La gran mentira del sexo

Careta grisQuizás el título de este tema debió llamarse “del sentimiento a la sensación” ya que intentamos revisar el giro histórico mediante el cual se ha dado un salto del corazón a la piel. No es que sea malo sentir, es que si el corazón no está involucrado algo anda mal.

Para que se pudiera saltar “del corazón a la piel” se tuvieron que hacer modificaciones sociales que aprobaran el sexo como una posibilidad de comunicación entre las personas, independientemente de sus afectos o sus vinculaciones. Del término “hacer el amor”, reconstruirlo, rediseñarlo, rearmarlo se pasó a “tener relaciones”.

Es una formulación gramatical pero que tiene un sustrato peligroso. El primero tiene raíces vinculantes, el segundo tiene pura biología y disfrute, lo cual no es malo, es riesgoso. No por las infecciones de transmisión sexual o sida porque para eso se promovió el condón, no por el embarazo indeseado porque para ello existen los métodos anticonceptivos, sino porque liberalizó y dio permiso para un sexo carnal muy descarnado. Para llegar ahí tuvo que cambiar publicitariamente a los actores y construir socialmente a un súper hombre y a una súper mujer.

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Se necesitó crear una relación dependiente donde el hombre se sintiera responsable de la conquista, de dirigir la aventura, de responder por su placer y el de su pareja y como consecuencia del fracaso de esta modalidad tuvieron que crearse las bebidas energizantes, las pastillas revitalizadoras que potencializan la erección. Hubo que hacer un macho a la fuerza.

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La mujer tuvo que definirse como insaciable para poder encontrarse con un macho dopado que refuerza su naturaleza proporcionada para hacerse desproporcionado y como contraparte a ella le toca, como acción extraordinaria, inducir la excitación masculina, provocarla y servir de recipiente.

Así el mercado se encargó de aportar las modas, las músicas, las letras, la publicidad y creó un súper macho que se entiende dueño de su cuerpo y del de sus parejas, a tal punto que cuando las relaciones terminan y estos no están de acuerdo viene el crimen o la violencia intrafamiliar.

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Como receta educativa estamos enseñando la educación del sexo y no de la sexualidad, una educación que refuerza el uso del condón, la píldora anticonceptiva, el potencializador sexual y ahora en fase experimental, las pastillas o cremas para aumentar el deseo y la pasión femenina. ¿Hasta dónde vamos a llegar? “Quien no está en esa onda está quedao”, se lanza un reto al ego humano donde cada vez son más altas las exigencias para poder estar en la moda.

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Las tecnologías ayudan a esta tarea con sexo virtual, conquistas por internet, pornografía digital y lo natural va perdiendo espacio a nombre de lo sexual.

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Aquello maravilloso que inicialmente se pensó solo como reproductivo, alcanzó como petición el placer y hoy reclama como derecho el ultraplacer. Lo que nació como expresión del amor y a lo que uno de los filósofos modernos pedía “cada día ponerle carnes nuevas” para romper la monotonía y hacerlo creativo e íntimo, es casi público y más un reto que un disfrute.

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Lo que antes era privado hoy se cuenta entre ellos y ellas para poder dar testimonio del deber cumplido. Lo que era una fantasía tallada con los sueños y las manos hoy se ha convertido en un peligro porque ya no sabemos ni hacia dónde vamos ni hasta dónde vamos a llegar.

Algo bueno, deseado y apetecido se ha convertido en falso y antinatural, se lo ha llevado la publicidad y la producción económica por caminos desviados y nos presenta una cara falsa, la del sexo que conocimos y aspiramos para las nuevas generaciones, como una gran mentira.

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