Extendido

Desarrollo extenso del tema principal de la revista rexpuestas.

Sexo en tiempos de estrés

El término estrés fue introducido por el médico fisiólogo Hans Seyle, de Montreal, quien lo describió como la respuesta general del organismo a estímulos «estresantes» a partir del «síndrome general de adaptación».

Las situaciones estresantes se pueden manifestar de diferentes formas. La persona puede sentir desde un enojo pasajero hasta la frustración, la angustia o el temor que nunca cede.

Un divorcio es normalmente muy estresante pero una boda también puede serlo. El fallecimiento de un familiar produce estrés pero también un nacimiento. Nuestra fisiología responde ante situaciones como éstas con un mecanismo de adaptación que hemos llamado «estrés», se trata de un mecanismo de supervivencia que puede aparecer de forma aguda o de forma continua y llamarse estrés cotidiano.

¿Cuáles efectos produce el estrés en nuestro organismo?

El organismo activa toda una serie de sistemas para afrontar dicha situación mediante acciones musculares intensas y potentes.

Entre los efectos que ocasiona en nuestro organismo podemos encontrar:

  • Contracción y rigidez en cuello y espalda para favorecer los movimientos rápidos necesarios en la situación de estrés.
  • Músculos de la garganta (cuerdas vocales) listos para producir gritos.
  • Aumento de presión en corazón y arterias para hacer llegar más sangre a sus destinos.
  • Aumento de la frecuencia respiratoria.
  • Inhibición en el funcionamiento de los sistemas digestivos y sexual para que no estorben en el afrontamiento del estrés, por lo que el sistema endocrino reduce la liberación de testosterona (hormona sexual masculina) y aumenta la de prolactina, sustancias vitales en la sexualidad, pues la primera la estimula y la segunda la inhibe, haciendo que el deseo casi desaparezca y la excitación se vuelva mucho más lenta.

“La activación del organismo es una reacción que busca generar una respuesta rápida, intensa y limitada en el tiempo, si el organismo no responde ante la situación con éxito en un período determinado, la activación finaliza en un estado de agotamiento”. Comenta el doctor Daniel Sidelski en su artículo Manifestaciones del estrés.

¿Las mujeres y los hombres reaccionan igual frente al estrés?

El uso de alta tecnología de neuroimagen del cerebro ha permitido descubrir que existe una gran diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres responden al estrés psicológico, ya que activan diferentes partes de su cerebro. En los hombres se caracteriza por el patrón “pelea-huida” y en las mujeres por el patrón “resistencia-conciliación”.

Esto se explica porque evolutivamente, los hombres tuvieron que hacer frente a los factores estresantes, enfrentarlos o huir de estos. En cambio, en situaciones difíciles, la mujer se ha inclinado a la aceptación y a la unión social para garantizar la supervivencia de la especie.

El patrón de respuesta frente al estrés de «lucha o huida» en los hombres está asociado a una mayor producción de cortisol, la principal hormona que produce el cerebro frente al estrés, mientras que en las mujeres no se evidencia la producción de esta hormona.

En los hombres el estrés está relacionado con un aumento en la capacidad de planificación y una disminución de atribución emocional a los actos planificados, mientras que en las mujeres, la respuesta frente al estrés está caracterizada por un aumento en la activación de una parte del cerebro vinculada principalmente a las respuestas emocionales. En ellas esta activación cerebral dura mucho más tiempo y es más intensa que en los hombres.

¿Hacer el amor ayuda a afrontar mejor el estrés?

Hacer el amor no sólo ayuda a afrontar las situaciones que provocan tensión nerviosa, sino que además fomenta que el organismo libere unas hormonas relajantes y revitalizadoras. El secreto para aprovechar al máximo los beneficios de esta placentera “psicoterapia natural” consiste en disfrutarla completamente involucrando todos los sentidos.

Mantener una vida sexual activa es una valiosa ayuda para manejar y aliviar el estrés. El sexo aumenta el flujo sanguíneo y la oxigenación pulmonar, así como la producción de endorfinas, hormonas que mejoran el estado de ánimo.

El orgasmo aumenta los niveles de la hormona oxitocina, la cual reanima a la persona temporalmente. Hacer el amor también es un buen relajante e inductor del sueño.

El doctor Stuart Brody, psicólogo de la universidad escocesa de Paisley, en el Reino Unido, ha comprobado que mantener relaciones sexuales con penetración antes de una actividad estresante ayuda a mantener la calma. El especialista comparó el impacto de diferentes actividades sexuales sobre la tensión sanguínea cuando la persona experimenta más tarde un episodio de estrés agudo, en un estudio de dos semanas con 24 mujeres y 22 hombres.

Los participantes anotaron la frecuencia de sus coitos, masturbaciones o actividades sexuales sin penetración, y se sometieron a situaciones estresantes, como hablar en público y hacer cálculos aritméticos en voz alta. Aquellos que habían mantenido con frecuencia relaciones “completas” estaban menos estresados y su presión sanguínea volvía a la normalidad más rápidamente que la de aquellos que solo se habían masturbado o practicado sexo sin penetración. Quienes no tuvieron relaciones sexuales reflejaron una reacción más elevada al estrés, manifestada en su presión sanguínea.

La liberación entre los amantes de la denominada hormona “afectiva de pareja” u oxitocina, puede ser la responsable del efecto calmante del coito, añade Brody.

