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Desarrollo extenso del tema principal de la revista rexpuestas.

Machismo: ¿Cómo afecta a las mujeres y a los mismos hombres?

El machismo es una vertiente del sexismo o prejuicio sexual, que se expresa por lo regular, de manera inconsciente en la mayoría de las sociedades humanas. Este sistema de creencias o ideología clasifica por grados de superioridad e inferioridad a los seres humanos según el grado en que actúan; esta clasificación se hace de acuerdo a las expectativas supuestamente “esenciales”, “naturales” o “biológicas” de lo que representa ser un “verdadero hombre” o una “verdadera mujer”.

Las personas son vistas y juzgadas en base a las características del grupo sexual al que pertenecen (hombres = masculinos o mujeres = femeninas), sin tener en cuenta las diferencias que puedan darse entre ellos y dentro de ellos.

También se le llama androcentrismo (el varón como centro), y se manifiesta con una actitud de desprecio y discriminación hacia la mujer.

Ideológicamente sostiene que el varón es superior y la mujer debe estar sometida al mundo masculino. No hay base sostenible para dicha idea; por lo tanto, se trata de una construcción sociocultural.

En los grupos sociales que han luchado por la discriminación contra la mujer, el machismo se expresa en actitudes más sutiles, como pagar mejores salarios a los varones por desempeñar funciones similares o iguales a las de las mujeres, o conceder a los hombres los mejores accesos a puestos de responsabilidad gerencial, política o religiosa. También se observa en mensajes publicitarios que de un modo u otro denigran a la mujer o la relegan a funciones como el hogar y la familia.

¿Cómo surge el machismo?

Desde una edad temprana, los varones son llevados a estar conscientes de su conducta que puede hacer que otros sospechen que ellos no son “hombres verdaderos”. Esta conciencia puede hacerse casi de una forma paranoica hacia los adolescentes varones que no cumplen las normas.

Esa conciencia es producto de un proceso orientado hacia la construcción de un varón dominante.

Los padres temen fuertemente que sus hijos varones eventualmente pudieran exhibir características consideradas femeninas e indeseables para su propia imagen social. Por ello, la madre tiende a conducirse como la guardiana de la sexualidad del hijo, probablemente para evitar cualquier posible cuestionamiento de la misma masculinidad del padre.

De esta forma, los varones dominicanos son criados en un ambiente fuertemente restrictivo y prohibitivo, que seguramente deteriora su espontaneidad, autenticidad y alegría, produciendo mucha hipocresía y neurosis.

Las conductas machistas no son producto de un solo factor, sino de una combinación de situaciones que, mantenidas en el tiempo, promueven esta situación como:

  • Educación sexista: Por mucho tiempo se “educó” sólo a varones, por considerar que las mujeres no eran aptas para aprender. Sin embargo, aunque hoy no se practica dicho modelo en la mayoría de los países, aún se privilegian modelos de enseñanza donde el centro es el varón.
  • Enseñanzas religiosas sexistas: La religión es uno de los aspectos formativos y culturales más importantes a la hora de fomentar el machismo. Muchas religiones promueven interpretaciones de la realidad donde la mujer es vista como “la mala” o «la pecadora” que tienta al hombre y contamina el universo, y otras expresiones que sólo sirven para denigrarla.
  • Leyes discriminatorias: Votar, tener propiedades, decidir sobre su propio cuerpo o su educación ha sido una lucha ardua, porque en muchos sentidos las leyes han favorecido un entorno de discriminación que beneficia a los varones. Por ejemplo, aún hay países donde la violación de la mujer no es penada por ley.
  • División del trabajo: Históricamente se ha considerado que el trabajo de la casa y los hijos pertenecen a la mujer y, por ende, el manejo del dinero y el trabajo fuera del hogar son tareas del varón. En la práctica, este modelo permite la discriminación y mantiene el machismo.
  • Medios de comunicación: Los medios de comunicación de masas (cine, televisión, música y radio) contribuyen en gran medida a mantener algunos de los estereotipos del machismo.

¿El machismo afecta a los mismos hombres?

. Hoy en día se reconoce que el machismo puede afectar tanto a hombres como a mujeres, y que de una manera u otra, todos somos más o menos machistas en una sociedad que toma al hombre como medida para todas las cosas, como prototipo del ser humano. Tanto las relaciones sociales de los hombres con otros hombres, y de las mujeres con otras mujeres, pueden estar marcadas por el machismo.

