Usar pastillas anticonceptivas sin receta médica… ¿Puede causar algún problema?

Recetario rojo. Esta práctica es muy riesgosa, ya que todo medicamento tiene sus efectos secundarios no deseados, algunos de ellos podrían ser dañinos para la salud de la paciente, sobre todo si no se conocen las dosis convenientes.

Los anticonceptivos se encuentran dentro de los 10 medicamentos más vendidos sin receta médica, en la mayoría de los casos por recomendación de una amiga, quien refiere que «es muy bueno». Esta acción, habitual y cotidiana, se realiza sin saber un dato muy importante: «Cada método anticonceptivo tiene una paciente específica y de administrarse en la paciente equivocada podría afectar de manera negativa su salud».

Sangrados irregulares, cefaleas, náuseas, cambios en el estado de ánimo y exceso de líquido en los senos, son algunos de los malestares comunes que se pueden manifestar tras el consumo de cualquier anticonceptivo oral. En muchas mujeres es posible que no se manifiesten, en otras desaparecen de forma rápida, pero igualmente estos síntomas forman parte de los efectos no deseados, los cuales con una buena indicación, pueden evitarse.

Más de 100 millones de mujeres en el mundo usan anticonceptivos orales. Y la mayoría lo hace con la seguridad de que no les va a ocasionar daños a su salud. La OMS (Organización Mundial de la Salud), las Naciones Unidas, IPPF (International Planned Parenthood Federation), ministerios de salud de la mayoría de los países, recomiendan que el acceso a los anticonceptivos orales se haga a través de una primera consulta a un médico general o proveedor de salud capacitado, que identificará la presencia o no de factores y condiciones que supongan riesgos para la salud de la mujer si usa anticonceptivos orales. Las mujeres con factores de riesgo son las que deben ser vistas por un especialista. Las que no tengan factores de riesgo podrán utilizar los anticonceptivos orales con seguridad por el tiempo que consideren, sin la necesidad de una consulta médica cada mes. Se sugieren chequeos anuales, los cuales se aprovecharán además para realizar toma de Papanicolaou y examen mamario. Existen guías prácticas estructuradas que facilitan identificar a las mujeres con riesgos.

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La paciente siempre debe seleccionar el método anticonceptivo que más le convenga. Desde 1996 la OMS puso a disposición de los profesionales de la salud y de la población en general, los llamados «Criterios médicos de elegibilidad» para el uso de todos los métodos anticonceptivos, con la finalidad de facilitar el acceso por la población general. Los anticonceptivos orales se consideran un método no clínico, es decir que su uso no depende del médico. Sin embargo, es el especialista quien está facultado para recomendar las posibles opciones terapéuticas y al mismo tiempo educar a la paciente sobre por qué se le está recomendando ese método en particular.

Al momento de la entrevista a la paciente, para el ginecólogo es de suma importancia conocer los antecedentes familiares (infartos, trombosis, derrames); si la paciente es fumadora, si es hipertensa, si es diabética, qué tipo de vida lleva, qué peso tiene, entre muchas otras cosas; ya que estos son otros factores que entrarán dentro de los criterios de selección del método ideal.

Otro aspecto de importancia al elegir un método anticonceptivo es el historial de los medicamentos que usa la paciente; existen medicamentos que disminuyen el efecto anticonceptivo permitiendo que la paciente, aun tomándose la píldora estrictamente, quede embarazada.

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Las opciones cuando se habla de anticoncepción son muchas. No hay un método absoluto y perfecto que pueda recomendarse a todas las mujeres, con la misma efectividad y sin efectos secundarios. Hay combinaciones de hormonas que se acoplan a cada paciente y permiten que ésta lleve una vida sexual plena, sin embarazos y que al mismo tiempo no perjudique su salud.

Es recomendable siempre antes de iniciar un método anticonceptivo realizarse una evaluación médica completa, para así elegir una opción segura y eficaz, que minimice las posibilidades de tener efectos colaterales no deseados o perjudiciales.

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