Una relación para siempre

Anillos de compromiso - relación para siempreEn épocas en que los divorcios y las separaciones cuestionan el matrimonio es necesario preguntarse si una relación puede ser para siempre.

Tenemos una marca judeocristiana y su sello sacramental que sentenció que la unión debe ser “hasta que la muerte los separe” y luego la sociedad, no religiosa, le buscó la vuelta con la separación legal que conocemos como divorcio.

Desde nuestra perspectiva el tema sobrepasa el mundo religioso y el legal y se aloja en los sentimientos. Es poco probable que alguien formalice una relación amorosa con el propósito de que fracase como proyecto.

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Cuando dos personas inician una relación se están uniendo dos historias, dos biografías, cada cual trae una maleta cargada de individualidades aprendidas y otras propias o congénitas. Uno trae convicciones religiosas a favor o en contra, visiones sociales, políticas, culturales, el sello de fábrica de lo vivido en su entorno familiar, de los valores adquiridos, entre otras, y deberá confrontarlo con la otra persona.

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La relación comienza con el deslumbramiento químico, “el asfixie”, dicen los jóvenes; la impregnación hormonal, decimos nosotros. La unión de todas esas sustancias producidas genera un sentimiento de invulnerabilidad. El enamoramiento y la pasión inicial se convierten en un armazón indestructible que no dejan ver con claridad la personalidad del otro.

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Luego viene una etapa en que todas las otras vestimentas que vienen en esa misma maleta empiezan salir cuando baja la marea y las cosas van llegando a su nivel, entonces el amor no solo es sexo sino también cotidianidad. Comienzan a verse cada cual con sus virtudes y defectos. Inicialmente hacemos un “contrato no hablado” que al enfrentarlo en estos momentos de equilibrio empiezan a ser contrastados.

Es en este momento donde toma importancia el que cada quien explique que está dispuesto a negociar, a aceptar a soportar y que no. De ahí depende mucho que la relación continúe o termine. Es una decisión individual. Hay personas que dicen “lo único que yo no le aguantaría a una pareja es tal cosa” y para otros eso puede ser aceptado sin problemas.

La negociación se puede hacer tomando en cuenta que somos dos personas diferentes con equipajes distintos, “es comprenderme tú y perdonarte yo” dice la canción. Es eso, un poco ceder, comprender, aceptar, exigir, recriminar, rectificar o no hacerlo y comprender que la relación no es posible y que tiene que terminar.

Los postulados religiosos tendrán valor solo para los creyentes y, aún así, tienen límites en situaciones determinadas y se dan separaciones. Los postulados sociales han cambiado con los códigos morales plurales en que nos movemos, por lo que ya aquello de “aguantar” como parte del éxito por suerte ha desaparecido.

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Un famoso pensador de otra época decía “que al sexo hay que ponerle cada día carnes nuevas”, hoy diríamos que no solo al sexo sino al amor, hay que alimentarlo con nuevo traje y nuevo lazo para garantizar que las relaciones y su duración no entren a las estadísticas por supervivencia sino por la calidad de un enamoramiento permanente, la pareja debe construirse y reinventarse constantemente, para lograr obtener sucesivas formas de «felicidad» para los dos que correspondan a la evolución y los cambios en la vida de ambos.

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