Relación de pareja: ¿Por qué algunas funcionan y otras NO?

Las relaciones afectivas entre dos seres humanos suponen una serie de factores y situaciones que serán diferentes de acuerdo a la personalidad, el carácter y los valores de cada uno, y se enmarcarán en lo social o en lo familiar.

Puede ocurrir que del proceso de enamoramiento pasemos bruscamente al desengaño cuando vemos que la otra persona no corresponde o no se enamora igual que nosotros, o en otras palabras, no nos hacen caso.

Pasamos entonces por un proceso de duelo de algo que no llegamos nunca a tener, es una frecuente crisis existencial, algunas personas en ese momento se deprimen por un tiempo e incluso se hacen las preguntas: ¿Qué es lo que tengo? ¿Por qué no le atraigo? ¿Soy feo o fea? ¿Es mi cuerpo o mi cara?

Incluso algunas personas llegan a alejarse por un tiempo de las actividades sociales, otras permanecen ilusionadas y con la esperanza de que esa persona se va a enamorar y les va a hacer caso en algún momento. Existen otras personas más lógicas y centradas que, ante la decepción, se recuperan rápidamente.

¿Por qué nos enamoramos?

Desde la Psicología social se han barajado tres hipótesis principales:

Hipótesis evolutiva. Nos enamoramos para poder perpetuar la especie. El amor estaría al servicio de esta necesidad, por lo que buscamos pareja, la retenemos, procreamos y cuidamos la prole. En la misma línea evolutiva, otros autores dicen que se producen cambios químicos en el organismo.

Hipótesis social. Según los sicólogos Hatfiled y Walster, para que se produzca el amor tienen que ocurrir tres condiciones:

  • La persona aprende, en la sociedad en la que nace, que el amor es una respuesta apropiada.
  • Se produce un estado emocional relacionado con esa persona.
  • Aparece en su vida una persona que reúne las características para ser objeto de su amor.

Desde otra perspectiva, la psicóloga norteamericana K. Horney sostiene que nos enamoramos para superar el sentimiento de soledad que tenemos. Nos sabemos solos, pero necesitamos estar acompañados, protegidos de la hostilidad del mundo, seguros y apoyados en nuestro caminar por la vida.

Muchas personas entran a formar parte de un grupo religioso, político o social por las mismas razones. Sin embargo, según esta autora, la pareja es la forma de grupo que más ventajas nos ofrece. Además, el estar en pareja nos da cierto reconocimiento y aprobación social, por lo que algunas personas se enamoran de otras que están muy reconocidas y valoradas socialmente.

Sin embargo, soy partidario del enfoque de la teoría triangular del amor, del psicólogo norteamericano Robert Sternberg, catedrático de la Universidad de Yale, quien considera que el amor se compone de tres elementos básicos:

  • La Intimidad: sentimiento básico que produce cercanía, unión y afecto.
  • La pasión: sentimiento que se expresa a través de un estado de excitación mental y física por el deseo hacia la persona amada.
  • El compromiso: decisión que tomamos de querer a esa persona a lo largo de la vida, propiciando una unión a pesar de las adversidades.
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La suma de estos tres componentes es el tipo de amor ideal que todos esperamos tener en la vida.

¿Las relaciones hoy en día son más frágiles que antes?

Definitivamente NO. Lo que las relaciones de hoy tienen, que las de antes no tenían, es un fuerte componente individual que les permite tomar fácilmente las decisiones sobre sus vidas.

El que las parejas de antes duraran más tiempo juntas no significa que eran mejores parejas o que se amaban más, lo que tenían más fuerte era el nivel de compromiso que mantenía el vínculo. Hoy las parejas tienen el permiso social de poder rehacer sus vidas e intentar una relación nueva que le devuelva su dignidad como ser humano.

Igualmente debemos mencionar el hecho de que la mujer, en épocas anteriores, no tenía ni las capacidades, ni los niveles de autoestima, ni la preparación laboral e intelectual para decidir si la relación le convenía o no, porque todo esto se le negaba o dificultaba en una sociedad machista, donde no había igualdad de derechos.

En cambio, hoy tenemos una mujer que no solo es la esposa del que lleva el dinero a la casa, sino que ella también lo lleva y en algunos casos más que su compañero, con la capacidad de tomar las riendas su vida y su proyecto, sin necesidad de estar sometida a su pareja.

NO es cierto que estamos frente a relaciones más frágiles, estamos frente a relaciones con componentes más conscientes de sus propias valías y posibilidades, lo que hace que el reclamo de lo justo o lo merecido sea cada vez más frecuente.

Hoy la relación de pareja exige entrega total a la relación y a la vida de pareja, e incluye lo emocional y afectivo, el respeto a la dignidad e individualidad del otro, la fidelidad compartida, el trato digno y el emprender proyectos de vida conjuntos. Las parejas de hoy necesitan vivir el apoyo mutuo y el respeto como iguales dentro de un núcleo donde prevalezca el amor.