“Cuando una persona practica actividades que le dan placer, como el sexo, o siente satisfacción ante un estímulo, su organismo produce estos compuestos hormonales que no sólo elevan las defensas orgánicas ante las enfermedades, degeneración celular e infecciones, sino que además aumentan el bienestar, combaten el estrés y alivian el dolor”, señala el psicoterapeuta José María Doria.

También puedes leer: ¿Existe el estrés positivo?

¿Qué relación tiene el estrés y la infertilidad?

Desde hace un tiempo hemos comprendido que conseguir un embarazo es un proceso sencillo, pero a la vez complejo. Sencillo pues se trata de la simple unión de dos células: óvulo y espermatozoide. Complejo pues para que esto suceda deben concurrir una serie de condiciones en cada una de las células y sobre todo en el ambiente donde debe ocurrir esa unión (el organismo de la mujer).

En ocasiones nos encontramos con parejas en las que todo está “técnicamente” normal, y sin embargo no se logra el embarazo. O en parejas en las que se corrige la alteración y aun así tampoco se logra el embarazo.

Podemos ilustrar la relación que guarda el estrés con la función reproductiva, y encontrar una explicación simple para “justificar” algunos casos de infertilidad. En el Sistema Nervioso Central (SNC) se integran todas las funciones. Se sabe que la función reproductiva está controlada por el hipotálamo, que estimula los ovarios para que produzcan hormonas y las células reproductoras (óvulos).

Anatómicamente el hipotálamo está relacionado con la parte del Sistema Nervioso Central donde se integran todas los procesos relacionados con nuestras percepciones emocionales. De modo que una alegría intensa, la tristeza generada por la pérdida de alguien o algo de valor o simplemente “el estrés” o la aprensión que pueda generar una determinada situación laboral, es capaz de alterar la respuesta del “hipotálamo” y por ende afectar significativamente la función reproductora en alguna de sus etapas.

Actualmente se reconoce que uno de los factores de mayor importancia que se asocian a problemas de esterilidad o infertilidad es el factor psicológico, determinado por una serie de razones personales, sociales, laborales y familiares que afectan imperceptiblemente la capacidad reproductiva de la mujer o del hombre.

El mismo hecho de que una mujer no pueda concebir en un tiempo razonable, la sumerge en un estado de ansiedad importante que le ocasiona la infertilidad.

¿La falta de deseo sexual provoca estrés?

Un proyecto de la universidad de Gotinga, en el que fueron encuestados 31,868 hombres y mujeres reveló que mientras menor sea la actividad sexual de las parejas, más frecuentes son las ocupaciones de todo tipo que llenan sus agendas para olvidar sus frustraciones, como la participación en grupos, actividades extracurriculares, horas extras de trabajo o actividades deportivas.

Lo grave del asunto es que esta válvula de escape sólo empeora la vida de pareja. Tanto hombres como mujeres agotan sus energías y llegan a casa demasiado cansados. En consecuencia, su vida sexual se resiente, lo que al mismo tiempo genera más frustración. Aquellos que, en cambio, tienen una vida sexual más activa, suelen perder el interés por llenarse de compromisos.

El estrés es uno de los factores que más influyen en las relaciones sexuales, puede provocar serios trastornos o empeorar uno ya desarrollado por otras causas.

Algunas dificultades que pueden presentar tanto el hombre como la mujer pueden ser:

  • Alteraciones del deseo.
  • Dificultades en la excitación y en la erección.
  • Eyaculación precoz.
  • Coito doloroso.
  • Vaginismo (imposibilidad de realizar el acto sexual, debido a la contracción involuntaria de los músculos del tercio inferior de la vagina).

Una situación sexual puede convertirse en estresante por múltiples razones, entre ellas el temor al fracaso, excesivas exigencias sexuales, conflictos de pareja, miedo al embarazo o a la transmisión de infecciones, ansiedad, incapacidad para disfrutar de las sensaciones eróticas y la preocupación obsesiva por lograr un rendimiento sexual adecuado, entre otras.

Estar observándose constantemente y no centrarse en disfrutar de la relación, puede provocar la aparición de disfunciones y trastornos sexuales y agravar los ya existentes.

En general, las primeras relaciones sexuales coitales suelen ser estresantes como consecuencia de una inadecuada educación sexual que hace que se perciban de forma negativa, y se culpabilice todo lo relacionado con el sexo, por lo que se cargan de ansiedad y facilitan el desarrollo de problemas.

Experiencias sexuales anteriores asociadas al miedo, ansiedad, fracaso y frustración, pueden hacer que cualquier estímulo o situación que nos aproxime a una relación sexual se convierta en desagradable y se trate de evitar. Esto provoca el descuido de la actividad sexual, y hace que la persona se dedique principalmente a autoobservarse en lugar de disfrutar de la relación. En estos casos suelen ser necesarios tratamientos psicológicos para solucionar el problema.

El estrés no es una enfermedad, es un proceso adaptativo y está claro que no nos hemos adaptado; vivir la sexualidad en medio del caos social cotidiano que nos ha tocado se hace casi imposible, a menos que sepamos buscarnos recursos eróticos que nos ayuden a usar el sexo como una vía de descanso y no como esa otra competencia en la que nos hemos embarcado.

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Selección sexual

Selección sexual

Cuando pensamos en la elección de la pareja, inmediatamente nos vienen a la mente las escenas románticas típicas de las películas con escenas “rosas”. No obstante, el conocimiento de los procesos reales que gobiernan la elección de la pareja nos conduce a procesos neuropsicológicos y neuroquímicos que nos han permitido mejorar la especie, hemos escogido las parejas que hemos considerado más aptas para que nuestra especie siga adaptándose a las exigencias del medio ambiente en que nos ha tocado vivir.