En la medida que un hombre humilla, abusa, maltrata o explota a otro por parecer a sus ojos más masculino, está siendo guiado por el machismo.

El machismo ha sido un elemento de control social y explotación sexista en muchas culturas porque castiga, por ejemplo, cualquier comportamiento que se considere femenino en los varones, lo que es la base de la homofobia, que entendemos como temor a adquirir las propiedades de la mujer. Este temor a convertirse en mujer, de “degenerarse”, ayuda a construir la heterosexualidad obligada del varón.

La relación social entre hombres parece tener una clasificación de acuerdo a sus características y conductas. Establece quién es más hombre que quién, y quién ejercerá el rol dominante y el dominado. En nuestro país, podemos pensar en cuatro categorías de poder para jerarquizar las relaciones sociales entre los hombres.

  • Los hombres dominantes: Son presumiblemente heterosexuales exclusivos y constituyen la medida con la cual todos los hombres se compararán.
  • Los hombres heterosexuales subordinados: Parecen constituir la mayoría de los varones. Son llamados hombres incompletos, hombres en apariencia, hombres dudosos, supervivientes y fracasados.
  • Los hombres subordinados bisexuales: Son los que tienen una aparente atracción hacia parejas de uno y otro sexo, y un presunto interés en “someter” o “ser sometido” por otro hombre.
  • Los hombres marginales homosexuales: Sufren del estigma contra la homosexualidad masculina que resulta parcialmente en la percepción de este rol como femenino, débil, y carente de poder.

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El machismo también perjudica a los varones, que deben enfrentar:

  • Violencia de género. Existe cuando las mujeres les exigen o los violentan para que no se comporten como “mujercitas” o “afeminados”, cuando se interesan en aspectos que no son tolerados por los “machos de la manada». Esto favorece, entre otras prácticas, la homofobia.
  • Poca inteligencia emocional. Se les enseña a los varones a no expresar de una manera abierta y asertiva sus emociones, sino a callarlas, anularlas o negarlas, por considerar que ciertas manifestaciones emocionales son propias de mujeres: llorar, tener miedo, sentirse inseguro, interesarse en el arte.
  • Educación sexista. Se los educa para comportarse como machos y para tratar a las mujeres como seres inferiores, provocando con eso serias distorsiones en su desarrollo e identidad personal.
  • Fracasos matrimoniales. Muchos varones machistas se topan con que su conducta los lleva a fracasar en ambientes en los que no están preparados para manejarse bien, como el matrimonio, considerado dominio de la mujer (la palabra «matrimonio» viene de la expresión latina matri-madre, y monio-dominio).

El machismo y la relación de pareja

En general, las actitudes machistas tratan de justificar la mayor comodidad, superioridad y bienestar de los hombres.

Durante largo tiempo se pensó que el machismo sólo tenía que ver con el trato diferente, discriminatorio, prepotente y sobreprotector a la vez, de los hombres hacia las mujeres. Ellos se definían como el “sexo fuerte” y a ellas las consideraban como el “sexo débil”. Ellos estaban llamados a ser proveedores económicos, o a mantener a las mujeres y a “los hijos de ellas”, mientras ellas debían ser sumisas, obedientes, y dedicarse a tener y cuidar a los hijos, y satisfacer al marido en todo; ésa era la razón de ser de uno y otro sexo.

No obstante, en el fondo, los hombres tenían que reconocer que dependían totalmente de ellas como madres, esposas, y amantes. Entonces, más que rechazar a la mujer, en las sociedades machistas, el hombre repudia “lo femenino” en sí mismo, y tal vez, la mujer repudia “lo masculino” en sí misma.

Se entiende hoy que el machismo atenta contra el desarrollo humano de hombres y mujeres, reduciendo su espontaneidad y autenticidad. Éste impide la relación solidaria entre los hombres, de los hombres con las mujeres, y de las mujeres entre sí. Las mujeres sometidas al trato machista tienden a creer desde pequeñas que son inferiores. Tienen menos oportunidades de acceso a la educación pública o superior. Más mujeres son maltratadas en contextos machistas que en otros ambientes más favorables a la integración de los sexos.

Muchas religiones pueden validar la discriminación y la poca importancia de la mujer. La mujer puede ser tratada como objeto sexual para la exclusiva satisfacción del hombre, atropellando así su dignidad y sus derechos.

