En cuerpo y alma

Temas que vinculan la sexualidad con la espiritualidad del ser.

Relaciones sexuales antes de vivir en pareja

Pareja de jóvenesEl inicio de las relaciones sexuales está enmarcado por una serie de confrontaciones entre nuestros deseos personales, nuestra escala de valores, la formación religiosa que tengamos, las influencias culturales, la presión de amigos y de la pareja, de nuestro proceso de maduración psicológico y biológico, entre otros.

La primera relación sexual debe ser tan gratificante que permanezca en nuestras memorias como un momento hermoso lleno de afecto, amor y pasión. Un acto del cual no nos sintamos culpables, donde nuestra mente, piel y corazón se entregue por entero en un acto aceptado de manera voluntaria. La decisión de iniciar la vida sexual es una de las más importantes que habremos de tomar.

Antes de tomar una decisión de tanta trascendencia en nuestra vida deberíamos preguntarnos:

  • ¿Estoy listo para dar este paso en mi vida?
  • ¿Quiero vivir las sensaciones placenteras de las relaciones sexuales?
  • ¿Se cómo evitar un embarazo no deseado?
  • ¿Conozco cómo evitar el contagio de una infección de transmisión sexual (ITS)?
  • ¿Realmente me quiero iniciar en las relaciones sexuales por que es mi decisión o me están presionando?
  • ¿Esta decisión afecta mis creencias familiares y religiosas?
  • ¿Puedo afrontar las consecuencias que se deriven de mi decisión?

Deberíamos plantearnos responder estas preguntas antes de tomar una decisión porque mientras tengamos conflictos con algunas de ellas no deberíamos dar el paso hacia la vida sexual activa.

Para tomarla, lo recomendable es haber alcanzado la madurez psicológica que nos permita diferenciar entre lo que hacen los demás y lo que realmente queremos y debemos hacer.

Cada quien debe tomar el camino que crea recomendable de acuerdo a sus creencias y decisiones personales desde un punto de vista maduro.

Amar es hermoso pero debemos transitar el camino al acto sexual con cautela, iniciándonos paso a paso, primero los besos y las caricias hasta completar un acto que llegará cuando estemos lo suficientemente maduros para poder afrontar esta decisión conforme con todo lo que creemos.

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Cuando llegue el momento deberíamos pues estar listos para la ocasión tomando en cuenta los siguientes puntos:

  • Que sea una decisión libre y responsable.
  • Tener información sexual de calidad.
  • Hacerlo en un lugar privado, adecuado y seguro.
  • Tener tiempo suficiente como para vencer los miedos y dominar las ansiedades.
  • Hacerse un chequeo médico.
  • Contar con un método anticonceptivo seguro y confiable.
  • Usar preservativo.
  • Disponer de tolerancia, compresión y paciencia para con el otro y para con uno mismo.
  • Disfrutar de cariño y cuidado mutuos.
  • Respetarnos mutuamente.
  • Confidencialidad.
  • Disfrutar de mucho amor por el otro y por uno mismo.[/box]

La vida de todo joven será influenciada por el ambiente en que le toque vivir, por tanto, el ser humano debe analizarse a sí mismo antes de seguir los impulsos de la atracción o del deseo sexual. Debemos tomar en cuenta si poseemos las herramientas necesarias para asumir las responsabilidades que implica esta decisión; debemos estar seguros de poder afrontar la maternidad o la paternidad con las responsabilidades afectivas y económicas que esto acarrea; debemos estar preparados a buscar atención de una ITS pero, sobre todo, evitarlas con responsabilidad utilizando los medios que la ciencia indica y que nuestras creencias aceptan; debemos pues tomar decisiones que podamos enfrentar y asumir en toda su magnitud, tanto en la del disfrute, del placer o del daño.

Cuando se va amar (tener relaciones sexuales) por primera vez, debería ser un momento tan hermoso como esperamos que sea.

Adolescencia: «Emociones y sexualidad»

AdolescenciaModernamente se ubica la adolescencia entre los 10 y los 19 años de edad y se subclasifica en grupos de 10 a 13, 13 a 17 y 17 a 19. Esta clasificación permite que esperemos comportamientos y respuestas diferenciadas en cada caso sin caer en la antigua visión de que la adolescencia era una etapa de la vida.