La selección sexual es cuestión de evolución

Nuestros circuitos neuronales son el resultado de un proceso evolutivo. Han sido diseñados y modificados durante millones de años para que nos pudiéramos adaptar a las exigencias del medio ambiente, es decir, resolver los problemas y adaptarnos. En tal sentido, Ester Desfilis Barceló del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia (España) plantea que “…uno de los problemas más importantes con que se enfrenta todo animal a lo largo de su vida es el de encontrar pareja y reproducirse… nuestros cerebros han sido diseñados para detectar y considerar sexualmente atractivos aquellos estímulos que son indicadores de un mayor potencial reproductor. Aquellos humanos primitivos que eligieron parejas con mayor capacidad reproductora dejaron más hijos y todos nosotros somos sus descendientes”.

Selección sexual¿Qué nos motiva a elegir?

Estudios sobre las preferencias a la hora de elegir pareja de hombres y mujeres de culturas muy diversas han demostrado que las mujeres colocan entre los primeros lugares los recursos que puede aportar el hombre, mientras que los hombres valoran la belleza de la mujer. La doctora Helena Cronin, experta en evolución, plantea que de forma universal, las mujeres más atractivas, más sexys, son aquellas que exhiben caracteres que indican un alto valor reproductivo. Los hombres aprecian aquellas características físicas que se correlacionan con la juventud, como la nariz y el mentón pequeño, los labios gruesos y la piel tersa, y con la fertilidad, como una cintura estrecha y unas caderas amplias (una relación cintura-cadera de 0,7 se considera sexy). Resulta interesante que una buena parte de estos rasgos femeninos considerados “sexys” por parte de los hombres, son rasgos controlados por los niveles de estrógenos.

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En general las mujeres prefieren hombres con rasgos faciales suaves, algo feminizados, pero cuando se encuentran en el momento del ciclo menstrual de mayor fertilidad les resultan más atractivos hombres con rasgos faciales y corporales más masculinizados, lo cual está asociado a hombres con niveles de testosterona más elevados.

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Al parecer, hombres y mujeres de cualquier edad encuentran más atractiva a otra persona cuanto más simétrica sea, un comportamiento similar en todas las especies animales. Mientras más simétrica es una persona, mejores son sus genes. Por tanto la elección de una pareja con mayor grado de simetría significa la elección de mejores genes para las futuras generaciones. En su artículo denominado La biología del “sex-appeal”: elección de pareja en humanos, Ester Desfilis B. ofrece resultados de estudios en los que se demuestran que las mujeres más simétricas eligen como parejas hombres con más recursos. Por su parte los hombres más simétricos pierden la virginidad antes, tienen más parejas sexuales, invierten menos recursos en la relación y son más infieles.

Al parecer, los hombres más simétricos estimulan más orgasmos en sus parejas. Ampliando estas informaciones, Desfilis observa que “…lo más curioso de estos trabajos es que demuestran que nuestro cerebro está capacitado para detectar y responder ante la más mínima asimetría de forma totalmente inconsciente”.

Guitarra valenciana - Selección sexual¿La belleza es algo superficial?

El atractivo por alguien no es algo superficial, la belleza es un indicador de fertilidad. Las mujeres consideradas más bellas, son aquellas que tienen medidas 90-60-90, medidas que expresan en centímetros las proporciones de busto-cintura-caderas, correspondientemente. Estas proporciones no solo son más atractivas a los hombres, sino que además, esta proporción cintura-cadera, hace más fácil el parto. Adicionalmente estas dimensiones de las caderas femeninas se deben a la distribución de las grasas en el cuerpo de la mujer. Hoy día sabemos que en la mujer esta grasa acumulada en las caderas tiene una alta concentración de Omega-3, fundamental para la formación del sistema nervioso del bebé.

Son muchas las informaciones de las que se disponen hoy día respecto a las motivaciones que tenemos los seres humanos para la elección de la pareja. Por ejemplo, el científico francés Raphaëlle Chaix del Centro Nacional de Investigación Científica francesa y sus colaboradores del departamento de Estadística de Oxford, luego de analizar cuatro millones de marcadores genéticos repartidos por el conjunto del genoma humano, ha concluido que la genética juega un papel fundamental en la elección de la pareja. Al parecer los seres humanos tenemos la posibilidad de discriminar la composición genética del MHC (complejo principal de histocompatibilidad), importante en la respuesta inmunológica del ser humano, de manera que buscamos inconscientemente una pareja con un código inmunológico que complemente el nuestro.

La mayoría de estas informaciones nos permiten comprender los mecanismos que han permanecido ocultos hasta ahora y que permiten explicar porque nos comportamos como lo hacemos. Lejos de contribuir a un enfoque mecanicista del ser humano, estos conocimientos deben contribuir a que podamos enriquecer nuestra concepción de nosotros mismos como seres especiales, triunfantes, que hemos logrado superar las dificultades que durante diez millones de años hemos confrontado, razón por la cual estamos hoy, usted leyendo este artículo y yo escribiéndolo.