Se llama “misoginia” al desprecio, la aversión o el odio a las mujeres por ser mujeres, y a todo lo considerado como femenino. Consiste en pensar que el hombre debe liberarse de cualquier tipo de dependencia del género femenino. No sólo es practicada por hombres, sino también por mujeres contra otras mujeres y contra ellas mismas.

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Conclusión

El machismo en las sociedades en las que el hombre es el centro del universo, y se toma como medida de todas las cosas, es un fenómeno complejo que cambia constantemente de forma, para no cambiar en su esencia discriminatoria. Como los demás mitos, unen el pasado con el presente y el futuro. Son “transhistóricos”.

La actual generación de jóvenes, entre 15 y 29 años, se reirá y le costará trabajo creer los niveles de machismo que existían hace unos 50 años en la sociedad dominicana. Por ejemplo, cualquier joven consideraría hoy el colmo del machismo creer que un varón no debería saludar a otro varón más de una vez al día, por temor a ser tachado de homosexual. Sin embargo, cuando los nietos de esa generación lleguen a tener la misma edad, igualmente se reirán y les costará trabajo creer los niveles de machismo que existían en los tiempos de sus abuelos. Por ejemplo, que colocar a un bebé varón en una bañera plástica rosada, supuesto “color de lo femenino, podría marcarlo de por vida.

Una de las maneras en que el machismo se mantiene en el tiempo, paradójicamente, es acusando al otro de machista y librándose uno de culpa.

Sólo haciendo un profundo análisis y una autocrítica de cómo cada uno de nosotros se relaciona con otros hombres y con las mujeres, podremos empezar a tomar conciencia y a liberarnos de nuestros niveles de machismo. Esta sincerización debe implicar un proceso de cambio de las formas de educación, desde el hogar hasta la universidad, con los consecuentes cambios en las políticas sociales. Esta es una responsabilidad que debe ser compartida tanto por los hombres como por las mujeres.

Lamentablemente, los seres humanos nos organizamos jerárquicamente sobre la base de comparaciones sociales basadas en mitos de superioridad e inferioridad que sólo existen en nuestras mentes.

El temor al descenso en la jerarquía social y a la exclusión, suele significar ansiedad, vergüenza, furia, envidia y depresión, emociones que obstaculizan el bienestar y la felicidad de las personas. Sólo lentamente, a medida que hombres y mujeres dejemos de compararnos unos a otros, podremos superar el machismo.

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Relación de pareja: ¿Por qué algunas funcionan y otras NO?

relación de pareja

Las relaciones afectivas entre dos seres humanos suponen una serie de factores y situaciones que serán diferentes de acuerdo a la personalidad, el carácter y los valores de cada uno, y se enmarcarán en lo social o en lo familiar.

Puede ocurrir que del proceso de enamoramiento pasemos bruscamente al desengaño cuando vemos que la otra persona no corresponde o no se enamora igual que nosotros, o en otras palabras, no nos hacen caso; pasamos entonces por un proceso de duelo de algo que no llegamos nunca a tener, es una frecuente crisis existencial, algunas personas en ese momento se deprimen por un tiempo e incluso se hacen las preguntas: ¿Qué es lo que tengo? ¿Por qué no le atraigo? ¿Soy feo o fea? ¿Es mi cuerpo o mi cara?; incluso algunas personas llegan a alejarse por un tiempo de las actividades sociales, otras permanecen ilusionadas y con la esperanza de que esa persona se va a enamorar y les va a hacer caso en algún momento, generalmente se muestran muy preocupados por su aspecto, su manera de vestir, y tienden a visitar o frecuentar los espacios donde esa persona amada generalmente frecuenta, se exponen a ser utilizados o burlados por ese ser amado dependiendo de su nivel de autoestima y autovaloración personal.

Existen otras personas más lógicas y centradas que, ante la decepción, se recuperan rápidamente después de darse cuenta que la otra persona no muestra interés; estos volverán a la normalidad de su vida sin que le afecte mucho la decepción.

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¿Por qué nos enamoramos?

Desde la Psicología social se han barajado tres hipótesis principales:

Hipótesis evolutiva. Nos enamoramos para poder perpetuar la especie. El amor estaría al servicio de esta necesidad, por lo que buscamos pareja, la retenemos, procreamos y cuidamos la prole. En la misma línea evolutiva, otros autores dicen que se producen cambios químicos en el organismo.