¿Por qué muchas relaciones de años, fracasan inmediatamente se casan?

Las razones para el fracaso en este tipo de parejas no suele ser el cansancio, como muchos pueden llegar a pensar.

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Este tipo de parejas con largos años de noviazgo pueden fracasar porque el compromiso nunca ha existido y se llega a la unión forzados por las circunstancias, por el hecho social de que hay que casarse, por que las familias y amigos lo empujan a tomar esta decisión que inconscientemente no querían o buscaban.

Su amor se nutría solo de pasión e intimidad, además no existía la necesidad del compromiso mutuo de enfrentar la vida, así que cuando deciden unirse muchas de estas personas o parejas no resisten las grandes cargas que comprende una vida juntos.

Cuando una relación de este tipo, que se alimentaba de la pasión, deciden compartir la vida juntos, les llega la desagradable sensación de que la pasión es lo primero que se muere en una relación que no se retroalimenta emocionalmente. Es por eso que es tan importante el compromiso consciente de amar al otro y asumir una vida en conjunto que incluya lo bueno y lo malo.

¿Por qué muchas personas deciden no casarse o formalizar una relación?

Existe un tipo de personas que van de relación en relación y no formalizan nunca. Esta persona, hombre o mujer, se convierte en una adicta a la sensación del enamoramiento con toda la carga de emociones que los neurotransmisores cerebrales producen, sensaciones maravillosas que estas personas desean vivir.

Por tanto, cuando la etapa del enamoramiento termina para pasar a un amor más centrado, rompen la relación para vivir de nuevo las emociones que sentimos cuando nos enamoramos, son adictos de las drogas de la pasión y del amor que nuestro cerebro produce en ese momento de nuestras vidas.

La etapa del enamoramiento o etapa romántica tiene una duración muy variable, en algunas personas el sentimiento se va rápido, pero en otras suele durar mucho tiempo, los estudiosos del tema opinan que suele durar entre dos meses y dos años.

También existen muchas relaciones de pareja que se llevan bien, se comprenden mutuamente, se desean y dan rienda suelta a su pasión, pero les falta un componente importantísimo que es el que hace que la unión o el matrimonio ocurra, es la intención cerebral y voluntaria del compromiso.

Este tipo de relación o noviazgo puede durar muchos años, 8, 10 ó 12 años, y luego la relación termina; los que están fuera de la relación se quedan en shock y sobre todo cuando meses más tarde uno de los dos miembros de la pareja se casa con otra persona.

La razón es que llega alguien en su vida que sí quiere hacer el compromiso y, aunque esta nueva relación no tenga toda la pasión e intimidad de la anterior, sí esta decidida a hacer el compromiso.

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¿Cuál es la clave para que una relación funcione?

NO existen pócimas mágicas ni los insufribles finales de los cuentos de hadas: “y vivieron felices por siempre”. Hacer que una relación funcione necesita de la decisión cerebral de que así sea.

Es una suma grande de esfuerzos por compartir una vida con alguien que trae una cantidad de equipaje vivencial, familiar, relacionar y emocional diferente al nuestro, lleno de costumbres que hay que encajar con las nuestras, donde cada uno tratará inconscientemente de dominar un espacio y marcar su territorio.

Evidentemente se necesita querer o amar mucho al otro para entender las diferencias y buscar similitudes que nos acerquen para poder vivir la felicidad de amar. Debemos valorarnos mutuamente y respetar nuestras diferencias, para que una pareja triunfe debe compartir en justicia las graves responsabilidades de establecer un hogar.

Los matrimonios felices se basan en la capacidad de cada uno para satisfacer las necesidades del otro, ya lo decía Paul Claudel, un famoso escritor francés: “La señal de que NO amamos a alguien es que NO le damos todo lo mejor que hay en nosotros”.

El amar es dar, dar afectos, dar ternuras, llenar de solidaridad y admiración a la pareja, es entender que mi relación va a crecer en la medida en que yo NO la destruya, en que ese ser maravilloso al que yo prometí amar y respetar, es reconocer que lo escogimos porque quisimos, y que decidimos que ese era el ser especial para vivir una vida, pero todo esto tiene y debe ser recíproco.

Para que el fuego permanezca vivo, se deben tocar, abrazar, besar, las parejas tienen que seguirse enamorando para que el amor se mantenga, porque el amor no se muere, “lo matamos”, lo matamos maltratando emocional, física y verbalmente.

Para que una relación de pareja dure para siempre se debe poner un gran esfuerzo personal y emocional de cada uno de los miembros de la pareja, deben compartir los momentos felices y los tristes, deben apoyarse en la adversidad e impulsarse mutuamente para alcanzar el éxito.

Deben aprender a enfrentar las adversidades juntos y apostar a la felicidad compartida, aprender a valorar al otro y seguir soñando y construyendo un futuro juntos, una relación de amor que perdure se nutre de presencia, se nutre de afectos, de sentido del humor y del deseo maravilloso que les lleva a disfrutar los encuentros pasionales donde se vive el estallido del amor.

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