Como forma de cierre, les dejo con las ideas de Gracía Navarro S., que en su artículo titulado Amor adulto y elección de pareja, expresa lo siguiente:

“Amar satisface un ansia, un deseo de prodigar ternura; ser amado llena otra necesidad: el deseo individual de ser querido y apreciado. Si amar constituye una clase especial de realización; ser amado es la recompensa que se le otorga. Como estos dos sentimientos pueden existir independientemente, deben ser diferentes y es necesario diferenciarlos. Amar significa anhelar a alguien. La satisfacción de ser objeto de la ternura de otra persona tiene con toda evidencia el carácter de un halago del yo; se relaciona con el sentimiento de la vanidad satisfecha, del orgullo complacido, de la ambición realizada; hincha el yo y aumenta el sentimiento del propio valor. El amor en sí no tiene al parecer las mismas características: el que ama se siente humilde. El amar y ser amado no es el único placer dentro de la relación de pareja también existe satisfacción en el proteger, ayudar y guiar al otro, al tiempo de sentir seguridad y confianza”.

Impulso sexual: ¿Podemos controlarlo?

Impulso sexualEl impulso sexual es un tipo de atracción que las personas sienten hacia otras personas, ya sean de su mismo sexo o no. Casi todas las definiciones sobre el impulso sexual se refieren a una acción instintiva que incita a la persona hacia la conducta sexual. Está determinado por una serie de factores de carácter biológico, psicológico y social.

¿Dónde se inicia el impulso?

Es indiscutible hoy día la afirmación de que el impulso sexual nace «se prepara», se «dispara» en el cerebro, por estímulos que pueden nacer en la propia persona, como las fantasías, o por estímulos exteriores, como la visión de una mujer hermosa o de un hombre atractivo; se producen en el cerebro, una serie de cambios por liberación de sustancias químicas que condicionan y desencadenan el deseo sexual, y que llevan a la materialización de lo que denominamos impulso sexual.

Es en el cerebro donde se genera el deseo sexual. Las hormonas que se disparan constituyen la “base” del impulso. La congestión o vasodilatación o aflujo sanguíneo a la pelvis es lo que hace posible la erección en el hombre, y la lubricación en la mujer. La congestión de los genitales, es el destino final de todo este proceso funcional que denominamos impulso sexual.

Los sistemas y aparatos involucrados, en este impulso, son el sistema nervioso central (SNC), específicamente el cerebro y el hipotálamo, el sistema endocrino, con la producción de hormonas, moduladora del funcionamiento de los ovarios en la mujer y de los testículos en el hombre y que dan tendencia al impulso sexual.

Los factores, que producen o generan el impulso sexual, son todos componentes del cuerpo y son los mismos tanto en hombres como en mujeres, a pesar de la diferencia de los aparatos genitales.

¿Podemos controlarlo?

Aún cuando el desencadenamiento del impulso sexual es muy cerebral-hormonal-motor, existen elementos moduladores externos de ese impulso sexual, como los cofactores asociados a la educación, los valores, las creencias religiosas, las costumbres culturales. Estos y otros cofactores contribuyen a la expresión del impulso sexual, inhibiéndolo en algunos casos o avivándolo en otros.

Debemos resaltar el hecho de que aún cuando el impulso sexual es innegablemente un evento neurobiológico, los elementos psicológicos son los que regulan su expresión y por tanto somos nosotros quienes administramos según nuestra voluntad la manera como nuestro impulso sexual es canalizado socialmente.

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¿Existe alguna diferencia en el impulso sexual femenino y el masculino?

Sí podemos reconocer diferencias entre ambos sexos en cuanto a la manifestación del deseo sexual, es decir, en cuanto al ritmo y forma de realizar las prácticas sexuales.

El hombre, de forma general, puede encauzar su deseo en una manifestación sexual individual o de pareja de una forma muy rápida y sin mayor preámbulo que la práctica sexual en sí. Sin embargo, la mujer requiere de forma habitual de un entorno sentimental afectivo donde se sitúe la conducta sexual. Puede ocurrir que el hombre incite de forma inmediata y rápida a la mujer a realizar un acto sexual, y ésta no responda con la misma urgencia e interés; puede que él interprete esto como una falta de deseo sexual, cuando lo que realmente ocurre es una descoordinación entre los ritmos de respuesta sexual.

En la relación hombre-mujer hay que adaptar esta diferencia en la forma de manifestar las conductas sexuales para que ambos desarrollen su impulso sexual, y que ninguno acuse al otro de escasez del deseo sexual o falta de amor o cariño.[/box]

¿Cuál es la frecuencia normal en que debemos sentirlo?

La intensidad y frecuencia de aparición del impulso sexual es altamente variable entre las personas y dentro de cada persona, de modo que es improbable poder contar con un patrón de “normalidad”. Una mujer sana y un hombre sano deben tener un grado de deseo sexual que, de forma individual y en relación a su pareja, lo vivan como suficiente y gratificante. No existe un nivel universal que determine lo que es «normal», ya que estamos fundamentalmente ante una cuestión subjetiva.

¿Qué pasa cuando no sentimos deseo?

Impulso sexualEs importante diferenciar un período de baja intensidad en el impulso sexual con un trastorno de aversión al sexo, que es un trastorno psicológico caracterizado por un miedo irracional y paralizante hacia la conducta sexual. Esta fobia imposibilita de forma permanente el disfrute de la sexualidad y requiere la oportuna terapia psicológica para devolver a la persona a la normalidad.