Hipótesis social. Según los sicólogos Hatfiled y Walster, para que se produzca el amor tienen que ocurrir tres condiciones:

  • La persona aprende, en la sociedad en la que nace, que el amor es una respuesta apropiada.
  • Se produce un estado emocional relacionado con esa persona.
  • Aparece en su vida una persona que reúne las características para ser objeto de su amor.

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Desde otra perspectiva, la psicóloga norteamericana K. Horney sostiene que nos enamoramos para superar el sentimiento de soledad que tenemos. Nos sabemos solos, pero necesitamos estar acompañados, protegidos de la hostilidad del mundo, seguros y apoyados en nuestro caminar por la vida. Muchas personas entran a formar parte de un grupo religioso, político o social por las mismas razones. Sin embargo, según esta autora, la pareja es la forma de grupo que más ventajas nos ofrece. Además, el estar en pareja nos da cierto reconocimiento y aprobación social, por lo que algunas personas se enamoran de otras que están muy reconocidas y valoradas socialmente.

De los tres postulados anteriores me uno a los racionamientos de los sicólogos evolucionistas Elaine Hatfield y G. William Walster expresados en la publicación de su obra: “Una nueva visión del amor”.

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Sin embargo soy partidario del enfoque de la teoría triangular del amor, del psicólogo norteamericano Robert Sternberg, catedrático de la Universidad de Yale, quien considera que el amor se compone de tres elementos básicos:

  • La Intimidad: sentimiento básico que produce cercanía, unión y afecto.
  • La pasión: sentimiento que se expresa a través de un estado de excitación mental y física por el deseo hacia la persona amada.
  • El compromiso: es la decisión que tomamos de querer a esa persona a lo largo de la vida, propiciando una unión a pesar de las adversidades aunque no haya intimidad, ni pasión.

La suma de estos tres componentes es el tipo de amor ideal que todos esperamos tener en la vida.

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Los estudios sobre el amor se han distinguido entre gustar y amar. Decimos que nos gusta una persona cuando sentimos afecto y respeto por ella, pero no hay un deseo de compromiso, como tampoco parece que la sexualidad ocupe un lugar muy importante. Sin embargo, el amor se basa en la intimidad, en el compromiso con la otra persona, la preocupación por su bienestar, y el componente sexual es muy importante.

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¿Las relaciones hoy en día son más frágiles que antes?

Definitivamente NO, lo que las relaciones de hoy tienen, que las de antes no tenían, es un fuerte componente individual que les permite tomar fácilmente las decisiones sobre sus vidas, el que las parejas de antes duraran más juntas no significa que eran mejores parejas o que se amaban más, lo que tenían más fuerte era el nivel de compromiso que mantenía el vínculo; hoy las parejas tienen el permiso social de poder rehacer sus vidas e intentar una relación nueva que le devuelva su dignidad como ser humano.

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En generaciones anteriores, muchas parejas permanecían unidas por muchos años, y a veces de por vida, por tener en conjunto una empresa a la cual ponían todo su empeño, la familia, por lo que el compromiso de llevar esa familia al éxito mantenían unidas a muchas relaciones donde el amor había muerto hace tiempo, muchas de esas relaciones incluso habían nacido solo por compromiso.

Igualmente debemos mencionar el hecho de que la mujer, en épocas anteriores, no tenía ni las capacidades, ni los niveles de autoestima, ni la preparación laboral e intelectual para decidir si la relación le convenía o no, porque todo esto se le negaba o dificultaba en una sociedad machista, donde no había igualdad de derechos; en cambio, hoy tenemos una mujer que no solo es la esposa del que lleva el dinero a la casa, sino que ella también lo lleva y en algunos casos más que su compañero, con la capacidad de tomar las riendas su vida y su proyecto, sin necesidad de estar sometida a su pareja, con las energías para emprender o re-encausar su camino.

relación de parejaNO es cierto que estamos frente a relaciones más frágiles, estamos frente a relaciones con componentes más conscientes de sus propias valías y posibilidades, lo que hace que el reclamo de lo justo o lo merecido sea cada vez más frecuente, ya no vale solo el hecho de que mi esposo es un buen proveedor o un buen padre, por supuesto, cualidades muy deseables pero no únicas; hoy la relación de pareja exige entrega total a la relación y a la vida de pareja, e incluye lo emocional y afectivo, el respeto a la dignidad e individualidad del otro, la fidelidad compartida, el trato digno y el emprender proyectos de vida conjuntos; las parejas de hoy necesitan vivir el apoyo mutuo y el respeto como iguales dentro de un núcleo donde prevalezca el amor y que esa relación sea la base principal de el nacimiento de la nueva familia.

