La violencia del silencio

silencioEste tema puede ser tratado desde distintos puntos, sin embargo, lo primero que me llega a la mente es el tema del feminicidio (asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género), como fenómeno social; y de pronto, pienso en cómo la mala comunicación, o la falta de comunicación en la vida de las parejas, puede ser parte de esta violencia. Una violencia generada por el silencio, pero el NO hablar de esto genera otro silencio y sigue habiendo más violencia.

Alguien me preguntaba si esto no existía antes, si es un fenómeno de la modernidad, o si hay algunos elementos que estén generando estas monstruosas situaciones. Nuestras páginas locales se nutren de noticias, con notas luctuosas, donde la sangre corrió por los cuerpos femeninos y, en algunos, acompañados de suicidios del asesino.

Ya no podemos decir que es fruto de la falta de educación o de escolaridad, muchas víctimas y victimarios son profesionales, de todas las clases sociales, por lo que tampoco es propio de la pobreza extrema. Se repite en muchos países de Latinoamérica, según estadísticas recientemente publicadas.

Los especialistas han buscado causas en los niveles de formación educativa, la extracción social, la procedencia de familias disfuncionales, la infidelidad, y no han podido encontrar una relación causal directa y exclusiva. Hay una violencia del silencio.

Las parejas no están resolviendo sus diferencias a través de la comunicación efectiva, porque NO somos educados en la comunicación afectiva. Los varones han sido reforzados en su machismo, sin una educación de sus afectos y sentimientos, se les ha enseñado la interiorización de su virilidad, la cual se expresa en el concepto de apropiación de la pareja, de propiedad privada y eterna, sin apelación, sin condiciones, y cuando el dialogo que aflora pone en riesgo este dominio emocional, se impone algún tipo de violencia que no necesariamente es la muerte y los golpes, aunque son los más frecuentes.

Como prueba o sello de legitimación, muchas veces el asesino se auto aplica el castigo del suicidio.

Hay una culpa social de muchos sectores que no han hecho su trabajo en el terreno de la educación afectiva, sobre todo en los varones, que han reforzado el concepto de propiedad, dado hasta por el acta de matrimonio que consigna a la “señora de…”, que modela a las orgullosas recién casadas que se presentan como “la señora de…”. O en latitudes como la norteamericana, donde la mujer no solo pierde su apellido, sino que incorpora el del marido. En ambos casos, son las estampas los sellos de propiedad.

Es el fruto de una conspiración del silencio que han tenido las instituciones sociales que tienen por tarea la educación de las nuevas generaciones, y lógicamente encuentran mejor caldo de cultivo en sectores bajos, donde hay pobreza, menos nivel educacional, no porque son los más vulnerables socialmente, sino porque hay más carencias en las bases que los sustentan.

Ha sido un silencio por mucho tiempo, ahora se cosechan las tempestades. En momentos en que la mujer se ha fortalecido en su capacidad de controlar su propia vida, ha crecido y ha puesto en riesgo el dominio machista; la única salida es la violencia, la demostración de la fuerza, el arrebato irracional por recuperar la propiedad perdida. Es una crisis generada en las bases del concepto de propiedad privada sobre la pareja, y una cultura de la imposición de la fuerza frente a la inexistencia del diálogo.

La palabra diálogo viene del latín, y se refiere a la oposición de dos discursos racionales para poder llegar a la verdad, una conversación entre dos en condiciones de iguales. Lo que vemos en el feminicidio es que al fallar la educación que debió ser dirigida a dos iguales, cada cual aporta sus recursos de validación y, al parecer, la fuerza se ha impuesto sobre la razón, el silencio ha predominado, porque se habla, pero no de la forma ideal. Se acumulan las energías, y como en la geología, esa energía sale por volcanes, por sismos, por exabruptos de la naturaleza. En este caso, es la naturaleza humana quien no supo dirigir sus fuerzas por la vía de la educación afectiva, y hoy nos coloca aterrorizados frente a la violencia del silencio.

Queremos transmitir los valores por la televisión y los demás medios de comunicación, y que bueno, pero esto es una sustitución; los valores se forman en espacios pequeños y, por largo tiempo, en la familia.

El cuento es largo y la violencia seguirá, porque existe el silencio.

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