino Unido, ha comprobado que mantener relaciones sexuales con penetración antes de una actividad estresante ayuda a mantener la calma. El especialista comparó el impacto de diferentes actividades sexuales sobre la tensión sanguínea cuando la persona experimenta más tarde un episodio de estrés agudo, en un estudio de dos semanas con 24 mujeres y 22 hombres.

Los participantes anotaron la frecuencia de sus coitos, masturbaciones o actividades sexuales sin penetración, y se sometieron a situaciones estresantes, como hablar en público y hacer cálculos aritméticos en voz alta. Aquellos que habían mantenido con frecuencia relaciones “completas” estaban menos estresados y su presión sanguínea volvía a la normalidad más rápidamente que la de aquellos que solo se habían masturbado o practicado sexo sin penetración. Quienes no tuvieron relaciones sexuales reflejaron una reacción más elevada al estrés, manifestada en su presión sanguínea.

La liberación entre los amantes de la denominada hormona “afectiva de pareja” u oxitocina, puede ser la responsable del efecto calmante del coito, añade Brody.

“Cuando una persona practica actividades que le dan placer, como el sexo, o siente satisfacción ante un estímulo, su organismo produce estos compuestos hormonales que no sólo elevan las defensas orgánicas ante las enfermedades, degeneración celular e infecciones, sino que además aumentan el bienestar, combaten el estrés y alivian el dolor”, señala el psicoterapeuta José María Doria.

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¿Qué relación tiene el estrés y la infertilidad?

Desde hace un tiempo hemos comprendido que conseguir un embarazo es un proceso sencillo, pero a la vez complejo. Sencillo pues se trata de la simple unión de dos células: óvulo y espermatozoide. Complejo pues para que esto suceda deben concurrir una serie de condiciones en cada una de las células y sobre todo en el ambiente donde debe ocurrir esa unión (el organismo de la mujer).

En ocasiones nos encontramos con parejas en las que todo está “técnicamente” normal, y sin embargo no se logra el embarazo. O en parejas en las que se corrige la alteración y aun así tampoco se logra el embarazo.

Podemos ilustrar la relación que guarda el estrés con la función reproductiva, y encontrar una explicación simple para “justificar” algunos casos de infertilidad. En el Sistema Nervioso Central (SNC) se integran todas las funciones. Se sabe que la función reproductiva está controlada por el hipotálamo, que estimula los ovarios para que produzcan hormonas y las células reproductoras (óvulos).

Anatómicamente el hipotálamo está relacionado con la parte del Sistema Nervioso Central donde se integran todas los procesos relacionados con nuestras percepciones emocionales. De modo que una alegría intensa, la tristeza generada por la pérdida de alguien o algo de valor o simplemente “el estrés” o la aprensión que pueda generar una determinada situación laboral, es capaz de alterar la respuesta del “hipotálamo” y por ende afectar significativamente la función reproductora en alguna de sus etapas.

Actualmente se reconoce que uno de los factores de mayor importancia que se asocian a problemas de esterilidad o infertilidad es el factor psicológico, determinado por una serie de razones personales, sociales, laborales y familiares que afectan imperceptiblemente la capacidad reproductiva de la mujer o del hombre.

El mismo hecho de que una mujer no pueda concebir en un tiempo razonable, la sumerge en un estado de ansiedad importante que le ocasiona la infertilidad.

¿La falta de deseo sexual provoca estrés?

Un proyecto de la universidad de Gotinga, en el que fueron encuestados 31,868 hombres y mujeres reveló que mientras menor sea la actividad sexual de las parejas, más frecuentes son las ocupaciones de todo tipo que llenan sus agendas para olvidar sus frustraciones, como la participación en grupos, actividades extracurriculares, horas extras de trabajo o actividades deportivas.

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Lo grave del asunto es que esta válvula de escape sólo empeora la vida de pareja. Tanto hombres como mujeres agotan sus energías y llegan a casa demasiado cansados. En consecuencia, su vida sexual se resiente, lo que al mismo tiempo genera más frustración. Aquellos que, en cambio, tienen una vida sexual más activa, suelen perder el interés por llenarse de compromisos.

El estrés es uno de los factores que más influyen en las relaciones sexuales, puede provocar serios trastornos o empeorar uno ya desarrollado por otras causas.

Algunas dificultades que pueden presentar tanto el hombre como la mujer pueden ser:

  • Alteraciones del deseo.
  • Dificultades en la excitación y en la erección.
  • Eyaculación precoz.
  • Coito doloroso.
  • Vaginismo (imposibilidad de realizar el acto sexual, debido a la contracción involuntaria de los músculos del tercio inferior de la vagina).

Una situación sexual puede convertirse en estresante por múltiples razones, entre ellas el temor al fracaso, excesivas exigencias sexuales, conflictos de pareja, miedo al embarazo o a la transmisión de infecciones, ansiedad, incapacidad para disfrutar de las sensaciones eróticas y la preocupación obsesiva por lograr un rendimiento sexual adecuado, entre otras.

Estar observándose constantemente y no centrarse en disfrutar de la relación, puede provocar la aparición de disfunciones y trastornos sexuales y agravar los ya existentes.

En general, las primeras relaciones sexuales coitales suelen ser estresantes como consecuencia de una inadecuada educación sexual que hace que se perciban de forma negativa, y se culpabilice todo lo relacionado con el sexo, por lo que se cargan de ansiedad y facilitan el desarrollo de problemas.

Experiencias sexuales anteriores asociadas al miedo, ansiedad, fracaso y frustración, pueden hacer que cualquier estímulo o situación que nos aproxime a una relación sexual se convierta en desagradable y se trate de evitar. Esto provoca el descuido de la actividad sexual, y hace que la persona se dedique principalmente a autoobservarse en lugar de disfrutar de la relación. En estos casos suelen ser necesarios tratamientos psicológicos para solucionar el problema.

El estrés no es una enfermedad, es un proceso adaptativo y está claro que no nos hemos adaptado; vivir la sexualidad en medio del caos social cotidiano que nos ha tocado se hace casi imposible, a menos que sepamos buscarnos recursos eróticos que nos ayuden a usar el sexo como una vía de descanso y no como esa otra competencia en la que nos hemos embarcado.

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5 comentarios en “Sexo en tiempos de estrés”

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