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¿Por qué muchas relaciones de años, fracasan inmediatamente se casan?

Las razones para el fracaso en este tipo de parejas no suele ser el cansancio como muchos pueden llegar a pensar, este tipo de parejas con largos años de noviazgo pueden fracasar por que el compromiso nunca a existido y se llega a la unión forzados por las circunstancias, por el hecho social de que hay que casarse, por que las familias y amigos lo empujan a tomar esta decisión que inconscientemente no querían o buscaban, su amor se nutría solo de pasión e intimidad, además no existía la necesidad del compromiso mutuo de enfrentar la vida, así que cuando deciden unirse muchas de estas personas o parejas no resisten las grandes cargas que comprende una vida juntos.

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Cuando una relación de este tipo, que se alimentaba de la pasión, deciden compartir la vida juntos, les llega la desagradable sensación de que la pasión es lo primero que se muere en una relación que no se retroalimenta emocionalmente, es por eso que es tan importante el compromiso consciente de amar al otro y asumir una vida en conjunto que incluya lo bueno y lo malo, y que nos permita asumir los problemas y los retos, donde decidamos mantenernos unidos hasta en la adversidad.

¿Por qué muchas personas deciden no casarse o formalizar una relación?

Existe un tipo de personas que van de relación en relación y no formalizan nunca, esta persona, hombre o mujer, se convierte en una adicta a la sensación del enamoramiento con toda la carga de emociones que los neurotransmisores cerebrales producen, sensaciones maravillosas que estas personas desean vivir, y cuando la etapa del enamoramiento termina para pasar a un amor más centrado, rompen la relación para vivir de nuevo las emociones que sentimos cuando nos enamoramos, son adictos de las drogas de la pasión y del amor que nuestro cerebro produce en ese momento de nuestras vidas.

relación de pareja

La etapa del enamoramiento o etapa romántica tiene una duración muy variable, en algunas personas el sentimiento se va rápido, pero en otras suele durar mucho tiempo, los estudiosos del tema opinan que suele durar entre dos meses y dos años.

También existen muchas relaciones de pareja se llevan bien, se comprenden mutuamente, se desean y dan rienda suelta a su pasión, pero les falta un componente importantísimo que es el que hace que la unión o el matrimonio ocurra, es la intención cerebral y voluntaria del compromiso, este tipo de relación o noviazgo puede durar muchos años, 8, 10 ó 12 años, y luego la relación termina; los que están fuera de la relación se quedan en shock y sobre todo cuando meses más tarde uno de los dos miembros de la pareja se casa con otra persona, la razón es que llega alguien en su vida que sí quiere hacer el compromiso y, aunque esta nueva relación no tenga toda la pasión e intimidad de la anterior, sí esta decidida a hacer el compromiso.

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¿Cuál es la clave para que una relación funcione?

NO existen pócimas mágicas ni los insufribles finales de los cuentos de hadas: “y vivieron felices por siempre”. Hacer que una relación funcione necesita de la decisión cerebral de que así sea, es una suma grande de esfuerzos por compartir una vida con alguien que trae una cantidad de equipaje vivencial, familiar, relacionar y emocional diferente al nuestro, lleno de costumbres que hay que encajar con las nuestras, donde cada uno tratará inconscientemente de dominar un espacio y marcar su territorio.

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Evidentemente se necesita querer o amar mucho al otro para entender las diferencias y buscar similitudes que nos acerquen para poder vivir la felicidad de amar, debemos valorarnos mutuamente y respetar nuestras diferencias, para que una pareja triunfe debe compartir en justicia las graves responsabilidades de establecer un hogar, deben entender que se deben mantener enamorándose mutuamente para que la pasión no muera, debe entregar lo mejor de si al otro.

Los matrimonios felices se basan en la capacidad de cada uno para satisfacer las necesidades del otro, ya lo decía Paul Claudel, un famoso escritor francés: “La señal de que NO amamos a alguien es que NO le damos todo lo mejor que hay en nosotros”.