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Existen varios indicadores que podrían señalar que estamos ante una etapa de deseo sexual inhibido. Por ejemplo:

  • La ausencia de fantasías sexuales.
  • No tener pensamientos sobre temas sexuales.
  • Considerarse no apasionado, sin atractivo físico y sexual.
  • Evitar tener relaciones sexuales, no iniciarlas nunca, rechazar las aproximaciones de la pareja, inventarse excusas para no tener prácticas sexuales.
  • No disfrutar de las relaciones sexuales, no concentrarse en ellas cuando se practican.
  • Considerarlas prescindibles en nuestra vida o en nuestra relación.
  • Tener frecuentes desacuerdos con la pareja en cuanto al grado de deseo sexual o a la frecuencia de las relaciones.[/box]

Por regla general se debe descartar la presencia de factores de tipo orgánico evidentes, tales como anemia, cardiopatías, tumores, consumo de sustancias (sean estas drogas legales como los fármacos o ilegales) y algunas enfermedades cromosómicas. Es por ello que la valoración de un especialista en sexualidad que coordina este proceso es fundamental. En ausencia de factores de tipo orgánico, pasamos a valorar factores de tipo psicológico, bien sean estos condicionamientos aprendidos, traumas, fobias, conflictos emocionales (conscientes o no), problemas de pareja, etcétera.

¿Qué pasa cuando sentimos demasiado deseo?

Impulso sexualEn el caso del impulso sexual muy intenso, también es necesario diferenciar los posibles componentes orgánicos y psicológicos. Solo por mencionar algunos ejemplos, es necesario valorar la presencia del síndrome de desinhibición del lóbulo frontal, la demencia o la hipomanía. De igual modo, el impulso sexual hiperactivo o la adicción sexual, también se ha asociado con factores de tipo psicológico, en algunos casos nada distintos de aquellos presentes en cualquier otra adicción, en otros se puede considerar elementos relacionados con la baja autoestima, la dificultad para manejar sus afectos ante las distancias y cercanías que supone toda relación donde hay un vínculo emocional y la consecuente ansiedad que genera está dinámica.

Quizás cuando hablamos de un impulso sexual muy intenso, el lector o lectora extrañe que no hemos mencionado la “ninfomanía”. En la actualidad el término ninfomanía ha sido puesto en desuso y ha sido sustituido por el de “adicción sexual” o “erotomanía”. La ninfomanía que ha sido definida como «…un impulso sexual exagerado y compulsivo en la mujer…», era un concepto aplicable solamente a la mujer, mientras que la erotomanía implica una intensificación patológica de la sexualidad y el erotismo, y puede encontrarse tanto en hombres como en mujeres.

Algunos autores plantean que el exceso de impulso sexual es la expresión de una pseudohipersexualidad. Al parecer en estas personas el coito pueda excitarles pero no satisfacerles, y la excesiva frecuencia de contactos sexuales es una expresión del deseo de forzar la inalcanzable satisfacción por medio de intentos renovados y crecientes, o de tentativas con otras parejas y el circunstancias diferentes” “…muchos neuróticos, privados de satisfacción verdadera, se empeñan una y otra vez (y siempre en vano) en descargar a través de la actividad genital la sexualidad que no son capaces de satisfacer, produciendo de este modo la impresión de un gran vigor genital”. Esta misma opinión es sostenida por Sigmund Freud.

¿Es verdad que las feromonas aumentan el deseo sexual?

Las feromonas son producidas por las glándulas apocrinas de la axila y los alrededores de los órganos genitales, desde donde envían señales que son recibidas por el órgano vemeronasal (OVN), que se encuentra dentro de la nariz. Este órgano transmite estos mensajes a la parte del cerebro que gobierna las sensaciones humanas más básicas, como alegría, cólera, amor, odio, despertar sexual, el aumento de la fertilidad y hasta contribuyen con la regulación de los ciclos menstruales femeninos.

[box type=»note» border=»full» icon=»none»]Las feromonas se activan en la pubertad y, aunque tanto hombres como mujeres producen feromonas del tipo masculino, solamente las mujeres secretan feronomas asociadas con la copulación.[/box]

La Dra. Winnifred Cutler (1986) del Instituto Athena (Penssylvania, EE. UU.) inició interesantes estudios acerca de la existencia de las feromonas humanas y los efectos en el comportamiento de otros seres humanos.

En algunos de sus primeros estudios Cutler recolectó sudor de las axilas de mujeres y hombres de aproximadamente 20 años de edad, quitando las bacterias y el olor, y usando el extracto. Los estudios desde entonces han demostrado algunos resultados asombrosos.

En un estudio realizado en mujeres jóvenes, el 36% de las expuestas a las feromonas había tenido sexo durante las primeras tres semanas del estudio. Entre quienes recibieron un placebo, solamente el 11% tenía sexo semanalmente. Al final del estudio (14 semanas), el 73% de las expuestas a las feromonas tenía sexo cada semana, mientras que las que recibieron placebo permanecían en el 11%.

A otro grupo de 38 hombres, se les agregó una solución de alcohol y feromonas a su perfume regular. Ninguno sabía cuál le había sido dado. Después de ocho semanas de usar la colonia, el 47% de los usuarios de feromonas dijeron que habían tenido más sexo que el habitual, comparado con solamente el 9,5% del grupo con placebo.

En otro estudio rociaron la silla de un consultorio de un dentista con esa sustancia, mientras todas las otras quedaron sin tocar. Se observó que las mujeres se sentaron mucho más a menudo en esa silla tratada con feromonas. Hicieron lo mismo en varias cabinas de teléfono, y encontraron que las mujeres querían hablar preferentemente en aquel que estaba rociado.

Una institución australiana condujo un examen sobre 306 hombres que usaban feromonas. El 90% de ellos dijeron que ese producto había aumentado su atractivo en las mujeres.

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¿Cuáles son las etapas de la respuesta sexual?

Tanto el hombre como la mujer, pasan por distintas etapas durante su respuesta sexual, en las que se producirán una serie de cambios fisiológicos y emocionales.