Aquí podemos ubicar entonces el tema de la sexualidad, entendiéndola como la forma en que nos expresamos en nuestra vida, nuestro sello de identidad en todos los comportamientos, incluyendo los de carácter sexual y los que se refieren a la parte emocional.

Etapas de la adolescencia

En la primera etapa denominada “adolescencia temprana”, de 10 a los 13 años, se está muy cerca de la niñez, la sexualidad, las emociones e intereses están girando alrededor de los padres y el círculo familiar. La alegría, la tristeza, el juego, las fiestas, el miedo y, sobre todo, la capacidad para descubrir el mundo, el cuerpo, el de los otros, es parte de esta etapa.

La segunda es llamada “adolescencia media”, de 13 a los 17 años y es la más florida en la expresión de la sexualidad por que entran en juego la experiencia del desarrollo sexual, el deseo, las emociones pasionales, los comportamientos ideales y románticos.

En esta etapa se desbordan los límites de la familia y entran en acción personas de la misma edad, adolescentes iguales a quienes se eligen como el centro de la vida, desligándose de manera provisional del núcleo familiar. La sexualidad se expresa en el mundo de los amigos donde se comparten los mismos procesos y las mismas expectativas. Esto, como es de esperar, genera conflictos de celos en el interior de la casa y a veces hace que algunos de los “amigotes o amigotas” o “panas” no sean bien valoradas por los padres entendiendo que son la causa de esta separación que ellos no entienden como provisional.

La amistad, el enamoramiento, los noviazgos, el deseo sexual, la masturbación, los juegos sexuales y a veces hasta las relaciones sexuales caracterizan esta importante etapa. Si en ella se anidan miedos, sentimientos como la vergüenza y la culpa, tabúes, mitos, malos aprendizajes, serán posiblemente expresados en el futuro como respuestas alteradas en la vida emocional.

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El deseo sexual en la adolescencia se convierte en un indicador de madurez biológica y psicosocial. Es a la educación sexual a quien corresponde orientar la canalización de estos factores para que sean aprovechados en la construcción de una identidad sexual sana, seria y responsable.

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La última etapa se denomina “adolescencia tardía” de 17 a los 19 años y constituye una entrada a la vida joven adulta, es la “vuelta a casa” con mayor capacidad de valorar a la familia y de unirse de nuevo, ya con nuevas adquisiciones, como sería un novio o novia, la entrada a la universidad, mayor estabilidad emocional, entre otras.

Sabiendo ya de qué edad estamos hablando o de cuál etapa estamos haciendo referencia, podremos comprender lo que pasa por esos y esas adolescentes, y entenderemos que si aparecen comportamientos inadecuados no esperados, es porque algo no anda bien y hay que poner mayor atención.

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El sexo nos diferencia y la sexualidad nos expresa. Cada etapa tiene sus comportamientos y sus emociones. El sentimiento asociado condicionará nuestras respuestas y nuestros aprendizajes.

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Una situación vivida puede condicionar a emociones negativas respecto a querer relacionarnos con otros u otras, con querer tener pareja, con evadir el sexo; por el contrario una experiencia de felicidad y armonía en un hogar estable podría generar emociones y sentimientos favorables a la vida sexual, reproductiva y de pareja.

La idea sería que al conocer estas relaciones y sus determinantes trabajemos una educación sexual que reconozca y pondere los elementos positivos de las emociones para poder así construir, de manera responsable, una sexualidad que permita que nos expresemos desde la felicidad y no desde el fracaso y la frustración.

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Himen: ¿El gran premio?

El himen es una ligera membrana que cubre el orificio de entrada a la vagina. Al principio, durante el desarrollo fetal, no hay una apertura vaginal. La delgada capa que cubre la vagina se abre parcialmente antes del nacimiento.

Se le atribuye ser una barrera para proteger en la niñez de las infecciones. Socialmente, se le ha dado al himen una preponderancia vinculada a una relación de entrega a un compañero, llegando a convertirse en un símbolo de propiedad arropado de una carga machista de dimensiones insospechadas.