Corazón con candado

El amar es dar, dar afectos, dar ternuras, llenar de solidaridad y admiración a la pareja, es entender que mi relación va a crecer en la medida en que yo NO la destruya, en que ese ser maravilloso al que yo prometí amar y respetar, es reconocer que lo escogimos porque quisimos, y que decidimos que ese era el ser especial para vivir una vida, pero todo esto tiene y debe ser recíproco, ambos deben vivir en ese entendimiento, esa relación mutua debe ser rociada cada día con afectos, comunicación afectiva y efectiva, con paciencia mutua, porque no somos perfectos ni somos dueños absolutos de la razón, deben seguir siendo apasionados para que el fuego permanezca vivo, se deben tocar, abrazar, besar, las parejas tienen que seguirse enamorando para que el amor se mantenga, porque el amor no se muere, “lo matamos”, lo matamos maltratando emocional, física y verbalmente; lo matamos cuando traicionamos, mentimos, engañamos, cuando dejamos de dar lo mejor para la relación, cuando irrespetamos y herimos al otro, siendo ese otro la persona que dijimos que amábamos más que a nadie en la vida.

Para que una relación de pareja dure para siempre se debe poner un gran esfuerzo personal y emocional de cada uno de los miembros de la pareja, deben compartir los momentos felices y los tristes, deben apoyarse en la adversidad e impulsarse mutuamente para alcanzar el éxito, deben aprender a enfrentar las adversidades juntos y apostar a la felicidad compartida, deben aprender a valorar al otro y seguir soñando y construyendo un futuro juntos, una relación de amor que perdure se nutre de presencia, se nutre de afectos, de sentido del humor y del deseo maravilloso que les lleva a disfrutar los encuentros pasionales donde se vive el estallido del amor.

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Hombre VS Mujer: ¿Quién es mejor?

Super heroes en competencia de pulso - Hombre VS Mujer

Hombre VS Mujer; desde el inicio mismo de este artículo surge la pregunta: ¿Quién debe ir primero en la redacción? El debate acerca de quién es superior es probablemente una de las discusiones más candentes de la historia de la humanidad. Sin embargo, la búsqueda constante de quién es mejor es un rasgo predominantemente masculino y, probablemente, el reflejo del dominio social que tradicionalmente han mostrado los hombres sobre las mujeres.

Una de las características del ser humano que permite que estemos discutiendo esto es el desarrollo de nuestro cerebro, muy específicamente de nuestros lóbulos frontales, responsables de habilitarnos para el pensamiento abstracto y la planificación; es donde reside nuestra personalidad, creatividad y todas las llamadas «funciones ejecutivas».

Lóbulo frontal - Hombre VS Mujer
Lóbulo frontal del cerebro.

El desarrollo superior de nuestros lóbulos frontales, en comparación con otras especies animales, nos permite superar nuestros instintos, torcer la historia que genéticamente tenemos programada, inventar nuevos comportamientos, aun cuando estos no sean útiles para la supervivencia de la especie (ej. las guerras, huelgas de hambre, asesinatos motivados por otras razones distintas del hambre), algo que aquellos animales a los que nosotros de manera arrogante llamamos “inferiores”, jamás harían.

No hemos visto a un gato y una gata discutiendo quién es superior a quién, ni a un perro y una perra, ni a un león y una leona. Cada uno tiene programada genéticamente una serie de comportamientos que unidos funcionan de manera complementaria para un mismo fin: “hacer que la especie sobreviva y se reproduzca”. Estos animales carecen de un lóbulo frontal hiperdesarrollado, como en el caso de los seres humanos, que los salva de esas discusiones estériles y no los distrae de su función principal, trabajar de manera complementaria para unirse, reproducirse y transmitir sus aprendizajes a la nueva generación.

Nuestra forma de organización social difiere de lo que necesitamos para sobrevivir como especie humana, nos “comemos” unos a otros, intentamos constantemente demostrar que somos mejores que nuestros iguales, y eso incluye el intento constante de los hombres y las mujeres por demostrar supremacía.

¿Quién vive más años, el hombre o la mujer?

Es frecuente que la hembra viva más años que el macho, es decir, que biológicamente es más fuerte y más resistente a enfermedades. En los seres humanos, los bebés varones mueren con mayor frecuencia que las bebés hembras antes del primer año de vida, pero también las mujeres mueren más viejas que los hombres. Esto, en ningún caso, supone superioridad de uno sobre el otro, sino complementariedad de funciones hacia un mismo fin: la supervivencia de la especie.

