Estar interesados por el sexo es algo común en todo ser humano; desde el nacimiento hasta la muerte somos seres sexuales. Como bien señaló el magistral sociólogo y profesor Edward O. Laumann: “La salud sexual constituye una parte muy importante de la calidad de vida”.
Tener interés sexual representa tener un sinnúmero de comportamientos internos que corresponden a la satisfacción de la necesidad y del deseo sexual. Desde niños, cuando empezamos a percibir el mundo, iniciamos nuestro aprendizaje conociendo nuestro cuerpo; comenzamos a curiosear estableciendo cuáles son las diferencias en el cuerpo de mamá y papá. Luego, al llegar a la adolescencia, afloran más cuestionamientos y despierta el interés sexual con mayor sensibilidad hacia el otro sexo, así como el deseo de vivir nuevas sensaciones físicas y afectivas. El interés es mucho mayor por la sexualidad, llegando finalmente a la adultez, donde podemos experimentar una vida sexual plena de deleite y disfrute.
Todo lo señalado anteriormente es lo normal y adecuado. Lo anormal ocurre cuando las personas se “enfocan” en lo morboso para poder tener una reacción o desenvolvimiento sexual de cualquier tipo, sintiéndose atraídos constantemente por lo desagradable, lo cruel o lo prohibido.
Este comportamiento se va desarrollando partiendo de una sexualidad inadecuada, que viene desde la adolescencia, cuando ese joven o esa joven no encuentran una persona de autoridad y dirección que le pueda aclarar las dudas, preguntas e incertidumbres que le surgen en esa etapa de su desarrollo psicosexual, pasando entonces, gran parte de las veces, a situarse en posiciones un tanto disfuncionales mentalmente. Estas personas distorsionan lo que es el interés sexual sano y lo traspasan al plano morboso, enfocándose solamente en lo prohibido, lo difícil y lo sexy.
Es importante entender que se debe vivir una sexualidad sana, sin llegar a extralimitarse en aspectos, situaciones o circunstancias desagradables que no sean aptas ni convenientes para uno mismo y para los demás. Debemos determinar cuándo estamos traspasando los límites culturales, morales y sociales, y darnos cuenta que lo hemos cruzado al margen de la salud emocional y sexual.


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