En la antigüedad las tribus nómadas tenían como requisito que las mujeres conservaran su virginidad hasta el matrimonio, como prueba de ello, debían mostrar las sábanas manchadas de sangre al día siguiente de la primera noche de luna de miel. De no demostrar esto eran arrojadas y apedreadas y como “el que hizo la ley hizo la trampa”, muchas que no eran vírgenes manchaban la sábana con sangre de cordero.

La visión religiosa católica también, al imponer el matrimonio como sacramento, resaltó la virginidad como virtud de entrega plena al marido.

Socialmente se fue institucionalizando la virginidad, “ser señorita” y guardar “su reputación” en dos centímetros de un tejido que a veces no está presente en el momento del nacimiento o que se puede perder en determinados accidentes que se produzcan en la vida de la mujer.

Ambas visiones llevan a premiar al hombre con la “inauguración” de la vía vaginal que está sellada por una membrana con un pequeño orificio en el centro, el cual bajo presión del pene o los dedos se desgarra como quien da un puñetazo en una hoja de papel gigante. Esto no se rompe y desaparece o se esfuma, más bien se desgarra y deja colgajos que pueden luego repararse por vía quirúrgica y reconstruirlo en una cirugía llamada himenoplastia.

Es “una garantía” para los hombres de que es la primera relación de su pareja y que él es el primero en tenerla como propiedad. Se entiende como un premio de exclusividad, pero nadie cuestiona si es la primera relación del hombre ya que la sociedad promueve al hombre como poseedor de la mujer como propiedad y ésta como objeto de sumisión.

Este tema tratado antes como mito con matices jocosos tiene una gran importancia por las implicaciones sociales que subyacen en lo que antes creíamos era solo un dato “cultural” que se expresa en ese acto pero que trasciende a toda la relación de pareja.

Las tradiciones religiosas desde el imperio Inca tomaban en cuenta este tema asumiendo los hombres del sector social más bajo que el hecho de haber perdido el himen en una relación sexual hacía que las mujeres fueran consideradas como deseadas, mientras que en los sectores altos por el contrario la virginidad residente en el himen era algo considerado primordial.

En la cultura africana se realiza la infibulación que es una técnica mediante la cual se corta (ablación) el clítoris, es decir lo eliminan y cierran la entrada de la vagina con una costura que solo deja un orificio para la salida de la orina y la menstruación. Esto se hace entre los 2 y 8 años y cuando llegan al matrimonio lo reabren con un cuchillo. Es un rito socio-religioso, con implicaciones culturales, machistas y cruentas.

La idea es preservar su virginidad e himen para que en el matrimonio su marido lo disfrute.

Sobre estas bases se desarrollan distintas experiencias en la historia, con distintas expresiones pero con una misma subyacencia: El himen, su desgarro es un premio al hombre de que está inaugurando una vía y a su vez reafirmando el concepto de propiedad y la exclusividad de su pareja en esta primera relación aunque nunca más vuelvan a tener un contacto sexual.

En sociedades como la nuestra no tenemos el dramatismo ritual de los nómadas o de los africanos, sin embargo tenemos el mismo sustrato cultural machista que convierte en objeto a la compañera sexual, que puede sustituir el vínculo de amor en la relación de placer y que cosifica a la mujer.

Tanto ha calado esta tradición y esta percepción que las propias mujeres han puesto en boga el tema de la himenoplastia o reconstrucción del himen, para revalorizar su sexualidad ante la sociedad y los compañeros como si su honor y valor descansara en este tejido.

Si esta visión está presente en las relaciones sexuales podrá obtenerse mayor o mejor calidad en el placer, pero si lo está en una vida de pareja, seguramente traerá asociada estas ataduras conceptuales que podrían, a la larga o la corta, atentar contra un desarrollo armónico tanto de la vida sexual como el cotidiano de la relación.

Considerar el himen como premio es atentar contra la dignidad misma de la mujer.

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Lo que debemos esperar de una relación sexual

Pareja y corazónEl deseo es considerado como la primera fase de toda respuesta sexual. Resulta que una persona puede encontrarse de manera fortuita en situaciones que induzcan al deseo, ya sea por roces, señales, interpretaciones o simplemente puede desear tener relaciones sexuales con una persona determinada que puede, o no, ser la persona amada.