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Independientemente de dónde establezcamos el estudio, las mujeres viven de 4 a 10 años más que los hombres. Esta diferencia de la esperanza de vida, además, ha ido aumentando con el tiempo.

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Uno de los factores que se han evaluado es el hecho de que el bebé del sexo masculino tenga más tamaño al nacer y que ello produzca más complicaciones en el parto.

Otro factor que se ha demostrado influye en la diferencia en los años de vida del hombre, es el comportamiento de los hombres. Esto quizá se explica por qué los varones tienden a comer mayores cantidades de carnes rojas ricas en grasas, tienden a beber más alcohol, en algunos casos son más promiscuos y consumen más drogas, se exponen a mayores cantidades de sustancias industriales tóxicas, corren mayores riesgos físicos en su puesto de trabajo, conducen más deprisa e imprudentemente, y desarrollan con mayor frecuencia personalidades competidoras generadoras de tensión. Todos estos comportamientos están de alguna forma asociados con una mayor incidencia de ataques cardiacos, cánceres de pulmón, cirrosis hepática, infecciones de transmisión sexual, accidentes de tránsito, accidentes laborales, homicidios o suicidios.

Hombre VS Mujer… ¿Quién es superior?

Dardos verde y azulPara poder responder quién es superior a quién, primero habría que preguntarse: ¿superior en qué? Es probable que el macho de todas las especies animales, sobre todo en los mamíferos (dentro de los cuales se encuentra el ser humano), sea superior a la hembra de su misma especie en la habilidad del cálculo viso-espacial (sistema de procesamiento numérico), así como en la visión a grandes distancias y con poca luz, lo que le permite al macho ser más preciso en las tareas referentes a la caza y para defenderse de agresiones de otros depredadores de noche, cuando muchas de la presas duermen. Además, esto le permite orientarse mejor para regresar a la cueva o madriguera con el alimento que ha cazado, sin importar las distancias que haya recorrido lejos de la misma. Es decir, esta superioridad tiene un valor adaptativo para la supervivencia de la especie. En cambio, la hembra, en la mayor parte de las especies, es superior en el ángulo visual, lo que le permite ser más eficiente en el cuidado de las crías a su alrededor y defenderlas de cualquier agresor, además es superior en la capacidad de distinguir colores y olores, lo cual también tiene un valor adaptativo, porque el permite discriminar alimentos adecuados para ella y sus crías. Estas son conductas adaptativas a favor de la especie.

Ambos sexos son infinitamente distintos en múltiples ángulos de su existencia. Obviamente, existen muchas diferencias en el cuerpo de hombres y mujeres que podemos verificar a simple vista. Esto es una característica que se repite en muchas especies animales, donde por lo general el macho es más grande y más musculoso; mientras que la hembra es más pequeña y con menos masa muscular. Estas diferencias, al igual que todas las que podamos discutir en este artículo, están ahí para un uso determinado, para una función especial en la convivencia mutua, y están determinadas por el estilo de vida de nuestros ancestros. En la mayoría de las especies animales el macho se especializa en labores que requieren mayor fuerza física, tales como la caza, la persecución de presas, etc., para lo cual resulta útil y funcional tener mayor desarrollo muscular. Por su parte, la hembra posee las cualidades físicas más adecuadas para el amamantamiento de las crías, cuidado de las mismas y protección de la cueva o madriguera. El hombre se dedicaba a cazar y traer comida a su familia, desarrollando una gran orientación para localizar a sus presas y traerlas a casa mediante mapas. Se sentía valorado por su trabajo y no necesitaba valorar las relaciones con los demás. Él era el buscador de comida.

La mujer aseguraba la evolución de la especie cuidando a los bebés, controlando los alrededores de la cueva, desarrollando una gran orientación en las distancias cortas mediante los puntos de referencia. Con este fin, desarrolló también la percepción de los pequeños cambios en la conducta de los niños y adultos. Lo que llamamos el sexto sentido de las mujeres. Ella era la defensora del hogar.