Estas se clasifican en:

  • El deseo.
  • Excitación.
  • Meseta.
  • Orgasmo.
  • Resolución.

Cada una de ellas importantes e imprescindibles para el viaje completo hacia el placer.

Deseo sexual

El deseo sexual es un sentimiento interior que tiene relación con complejos sistemas hormonales y reacciones químicas del sistema nervioso que despiertan el interés por el encuentro sexual, es lo que con frecuencia las personas llaman: «la libido». Tiene que ver con lo puramente instintivo, con la diferencia que podemos controlarlo y solo darle rienda suelta en el momento que nuestro raciocinio así nos lo indique.

Las hormonas sexuales, entre las cuales se destaca la testosterona, juegan un papel determinante en esta fase, ya que su función es activar los circuitos cerebrales de los que dependen el deseo, el placer y el comportamiento sexual de hombres y mujeres.

Excitación

Es la fase en la que se dan los primeros cambios físicos.

La primera señal de excitación sexual en la mujer es la aparición de la lubricación vaginal. La densidad, cantidad y olor varían mucho de una mujer a otra y, en una misma mujer, de un momento a otro.

La lubricación facilita la penetración del pene y la suavidad del movimiento de empuje, a la vez que impide que la mujer sienta incomodidad o molestias durante el coito. Los cambios en la mujer se reflejan principalmente en los genitales, senos y piel.

Una de las primeras señales de excitación sexual masculina es la erección. En esta fase, los tejidos esponjosos de su órgano genital se llenan de sangre, haciendo aumentar el tamaño y la rigidez del pene hasta que se destaca del cuerpo.

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Durante la relación sexual los dos pueden alcanzar el mismo nivel de excitación.

Meseta

Es la fase donde se produce un nivel alto y sostenido de excitación que si continúa va a llevar a la persona al orgasmo.

Es una prolongación de la fase anterior, en la que la excitación alcanza niveles muy elevados.

En el caso de los varones segregan unas gotitas de un líquido claro preeyaculatorio provenientes de las glándulas de Cowper. Mientras que en la mujer la variación más significativa es que el clítoris se retrae bajo la membrana que lo recubre y aparecen unas manchas rojizas por algunas zonas del cuerpo.

Este fenómeno es conocido como: “rubor sexual”, y se debe a un aumento de la circulación de la sangre bajo la piel.

Una de las diferencias en la respuesta sexual de cada sexo se ve manifestada en esta fase ya que la mujer tarda un poco más que el hombre en llegar a la fase de meseta y con ello facilitar a la penetración, mientras que él está listo para el coito desde que la erección se produce.

Orgasmo

Es la liberación de toda la tensión sexual acumulada en una explosión de placer indescriptible.

Dura solo unos segundos, pero la oleada de descargas eléctricas que literalmente electrocutan el cuerpo y la mente no tienen comparación con ninguna otra respuesta sensorial.

El proceso fisiológico en los hombres consiste en una serie de rítmicas contracciones musculares de los genitales internos, que dan lugar a que el esperma salga en pequeñas porciones (eyaculación).

En la mujer se libera la tensión mediante contracciones rítmicas, que coinciden con el momento de máximo placer. Estas contracciones tienen lugar en el tercio externo de la vagina (plataforma orgásmica), en el útero y en el esfínter anal.

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Pequeñas y grandes diferencias

En la mujer, el orgasmo es muy semejante al masculino, aunque alberga importantes diferencias que le confieren una dimensión especial. Para la mayoría de ellas el encuentro sexual, a diferencia de sus compañeros, no garantiza la experiencia orgásmica.

Puede decirse que solo la cuarta parte de las mujeres alcanza el orgasmo durante el coito, 55% tiene orgasmos en la mitad de los encuentros, 23% los disfruta a veces, y entre 5 y 10% jamás los ha sentido.

Otra diferencia se refiere a que un número importante de ellas tiene la capacidad de experimentar orgasmos múltiples, algo que resulta prácticamente imposible en los hombres, porque después de la eyaculación requiere un tiempo de reposo para lograr una nueva erección.

No existe un patrón universal que rija el orgasmo femenino, cada mujer lo experimenta con distintas sensaciones, intensidad y duración.

Resolución

Es el retorno a los estadios iniciales de todos los cambios ocurridos. En esta etapa se siente una gran relajación en todo el cuerpo y el organismo va retornando poco a poco a su estado normal.

Tras la eyaculación masculina, es preciso que pase un cierto tiempo (período refractario) que variará en función de la edad y las características físicas del varón, antes de que vuelva a ocurrir otra erección acompañada nuevamente de orgasmo, aunque la eyaculación será menos abundante.

Las mujeres en esta fase sienten un gran bienestar. Una vez alcanzado el orgasmo, el clítoris queda tan sensibilizado que una nueva estimulación puede provocar sensaciones desagradables.

La respuesta sexual es una suma de fisiología, emociones y participación voluntaria que producirá todos los cambios descritos haciendo que busquemos repetir toda la magia de un evento único y distinto cada vez que ocurre.

Para que nuestro cuerpo pueda responder eficientemente se deben dar los siguientes factores:

  • Buena alimentación.
  • Suficiente descanso.
  • Regularidad de la vida sexual.
  • Equilibrio correcto de nuestro metabolismo.

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¿Qué es la respuesta sexual?

Antes de abordar el tema de la respuesta sexual desde un punto de vista estrictamente fisiológico, habría que destacar que la actividad sexual es una realidad muy rica y compleja en la que se mezclan el erotismo, la afectividad y la capacidad de reproducción. Es una fuente de placer y descarga de las tensiones, pero de igual manera nos brinda la oportunidad de comunicarnos y de intercambiar ternura y afecto. Asimismo, nos ofrece la posibilidad de concebir hijos de forma libre y responsable.

