¿Qué significa que una mujer es frígida?

Anteriormente, se entendía como “mujer frígida” a toda mujer incapaz de sentir placer sexual, sin tomar en cuenta si era estimulada adecuadamente por su pareja, porque se presumía que la mujer respondía igual que el hombre ante la experiencia de una relación sexual.

En este sentido, las “mujeres frígidas” eran catalogadas con este tipo de calificativos, en la mayoría de los casos, para culpar a la mujer de la incapacidad de sus compañeros de estimularlas adecuadamente para llegar al orgasmo.

Hasta hace relativamente poco (30 o 40 años), el goce sexual de la mujer no era tomado en cuenta como necesario. Sin embargo, varios sucesos sociales fueron modificando esta idea:

  • La Segunda Guerra Mundial, que causó que muchas mujeres salieran de su ámbito privado para pasar a ocupar lugares de trabajo, hasta ese momento restringidos a los hombres.
  • El desarrollo del feminismo, como búsqueda de reconocimiento social del lugar de las mujeres.
  • El descubrimiento de la penicilina, que permitió curar las infecciones que hasta ese momento llevaban a la muerte, entre ellas las infecciones transmisibles sexualmente.
  • El descubrimiento de la pastilla anticonceptiva, que le permitió a la mujer hacerse dueña de su cuerpo y de su decisión de procrear.

En un contexto social, muchas mujeres pasaron a ser catalogadas como «frígidas» por sus dificultades sexuales. Más allá del significado, «frigidez» resulta ser una palabra francamente desagradable, que tiene una connotación humillante, especialmente cuando popularmente es utilizada como un insulto.

Tradicionalmente, se consideró que una mujer frígida era una mujer fría, sin capacidad de goce, lo que causó que por extensión, las mujeres que no lograban el orgasmo también fueran catalogadas como frígidas, aunque pudieran sentir deseo y excitación.

Actualmente, aunque los temas sexuales sean tratados con mayor naturalidad, el término «frígida» sigue resonando, con gran peso, en el medio social.

En el ámbito de la sexología, “frigidez” ya no es utilizado, porque es un término impreciso, que tiene connotaciones negativas. Además, ya se ha entendido, a través de muchas investigaciones, las diferencias entre el hombre y la mujer en relación a la forma de responder a los diferentes estímulos al momento del acto sexual, por lo que hoy día existen diferentes clasificaciones diagnósticas, que explican mejor esta ausencia anormal de deseo o goce sexual o disfunción sexual.

Las disfunciones sexuales abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada. Según los casos, se trata de una falta de interés, una imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta física necesaria para una interacción sexual efectiva (por ejemplo, erección) o una incapacidad para controlar o sentir un orgasmo.

Algunos tipos de disfunción se presentan tanto en hombres como en mujeres, como la falta de deseo sexual. No obstante, las mujeres tienden a presentar con mayor frecuencia quejas sobre la calidad de la experiencia sexual (por ejemplo, el que no sea placentera o interesante), en lugar de fracasos en una respuesta específica.

La queja de disfunción orgásmica no es rara, pero es necesario tener en cuenta que cuando un aspecto de la respuesta sexual femenina se ve afectado, es muy posible que haya otros que estén también deteriorados. Por ejemplo, si una mujer es incapaz de sentir orgasmos, es frecuente que tampoco disfrute otros aspectos del juego amoroso y pierda también gran parte de su apetito sexual.

Los hombres, por el contrario, cuando se quejan de un fracaso en una respuesta específica, tal como la obtención de erección o eyaculación, suelen referir que a pesar de estos fracasos, su apetito sexual persiste. Por lo tanto, antes de hacer un diagnóstico, es necesario explorar detenidamente cada trastorno, sin detenerse únicamente en el síntoma que motiva la consulta.

Algunas condiciones que pueden causar disfunciones son:

  • Enfermedades como la diabetes, la esclerosis en placas, las enfermedades neurológicas, las enfermedades endocrinas, así como los trastornos de la glándula tiroides.
  • Algunos medicamentos, como los antidepresivos y otros somníferos, porque pueden inhibir las sensaciones y provocar una fuerte disminución del deseo sexual.
  • La depresión y el agotamiento.
  • La falta de conocimiento sobre el funcionamiento y la respuesta sexual propia y de la pareja.
  • Los problemas en la relación de pareja, como una convivencia de poca armonía y conflictiva.

La mejor recomendación ante cualquier caso de disfunción sexual es visitar a cualquier especialista de la sexualidad humana.

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