Es comprensible que muchas mujeres no se sientan cómodas manejando de noche, ya que su visión nocturna es menor que las de los hombres. De igual modo, es poco probable que un hombre pueda diferenciar entre varios tipos de rojos o verdes, para hacer una buena combinación entre colores (nunca entenderá que esa cartera no combina con ese vestido y esos zapatos, así que no le pregunte). Si en lugar de interpretar esto como debilidades de uno o de otro, nos diéramos cuenta de que nuestras habilidades son diferentes, podríamos utilizarlas a nuestro favor, como parejas, en lugar de establecer una guerra de los sexos, es absurdo, es contra la supervivencia de la especie.

Es probable que algunas de las siguientes situaciones puedan estar detrás de las explicaciones para algunas situaciones de la vida cotidiana, como por ejemplo el hecho de que las mujeres pueden ver algo o alguien a su lado sin necesidad de tener que voltear su rostro, tal como lo haría normalmente la mayoría de los hombres. Así mismo, la mayor capacidad viso-espacial de la mayoría de los hombres sobre las mujeres, les permite a ellos realizar de manera más eficaz acciones tales como buscar direcciones en la calle o estimar el espacio necesario para parquear el vehículo en un espacio reducido. La habilidad de hacer cosas simultáneas en la mayoría de las mujeres (a diferencia de los hombres), les permite maquillarse, manejar y hablar por el celular al mismo tiempo, mientras que la mayoría de los hombres no pueden sostener la atención en el programa de TV mientras alguien les habla al mismo tiempo. Por lo general, el hombre busca tener encuentros sexuales con mayor frecuencia que la mujer, posiblemente porque el organismo de este está diseñado para poder fertilizar a una mujer en cualquier momento, mientras que el organismo de la mujer tiene un periodo de fertilidad especifico una vez por mes.

Conclusión

Históricamente, la fuerza muscular ha sido interpretada por el hombre como un arma de dominación sobre otros hombres y sobre las mujeres. Este comportamiento también se observa en muchos otros animales, pero solo cuando se trata de defender el territorio o luchar por la supremacía de la manada. Sin embargo, por lo general, en estos casos la lucha no pasa más allá de demostraciones de fuerza en el que alguno de los que disputan el poder reconoce su menor fortaleza y cede. No existe la violencia intrafamiliar, ni las agresiones relacionadas con los sentimientos de inferioridad del agresor. Estas son conductas de destrucción de la propia especie, no son conductas adaptativas, sin embargo son muy frecuentes entre nosotros, los seres “supuestamente” superiores.

Los animales llamados inferiores no manipulan afectivamente, no agreden por placer, no matan por dinero, ni por envidia, no usan la violencia sino es para defender el territorio o buscar comida, y en muy pocos casos se llega a matar a otro de su misma especie. Entonces cabría preguntarnos si somos realmente superiores a estos animales.

Es necesario que abandonemos preguntas como: ¿Quién es superior a quién? No existe tal supremacía, sino complementariedad. Nos necesitamos unos a otros. Las habilidades de los hombres son complementadas por las habilidades de las mujeres y viceversa. Es poco probable que una sociedad pueda sobrevivir si solamente hay hombres o solo mujeres (aun cuando existiera la posibilidad de reproducirse asexualmente u homosexualmente), ya que las habilidades que uno y otro aportan son necesarias para la convivencia. Si dos partes complementarias se enfrentan, son un arma de su propia destrucción, pero si se disponen a trabajar de manera realmente complementaria, son un refugio indestructible, lo cual es un signo de inteligencia, supremacía y capacidad estratégica.

Querer responder quién es superior a quien es una muestra de estupidez, inferioridad y torpeza táctica. Obviamente, no podemos cambiar todo de un plumazo, y debido a que éste artículo lo ha escrito un hombre, de seguro alguna mujer lo estará descalificando al leerlo. Es nuestra realidad, y para poder mejorarla, no tenemos que hacer muchos esfuerzos por hacer cosas, sino hacer esfuerzos por dejar de hacer cosas, para que nuestras tendencias e instintos nos permitan retomar la senda de la adaptación a nuestro medio y la supervivencia de nuestra propia especie, sin querer ser la especie superior en la naturaleza, sino una especie que debe convivir con las demás, sin destruirnos, sin destruir nuestro entorno, nuestro hábitat, sin buscar supremacías.

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No somos iguales, somos muy diferentes, pero eso no significa que unos sean superiores sobre otros. Ojalá cese la lucha por la igualdad entre los sexos y comience la celebración por la complementariedad entre los géneros.

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