La decisión de participar en el encuentro dependerá de las creencias, los mitos, fantasías y del historial personal que puedan tener los protagonistas. La gran expectativa o el resultado ideal debería ser disfrutar al máximo del momento a través de la derivación del placer.

Si la relación es buena, la mente y el cuerpo logran tal conexión que solo el recuerdo será un detonante erótico para volver a desear, para querer repetir el momento, y si en cambio fue mala, no nos motivará al recuerdo y hasta nos puede predisponer a no funcionar sexualmente ante nuevos eventos sexuales.

El objetivo será entonces querer llegar a la experiencia sexual con las mejores herramientas para el disfrute, y para ello hay que conocer la importancia no solo de la disposición sino de como romper con los miedos.

Hay muchos tipos de miedos que pueden impedir que la relación sea placentera, como la percepción que tenga una persona de su imagen corporal (autoimagen), si no estoy conforme con mis kilos, con alguna parte de mi cuerpo, si me siento observado/a, si hago una evaluación de si lo estoy haciendo bien puedo provocar la inhibición de la erección o la eyaculación (en el caso del varón), o la excitación y la lubricación (en el caso de la mujer) y convertir el acto en doloroso y molesto.

Algunas personas han fallado a pesar de tener deseo, de querer, de permitir, porque en el momento mismo del acto les acosa la idea de un embarazo no deseado o de no haberse protegido para evitar una infección de transmisión sexual (ITS) o el VIH-SIDA. De manera que aunque no siempre se dan las mejores condiciones, lo ideal es prever las situaciones que sí pueden estar bajo nuestro control.

Esto no quiere decir que se esté otorgando un permiso al sexo abierto con cualquier persona y bajo cualquier condición, pero es una realidad que ocurre y hay que tenerlas en cuenta para asumir con responsabilidad las consecuencias de las decisiones que tomamos.

El placer puede culminar o no un acto sexual, muchos terminan por debajo de las expectativas que tenían o quizás sin la gratificación esperada, a veces hasta con la persona amada, pues somos vulnerables a las realidades humanas que nos suceden en cada momento de nuestras vidas

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Las mejores relaciones en términos de entrega y de compartir “cuerpo y alma” se ubican en aquellas en que también se comparte parte de la vida, de las aspiraciones, de los proyectos, los que están asociados a elementos vinculantes como el amor, que convierten a cada encuentro sexual en la celebración de la “fiesta del amor” como le llamó López Aspitarte.

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La idea de la fiesta es muy buena, porque basta con imaginarse que llevamos a la casa bebidas, picaderas, buena música pero los invitados no son de nuestro agrado o confianza, ni el motivo del encuentro tiene relevancia para nosotros. No hay duda que podremos comer, beber, bailar, conversar pero no hemos celebrado nada, hemos satisfecho necesidades y compromisos y hasta puede habernos gustado lo realizado, contrario sería si en esa celebración con esos mismos ingredientes materiales tuviéramos un motivo y a las personas deseadas como acompañantes.

Esto suele suceder con las relaciones sexuales donde pueden haber encuentros de cuerpos, placer, orgasmos, como pasa en encuentros casuales que, para darle el toque pasional ,se recurre a estimulantes como el alcohol u otros, para sobredimensionar el placer y no nos damos cuenta que a la vez estamos enmascarando la ausencia de un elemento vinculante como el amor, que es más que acostarse.

Las relaciones sexuales llegan por lo general a orgasmos, se disfrutan biológicamente porque el sistema neuroendocrino se dispara, pero el sistema sentimental que acuna la pasión y el sentimiento está ausente. Es como una fiesta con buena bebida y comida pero ausente el motivo y quien motiva a la misma.

La idea final será ponernos como tarea el cómo convertir nuestra vida sexual en una eterna celebración festiva identificando previamente cuáles elementos deben estar incluidos en la fiesta de manera que el aburrimiento, la rutina, la monotonía, los temores no se arrastren hasta la cama y destruyan el goce que representa vivir una sexualidad adecuada.

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