La relación sexual responde a una necesidad de comunicación física y psicológica que va más allá de la mera unión corporal de dos personas. Es un impulso instintivo que afecta a todos los procesos fisiológicos y psicológicos del ser humano.

Al no existir reglas fijas para las relaciones sexuales, durante las mismas el comportamiento puede variar mucho de una persona a otra.

Respuesta sexual

Es la forma que tiene nuestro cuerpo de reaccionar a la estimulación erótica. Comprende una secuencia ordenada y racional de acontecimientos fisiológicos que preparan al individuo para el acto sexual. Para que este ocurra con éxito, los órganos genitales deben experimentar una serie de cambios en su forma y función. Los cambios o respuestas que ocurren pueden ser genitales y/o extragenitales.

Estos cambios en el organismo están gobernados por dos funciones fisiológicas principales que son la vasocongestión (afluencia masiva de sangre a algunas zonas del cuerpo especialmente los genitales, que provoca un aumento en el tamaño y una variación en el color), y la miotonia (acumulación y liberación de la tensión muscular en algunas zonas del cuerpo). Ambos procesos se resuelven casi siempre por medio del orgasmo.

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En la respuesta sexual humana y sobre todo en la femenina interaccionan dos grupos de factores: el sistema de valores sexuales (SVS) que lo constituye las experiencias del individuo que han producido placer “compatibles” con los valores que aprendió en la sociedad, familia, iglesia, escuela o grupo social. Si estos son negativos bloquean la parte del cerebro que envía los estímulos sexuales al cuerpo.

El sistema de valores sexuales es mucho más importante para la sexualidad femenina que para la masculina porque nuestro sistema psicosocial, influye para que la mujer le resulte difícil cultivar aptitudes positivas respecto al sexo.

La respuesta sexual requiere de la participación conjunta de los sentidos:

  • La vista, nos permite sumergirnos en los ojos anhelantes de quién amamos.
  • El tacto, la piel es el órgano sexual más grande.
  • El olfato, que nos permite sentir el aroma sensual de nuestros cuerpos.
  • El oído, a través del cual nos llegan los suspiros y palabras.
  • El gusto, nos permite disfrutar de los sabores de un cuerpo apasionado.

Si a ellos le sumamos, los pensamientos, las emociones, los afectos y el amor tenemos todos los componentes para que nuestro cuerpo reaccione de manera satisfactoria.

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Sexo: «Fuente de placer y salud»

Para entender la conducta sexual humana debemos conocer primero la relación entre lo biológico y lo cultural que define al ser humano.

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¿Cuál es la diferencia entre sexo y sexualidad?

El término sexo sirve para clasificar a los seres humanos en dos grandes grupos: masculino y femenino, y también, en su uso coloquial, para referirse a la práctica sexual; mientras que sexualidad define al conjunto de relaciones que los individuos establecen entre sí y con el mundo por el hecho de ser sexuados.[/box]

Entonces, sexo se emplea para los seres vivos en general y, en cambio, sexualidad es un concepto complejo, adecuado para hablar del tema sexual en relación a los seres humanos. La sexualidad se liga íntimamente a la autoestima, al placer, a los sentimientos, a la moral, a las costumbres. Los seres humanos han desarrollado una cultura a partir de la necesidad sexual y, con ella, del amor.

La sexualidad implica reconocerse como persona plena, con capacidad de dar y de recibir placer, que conoce su propia sensibilidad y la de otra persona, que le interesa querer y ser querido, comprender y ser comprendido. La sexualidad es una dimensión de lo humano que las personas reservan al mundo de lo privado porque se relaciona con las emociones y los valores que cada uno tiene. Se trata, como vemos, de un elemento muy importante de la vida humana, y que hasta podría decirse modula la percepción que el individuo tiene de sí mismo y del mundo del cual forma parte.

placer y salud¿Qué es el sexo cromosómico hormonal y gonadal?

La determinación del sexo de una persona tiene lugar en el momento de la concepción, cuando el óvulo es fecundado por un espermatozoide. Los cromosomas son las estructuras filamentosas que se encuentran en el núcleo de las células y contienen los determinantes genéticos. Cada célula de nuestro organismo posee cuarenta y seis cromosomas, dos de los cuales son los sexuales.

El óvulo siempre es portador de un cromosoma X, mientras que el espermatozoide puede ser portador de un cromosoma X o Y, lo que definirá el sexo del futuro ser. Cuando se unen el óvulo y el espermatozoide, se forma una célula llamada cigoto, cuyos cromosomas sexuales pueden ser XX (por lo que el desarrollo embrionario dará lugar a una niña) o XY (de modo que el resultado será un varón).

Durante el primer mes de existencia del cigoto aún no se manifiesta ninguna diferencia entre ambos sexos. Pero a partir de la sexta semana de gestación, cuando se convierte el cigoto en un embrión y mide menos de un centímetro y medio, aparecen las zonas que se convertirán en gónadas o glándulas sexuales (sexo gonadal).

Si se trata de ovarios, éstos se desplazarán desde la parte alta del abdomen hasta la zona de la pelvis, mientras que si son testículos, saldrán del abdomen y se situarán dentro del escroto. Cuando el embrión tiene dos cromosomas femeninos XX, las hormonas maternas llamadas estrógeno estimulan el desarrollo de órganos sexuales femeninos en dicho embrión. Pero si el par de cromosomas sexuales es XY, a los dos meses de gestación comenzará la producción de testosterona, hormona masculina que dará lugar a la formación de los genitales masculinos (sexo hormonal).

