Luego del divorcio… ¿Qué hago?

Un divorcio, sin lugar a dudas, implica un duelo. Los duelos ocurren por pérdida. Si es por muerte, se ha perdido a alguien querido y ese dolor arrastra sentimientos de que algo importante deja una huella, un vacío, una historia de haber vivido momentos buenos y malos, pero que juntos constituyen un episodio de la vida personal.

En el caso de divorcio, actúan como determinantes las causas intervinientes, es decir cuáles causas motivaron al divorcio, porque no es lo mismo “romper” por situaciones de poca monta, que otras dentro de un ambiente de irracionalidad que conduzcan un proceso que hayan dejado zanjas emocionales, imborrables, debido a que los hechos que habían acumulado eran de grandes dimensiones.

De ello dependerá cómo las partes se sientan en el post-divorcio y cómo se pregunten y se respondan en el después de… ¿Qué hago?

La simpleza del ciudadano de a pies como consejero no siempre es saludable, tiene la tendencia a responder “búscate otro, la calle está llena de otros, ese no es el único en el mundo” como si se tratara de llenar el cometido fatal de que “A rey muerto rey puesto”.

El “qué hago” tiene que venir después de la certeza de que ese proceso de parejas terminó, no solo en lo legal sino en la convicción de que fue la salida adecuada; debe venir después que se viva el duelo, que se llore la decisión y las consecuencias, que no siempre son fáciles.

Hay partes legales, como las disputas por materialidades, o tan trágicas como la custodia de los hijos, la manutención, el tipo de relación que deberán mantener después de, a veces la sentencia de un juez con agravantes que dañan, aunque el objetivo sea preservar a una de las partes involucradas.

“Qué hago” no puede ser referido directamente a cómo recompongo afectiva o sexualmente la vida, sino a cómo la persona tiene que organizarse para empezar solo o sola muchos caminos que antes caminó acompañada y que en lo adelante no lo será, por lo menos con la misma pareja.

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Los duelos a veces son largos o no se superan fácilmente y si bien es cierto que un hombro para llorar y una mano para apoyarse son bastones importantes, no es menos cierto que una consulta profesional es doblemente válido para llorar y para apoyarse, para entonces tener mayor claridad en el qué debe hacer después del divorcio.

Queda claro que un divorcio no es un juego en ningún momento de la vida, porque de quien una persona se divorcia es de alguien en quien en una etapa de su vida cifró esperanzas en base al amor de que construirían juntos un trayecto que en ese momento están rompiendo, no siempre en las mejores condiciones, sobre todo si en las causas hay terceros afectivos incluidos.

Aunque estas pautas ayudan en el discernimiento, no es menos cierto que un divorcio es una crisis, una tragedia y nunca queda claro en lo inmediato el qué hacer después de.

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