Las hormonas tienen una gran importancia durante toda la vida, pues además de regular la evolución de los caracteres sexuales secundarios y determinar la aparición de ellos, como la barba, el vello púbico o el crecimiento de las mamas, influyen en el funcionamiento y el deseo sexual.

¿Por qué la sexualidad es un tema tan difícil de abordar?

Madre con hijaLa sexualidad es siempre un tema polémico. Muchas veces, los propios padres han sido “educados” en el silencio y según la idea de que estos temas son reservados, prohibidos o tabú. La sexualidad es cosa de grandes y por eso no se aborda con los niños. Algunos padres se niegan a aceptar que sus hijos poseen sexualidad y deseos desde que nacen. Entienden que sólo serán seres sexuales cuando crezcan…, y ya habrá tiempo para que se enteren.

Nada más alejado de la realidad: la sexualidad nos constituye como personas desde antes de nacer, y en todas la relaciones que los niños establecen, las formas de vincularse con el mundo, los afectos que dan y reciben se encuentran atravesados por la sexualidad. El niño utiliza su sexualidad no solo como fuente de placer, sino también como conocimiento.

Es un medio para comprender el mundo, para divertirse, para relacionarse, para conocerse a sí mismo y a los demás.

El problema, por lo general, viene cuando los padres, por desinformación, se escandalizan con las actitudes que hacen evidente alguna presencia de sexualidad en su hijo y lo reprimen violentamente, lo que muchas veces puede producir verdaderos traumas llevándolo a que sufra de incapacidad para relacionarse sexualmente cuando llegue a adulto y una profunda frustración, que seguramente tendrá como consecuencia trastornos en su psiquis.

¿Cómo influye el sexo en nuestra salud?

La actividad sexual humana no depende solo de las personas, sino también de nuestra voluntad. Así como una relación sexual satisfactoria desencadena en una serie de beneficios, el hecho de no disfrutarla a plenitud implica irritación, estado anímico negativo y una actitud general disfuncional hacia todos los ámbitos, por tanto, la salud se ve severamente dañada ante la falta de una práctica sexual adecuada.

Es muy común observar jóvenes vivir una sexualidad reprimida al no llevar a cabo el ciclo completo de una relación sexual. Esto sucede, generalmente, por el resultado o consecuencia de los prejuicios, prohibiciones, represiones, mitos y tabúes grabados en la mente colectiva durante siglos, que han ido anulándoles la dimensión real del erotismo humano hasta el extremo de contemplar la sexualidad como algo enfermizo y morboso, y destinándola exclusivamente a la procreación. Pero la realidad es muy diferente: “el sexo es fuente de placer y de salud”.

Numerosos estudios afirman que hacer el amor de forma cotidiana alarga la vida, mejora la actividad cardiaca, refuerza la resistencia frente al dolor, robustece el sistema inmunológico e incluso aleja el fantasma de sufrir ciertos cánceres y tiene un efecto antidepresivo.

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El sexo se convierte en fuente de placer y salud porque es el mediador para que nuestro cuerpo genere sustancias como son las endorfinas, serotonina, oxitocina y dopamina.

  • Las endorfinas se encargan de actuar inhibiendo la transmisión del dolor.
  • La serotonina actúa como un neurotransmisor (sustancia que transmite los impulsos nerviosos), que se distribuye por todo el organismo ejerciendo múltiples funciones sobre el sueño, estados de ánimo y depresivos, emociones, funcionamiento vascular, latidos cardiacos y el crecimiento.
  • La oxitocina, se asocia con la afectividad, la ternura y el acto de tocar, ya que influye en funciones básicas como el enamoramiento, el orgasmo, el parto y la lactancia.
  • La dopamina, se encarga de promover el incremento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial.[/box]

Cuando generamos estas sustancias nuestra mente y cuerpo están conectados. Nos sentimos saludables; cada vez que tengamos contacto con ciertos estímulos manifestaremos placer y más motivación a vivir sanamente.

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¿Qué debemos hacer para disfrutar de una vida sexual saludable?

Hacer el amor además de dar placer orgásmico, tiene un premio: es bueno para la salud, y a continuación te damos unos consejos para un mejor disfrute de tu sexualidad:

  • Se creativo/a y auténtico/a. La monotonía mata el sexo.
  • Tener confianza en la persona que esta a tu lado: diálogo y entendimiento mutuo.
  • Mantenerse en forma, hacer ejercicio, comer saludable.
  • Tener una adecuada higiene íntima.
  • Comunícate. Di constantemente lo que te gusta y lo que no te gusta. Ponte de acuerdo con tu pareja y no hagas nada que no te guste.
  • Guía a tu pareja durante el acto sexual para que tengas un mayor disfrute de la relación.
  • Desinhíbete. Deja a un lado los tabúes y explora lo desconocido.
  • Conversa antes y después de la actividad sexual.
  • Improvisa de vez en cuando con juegos y/o juguetes sexuales.
  • Sé fiel a tu pareja.[/box]

Podríamos concluir afirmando que el sexo siempre es bueno. Aunque esta afirmación puede sonar engañosa. Sí lo es cuando está acompañado de respeto, afecto, cuidado por sí mismo y por la otra persona; cuando satisface las necesidades mutuas y es de consentimiento recíproco. Cuando se produce en el tiempo, el espacio y el momento adecuado para las dos personas que lo experimentan.

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